TVR y el collar de melones

El bruerismo festejó el año de administración comunal con el mayor papelón de los últimos tiempos en el Concejo Deliberante. Allí en el recinto, en plena sesión, los ediles del oficialismo elevaron la incoherencia hasta los altares, en una prueba cabal de fidelidad kirchne-rista.
Para que quede claro: el bruerismo votó en contra un proyecto presentado por el fundador del bruerismo. Es decir, Pablo Bruera. Y también por una de sus manos derechas, el secretario de Gestión Pública, Jorge Campanaro.

El intendente antes fue concejal. Desde su banca ejerció la presidencia del bloque alakista, fue un defensor a ultranza del vigente sistema de transporte (el impresentable SUT), avaló la concesión del servicio de recolección de residuos a la misma empresa (la UTE Esur-Covelia) que ahora cuestiona y también presentó varios proyectos de su autoría. Uno de ellos, del 9 de marzo de 1998, propone fa-cultades al Ejecutivo para convocar a una consulta popular y así elegir los delegados de los centros comunales. En la sesión del jueves se estaba tratando una iniciativa de un edil oficialista para elegir en forma directa (a dedo) los delegados. Esto es, un cambio radical.

El bruerismo desaprobó la moción del concejal Oscar Vaudagna, que había desempolvado el expediente de Bruera junto a otro de autoría de Campanaro (del 11 de abril de 2000), a través del que pretendía dotar de presupuesto propio a los centros comunales, y así descentralizarlos del Ejecutivo.

Vaudagna con su meditada idea le hizo pasar el mayor calor del año a todos los ediles del oficialismo, quienes absortos y desorientados nunca pudieron salir del papelón. Botón de muestra: se quedaron sin respuesta. Luego vinieron las descalificaciones de la titular del bloque oficialista, Susana Gordillo, pero siempre corriendo el eje de la discusión. Como ya es habitual. Reza un sabio principio: quien no tiene razón, descalifica a su interlocutor; elude la cuestión central.

Nada es gratis ni casual para el bruerismo, que ha demostrado un pavoroso desmanejo del cuerpo, desde Gordillo al presidente del mismo, Javier Pachiarotti. Vaudagna le está haciendo cobrar todas las boletas por la decisión de bajarlo de la elección interna por el PJ local, que finalmente quedó en manos de Bruera.

Al mismo tiempo que el oficialismo bajó a Vaudagna de esa contienda electoral, lo subió al ring que más le gusta y en el que más sufre el intendente: el de la confrontación y la rea-lidad.

La oposición peronista no kirchne-rista promete ser la principal piedra en el zapato de la administración comunal el año próximo. Vaudagna ya cruzó de vereda, mientras que Gonzalo Atanasof acumula voluntades detrás de su figura para posicionarse en el 2009 electoral. ¿Habrá un acuerdo entre ellos?

La gente más pensante que rodea al jefe comunal, como su secretario ge-neral Mario Rodríguez, no sabe cómo hacer para bajar al intendente del barco kirchnerista que parece guiado a la derrota en las legislativas venideras.

El miércoles, el matrimonio presidencial encabezará el acto en el Teatro Argentino de nuestra ciudad para lanzar la Convergencia, una co-rriente pseudo-plural, remake de la sepultada Concertación Plural con el radicalismo. La figura más importante que se anuncia para este encuentro es el gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, un UCR converso. Bruera estará en la ceremonia, y seguramente Cristina le pedirá nuevamente una foto. Aunque parezca mentira es así: Bruera mide mejor que la Presidenta en su ciudad.

Esa instantánea le suma poco y nada al jefe comunal. En su escuálido gabinete político le han pedido que alambre la ciudad, que se mantenga ajeno de la agenda nacional y básicamente del kirchnerismo. Para ello tendrá que hacer un peligroso equilibrio.

“Para descolgarse el collar de me-lones de los K, Bruera se tendrá que sacar de encima a muchas personas que lo rodean y sostienen”, leyó en la semana un hombre que transita con asiduidad los pasillos del Palacio de calle 12.

A nivel de segundas líneas ya tiraron algunos lazos comunicantes con el felipismo, para tantear un poco el terreno. Solá hoy aparece convocante para muchos intendentes. Pero Bruera sabe que precisa de la soga económica de la Nación para sacarle algo de brillo a su gestión.

El bruerismo quiere que Gabriel, uno de los hermanos del intendente, sea candidato a diputado el año pró-ximo por la Octava sección. Busca traccionar votos con el peso del ape-llido, como también pretende Kirchner que Pepe Scioli, hermano del gobernador, se meta en la nómina de legisladores nacionales.

Hay muchos nombres para esa lista en La Plata. En el mejor de los escenarios, ingresarán cuatro de los seis lugares que se pondrán en juego. Hoy muy pocos sueñan con un triunfo del kirchnerismo en la capital bonae-rense. Bruera es kirchnerista. De aquí el problema.

La oposición no peronista, básicamente la Coalición Cívica y la UCR, espera ver cómo derraman los acuerdos a nivel provincial. En rigor de verdad, la CC ya tiene decidido no abrir las listas a los radicales orgánicos, pero la presentación de una Lista 3 autónoma en la ciudad, con el mismo candidato arriba, puede ser funesto para las aspiraciones de triunfo del armado de Lilita Carrió y Margarita Stolbizer.

Oscar Negrelli, jefe de la CC platense en el Concejo, es actualmente el número puesto para la lista de diputados. Falta mucho por conversar para definir quiénes integrarán los casilleros de la nómina para el Concejo.

A nivel bonaerense, prácticamente se descarta el acuerdo entre la UCR, la CC y el cobismo. De hecho, Cobos y Margarita ya se pusieron de acuerdo, Lilita dio el aval y durante esta se-mana se podrían sacar la foto la titular del GEN y Daniel Salvador, presidente del radicalismo bonaerense.

Pero esta posible alianza liberará a cada distrito para negociar de acuerdo a su conveniencia. Donde mejor esté la Coalición, definirá la Coalición y así.

El año político se cierra. Fue el primero de Bruera al frente del Municipio y uno más para ratificar otro popular principio: ningún dirigente resiste un archivo. El intendente no es la excepción.

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