Los colectivos no cumplen con los horarios previstos

Un relevamiento por el centro y su zona de influencia verificó que las líneas modificaron notablemente sus frecuencias horarias en nombre del verano. Los usuarios se quejan y las empresas aseguran que la situación está prevista por contrato.
Faltan unos 25 minutos para las ocho de la mañana, y ya se percibe que el día será tan caluroso como los anteriores. Ni siquiera el viento, con sus arrebatos de furia, logra conmover a la masa de aire tibio que se desplaza lentamente por las calles céntricas, abriéndose paso entre automóviles, taxis y colectivos.

Aquellos que no están de vacaciones saben bien que la rutina laboral tiene un sabor agridulce en enero. Pero al menos queda la posibilidad de aprovechar las pequeñas ventajas que suele ofrecer el primer mes del año, como la disminución del tránsito, la menor cantidad de ruidos molestos, el uso de ropas más cómodas, e incluso --por qué no-- la posibilidad de cerrar la jornada con alguna escapada a clubes, parques, balcones o cualquier otro rincón que atesore un poco de brisa nocturna.

Claro que estas ventajas resultan escasas, casi insuficientes, para aquellos que todos los días deben hacer fila en las paradas de colectivos de la ciudad --en cualquier horario, desde el amanecer hasta pasada la medianoche--. Para ellos, la descontractura general que caracteriza a esta época del año tiene ciertos efectos secundarios no deseados.

Porque, al igual que en veranos anteriores, no sólo disminuye la cantidad de ómnibus disponibles en las calles, sino que también queda en evidencia la alteración en las frecuencias horarias, con intervalos excesivamente prolongados entre el paso de un colectivo y el siguiente.

Es tal la complicación que ocasiona este hábito de las empresas que muchos pasajeros se ven forzados a ejercitar toda clase de acrobacias horarias para llegar a tiempo a sus destinos. Siempre tratando de evitarse las interminables esperas, muchas veces bajo un clima extremadamente hostil o en zonas donde la inseguridad es ley.

Para comprobar cuánto se modificaron las condiciones de transporte urbano desde el inicio de la temporada estival, "La Nueva Provincia" salió a recorrer las paradas ubicadas en el micro y macrocentro, en busca de la opinión de los pasajeros respecto de un problema que preocupa y fastidia a muchos.

Argentino Alonso, vecino del barrio Mi Casita, espera un colectivo de la línea 500 desde hace casi 15 minutos, pero asegura que su desencuentro con el servicio de transporte público viene desde hace algunas semanas.

"Ahora en el verano (los colectivos) aflojaron. De esperar un cuarto de hora pasamos a unos 35 minutos. E incluso cortaron uno de los servicios, supongo que por el cierre de las escuelas. Mi problema es que me gusta llegar temprano al trabajo, y con estos cambios, me obligan a modificar mucho los hábitos. Y si me descuido, en una de esas llego tarde", se lamenta.

A pocas cuadras de ahí, sobre calle San Martín, Andrea es más categórica. "Siempre tengo media hora de espera con la 516. Y de noche, ni hablar, casi no hay colectivos funcionando. En mi caso tengo que salir bastante más temprano de casa, porque entro al trabajo a la misma hora que en el resto del año. Por lo visto, las empresas de colectivos no contemplan estos problemas", precisa, todavía sin saber cuánto tiempo le llevará regresar a Los Teritos.

Menos fastidiosa, Susana Monzón, sonríe resignada ante la consulta. "La frecuencia bajó muchísimo desde que empezaron las vacaciones. Viajo todos los días a Harding Green en la 507 y es una espera de media hora, como mínimo. Pero lo que más complica es que nunca sabés cuándo van a pasar porque no hay un esquema horario para consultar. Pero creo que ni ellos mismos (por las empresas) lo saben", ironiza.

En calle Sarmiento, Delia aguarda el paso de algún interno de la 514 dentro de un rectángulo de sombra, mientras calcula los minutos que restan hasta llegar a su casa en el barrio Noroeste. "Me mata que pasen tan pocos colectivos en esta época. Con estos horarios, muchas veces termino subiéndome a un taxi para llegar de una buena vez", dice.

"No se olviden de la 505, que pasa a las perdidas (sic)", avisa un joven de remera blanca, mientras se trepa a uno de los ómnibus que recorre Chiclana. Pero el colectivo acelera, llevándose sus reclamos a otra parte, y es entonces el turno de Ofelia, que busca en el horizonte inmediato la silueta de alguno de la línea 509.

"Como durante el resto del año, la frecuencia deja mucho que desear. En realidad lo que falla es el sistema general de los colectivos en Bahía Blanca. No entiendo por qué pasa esto, y me llama la atención que nunca se solucione".

Para esta vecina de Bella Vista es necesario que el servicio mejore porque "es el medio de transporte principal, casi el único, que tenemos la mayoría de los trabajadores. Y si no se entiende, entonces habría que armar un sistema alternativo, como en otras ciudades".

Plaza y Fournier, con

posturas coincidente.

Ante el creciente malestar de los pasajeros, portavoces del Grupo Plaza y Rastreador Fournier --las dos empresas que aglutinan el sistema de colectivos en la ciudad-- salieron a explicar las características que tienen sus respectivos servicios de verano.

El gerente operativo de Plaza en Bahía Blanca, Fernando Paredes, aseguró que la frecuencia del servicio de verano está estipulado en el contrato de concesión. "Durante los dos primeros meses del año hay una reducción de unidades en calle. En enero ronda el 30 por ciento, y alcanza un 20 por ciento durante febrero", señala.

"No es una postura caprichosa de la compañía, si se tiene en cuenta que, durante el mismo lapso, hay un 40 por ciento menos de usuarios en la ciudad. Es por eso que, de las 114 unidades que tiene la empresa, en este momento están circulando 80", detalló.

Sin embargo Paredes acepta las críticas de los pasajeros. "Son entendibles los reclamos de la gente. En ningún caso tendría que haber demoras de hasta 30 minutos, ya que el promedio pasa de los 13 minutos usuales a 19 durante estos meses", subraya.

Desde Fournier, el asesor de costos Adrián Saschrgorodsky, coincide con Paredes, al afirmar que la empresa también cumple con lo firmado al momento de la adjudicación del servicio. "En el caso del verano, tenemos una reducción del 30 por ciento en las frecuencias horarias, lo que es razonable, atendiendo a la merma de demanda que hay en este período".

Sin embargo, Saschrgorodsky explica que las condiciones generales del transporte público bahiense impiden cualquier mejora del servicio. "La situación económica es tan grave que, en el término de un año, nuestra empresa tiene una pérdida equivalente al valor de diez ómnibus cero kilómetro. Así es impensable cualquier mejora cuantitativa".

Comentá la nota