Colgado de un hilo.

COPA LIBERTADORES / RIVER 0 - NACIONAL 0: El Millonario no supo cómo ganar y tiene que sumar los seis que quedan para seguir. Sin convicciones sólidas, sin juego ni potencia ofensiva, casi lo elimina Nacional.
Afuera o casi afuera de la Copa y del arco. Afuera del circuito de juego. Afuera de cada jugada dividida. River no sabe ganar y entonces cuánto importa si depende de sí mismo. ¿Cuál es la señal de esperanza para pensar que va a sumar de a tres en el futuro lo que en el pasado no supo? Y si le quedó un hilo para seguir colgado a la ilusión de la Libertadores, fue sólo porque Nacional no lo dejó caer al vacío cuando tuvo varias chances en el final

En el fútbol no alcanza con la actitud o la declarada intención de pasar por arriba al rival. Hace ya varios partidos en los que se la pasa pensando qué hubiese ocurrido si ésa entraba, si ésa no daba en el palo, si... Por momentos se transforma en un hipotético ganador, pero a la larga termina penando y rogando porque el toque uruguayo muera sólo en toque.

No habían pasado diez minutos y el primer control de pelota que había mostrado Nacional parecía diluirse. Un correctísimo Sambueza por afuera, buscando el mano a mano, provocando varios tiros libres, apuntaba para socio ideal de Gallardo. Barrado, con su estilo, también se anotaba como un buen aporte para el Muñeco. El gran problema es que River necesita a otro Gallardo. Aplausos para la jugada de gol que metió para Falcao en el primer tiempo o ese derechazo fantasista que dio en el travesaño en el segundo. Pero cayó en la misma trampa que en el partido en Uruguay. Morales y Arismendi le cercaron el medio. Recostado por izquierda pareció revivir, pero al no tener un segundo (leáse Buonanotte) para compartir la creación, ocurre finalmente que el equipo no tiene juego. Y si encima los dos delanteros dejaron su peso en la Eliminatoria o en Tandil, no se puede ganar.

River no supo meterla ni siquiera cuando tuvo cuatro oportunidades en la misma jugada. Y entonces se hace difícil echarle la culpa sólo a la suerte o al buen trabajo de un arquero. En definitiva, no cambia el concepto general. Ahumada puede multiplicarse, ponerle actitud y sostener lo insostenible. Pero no es el jugador, por puesto y característica, que gana un partido. O al menos, provocar ese efecto en el equipo. Sumando y sumando delanteros, la tan criticada fórmula Simeone terminó como la mayoría de las veces: mal y sin orden. Justamente lo que les sobró a los uruguayos. Los números lo mantienen con vida. Pero si no sabe ganar, el hilo se cortará rápido.

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