Colectivos en mal estado: historia de nunca acabar en la capital de Jujuy

Aunque los funcionarios municipales están convencidos de las mejoras del servicio de transporte público de pasajeros, la realidad muestra algo muy distinto: que las empresas –salvo honrosas excepciones- continúan ofreciendo precariedad e inseguridad a los usuarios.
El mal servicio del transporte urbano en la capital de Jujuy es una historia, al parecer, de nunca acabar. No hace falta andar mucho para ver unidades varadas por desperfectos técnicos y pasajeros sufriendo trasbordos forzosos y largas esperas para poder viajar.

Ayer, en la peligrosa intersección de la ruta 56 y la avenida Ascasubi, se quedó un colectivo de El Urbano, empresa que parece seguir los pasos de la odiada Noa Transport. Eran las 13, aproximadamente, hora en que existe un intenso tránsito por el lugar, cuando el ómnibus se detuvo justo al llegar al cruce. Entonces no solo dejó a la gente a pie sino que provocó serios trastornos en la circulación de otros vehículos.

Ayer también otro interno de la misma empresa se varó en la calle Patricias Argentinas, mientras que el martes temprano, un colectivo de Santa Ana se convirtió en una pesadilla en la misma calle, entre San Martín y Belgrano, donde quedó inmovilizado.

Otro dato ilustrativo de lo que sucede es que hay empresas, como El Urbano, que no expenden los boletos autorizados por el municipio, en una clara muestra de la indisciplina e ignorancia de la ley que campea en este servicio.

No hace falta andar mucho para ver en las paradas, durante los horarios pico, cómo los pasajeros ven pasar de tres a cuatros unidades hasta poder subirse a una, lo que representa demoras de no menos de media hora.

El explosivo crecimiento de la circulación de motovehículos, con el saldo dramático de accidentes que se ve todos los días en la ciudad, no solo es el resultado del bajo precio y las facilidades que ofrece el mercado para adquirir estos rodados. Es también consecuencia directa –y nadie lo dice- de un servicio público muy malo, tanto que induce a que miles de personas prefieran correr graves riesgos al mando de una moto que depender del ómnibus.

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