A un año del colapso, los cambios aún no llegaron a Wall Street

Las reformas que prometió el gobierno de Obama encuentran gran resistencia en el Congreso
NUEVA YORK.- Wall Street sigue vivo. Un año después del colapso de Lehman Brothers, la sorpresa no es lo mucho, sino lo poco que ha cambiado el mundo de las finanzas.

Gracias al respaldo de enormes garantías federales, los grandes bancos han puesto en marcha una reestructuración que no ha pasado de ser un maquillaje. En la industria financiera, el desempleo ha crecido apenas un 8 por ciento desde septiembre pasado. Sólo un puñado de los grandes fondos de riesgo ha cerrado. Los salarios del sector ya se acercan a los niveles anteriores a la crisis, encabezados por los 30.000 empleados de Goldman Sachs, cuyos ingresos promediarán este año los 700.000 dólares por cabeza.

Según un informe dado a conocer por J. P. Morgan Securities la semana pasada, es muy improbable que se produzcan recortes salariales de envergadura. Los ejecutivos de los principales bancos han conservado sus puestos. Y después de las fuertes bajas, el mercado de capitales se ha vuelto a disparar.

El gobierno de Barack Obama propuso cambios en la regulación, pero incluso quienes los apoyan dicen que es difícil que sean aprobados en el Congreso. Por ahora, los bancos siguen vendiendo y operando con opciones a futuro, a pesar del papel que desempeñaron en el caos del año pasado. Los cambios radicales, como los topes salariales y las restricciones al tamaño de los bancos, enfrentan una resistencia apabullante. Y hasta los cambios mínimos, como exigir a los bancos que revelen más información sobre su portfolio de opciones a futuro, están lejos de llegar a concretarse.

La quiebra de Lehman Brothers marcó el clímax del cataclismo que sacudió a la industria financiera, y se produjo el mismo fin de semana de la venta de Merril Lynch y del rescate de último minuto de la descomunal aseguradora AIG.

Durante los días subsiguientes, prácticamente todo el mundo parecía estar de acuerdo en que se imponía una reforma profunda de Wall Street. El modelo de "si no gano, me rescatan" no podía continuar. Sus días de salarios de 8 dígitos debían terminar.

Sin embargo, tanto los legisladores como los reguladores se han pasado la mayor parte del último año tratando de salvar a la industria financiera, y no de transformarla. En el corto plazo, han tenido éxito. El Citigroup y otros bancos en problemas han logrado evitar la quiebra, y la economía ha esquivado la depresión.

Pero los mismos inversores y economistas que predijeron (y en algunos casos sacaron provecho) el colapso dicen que el rescate ha tenido un costo extraordinario. Advierten que si no se solucionan los riesgos sistémicos de la industria financiera, podrían provocar una crisis aun mayor en apenas unos años, no décadas. La próxima vez, afirman, la solvencia del gobierno de Estados Unidos podría peligrar.

Simon Johnson, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y ex economista en jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), consideró que las semillas del próximo colapso ya han brotado. Si se permite que los grandes bancos sigan haciendo apuestas que en definitiva sólo están respaldadas por la garantía de los contribuyentes, volverán a las prácticas que los llevaron a suscribir billones de dólares de créditos incobrables, dijo Johnson.

"Correrán riesgos desmedidos, volverán a fracasar y la factura que nos llegará será gigantesca", predijo Johnson.

Esa visión apocalíptica está lejos de ser compartida por todos.

Los ejecutivos de Wall Street dicen que la quiebra de Lehman Brothers les abrió los ojos sobre la fragilidad de sus instituciones. Señalan que han reducido sus opciones de riesgo y el apalancamiento, lo que ha generado un mayor colchón contra eventuales pérdidas. Y afirman que los entes reguladores hicieron bien en apoyar a la industria financiera durante el año pasado, en lugar de imponerle nuevas reglas o permitir que los bancos más débiles colapsaran.

Oportunidad perdida

Pero hasta algunos ejecutivos de alto rango de Wall Street se muestran sorprendidos por la falta de cambios.

Robert J. Shiller, el profesor de economía de la Universidad de Yale que predijo el derrumbe de las "puntocom" y el estallido de la burbuja inmobiliaria, dijo que el tiempo para implementar los cambios se está agotando. "La gente acepta los cambios en momentos de crisis, pero no hemos logrado hacer demasiado y es probable que estemos cayendo nuevamente en la autocomplacencia," opinó Shiller. "Estamos perdiendo la oportunidad."

Kenneth C. Griffin, fundador y jefe ejecutivo de Citadel Investment Group, señaló que los reguladores y legisladores debieron imponer reglas que permitieran que los bancos en problemas cerraran, en vez de permitirles operar indefinidamente con el respaldo del dinero de los contribuyentes.

"Debemos cambiar las reglas y corregir las fallas estructurales del sistema financiero", afirmó.

Quienes critican al sector argumentan que si no se producen profundos cambios regulatorios, la reducción en la toma de riesgo será sólo temporaria. Nasim Nicholas Taleb, un operador y experto en estadística, viene afirmando desde hace años que la subestimación del riesgo por parte de las empresas financieras es crónica. Universia Investments, el fondo de 5000 millones de dólares del que es director, obtuvo el año pasado más de un 100% de ganancias apostando a la posibilidad de un colapso de los mercados. Taleb advierte que el sistema se ha vuelto aún más riesgoso. El amplio respaldo estatal que comenzó luego de la quiebra de Lehman hará presumir a los inversores que el gobierno siempre estará allí para impedir la quiebra de los grandes bancos, afirmó.

Los economistas llaman a este fenómeno "riesgo moral". Los banqueros tienen un término diferente: YMHI. La sigla implica que cuando el negocio sale mal, "Ya Me Habré Ido", no sin antes cobrar una considerable comisión por los servicios prestados.

A pesar de las predicciones del año pasado acerca de los recortes salariales en el sector, las bonificaciones y comisiones parecen estar aseguradas. Kian Abouhhossein, analista de la filial de Londres de J. P. Morgan, predijo esta semana que durante 2011 ocho de los principales bancos norteamericanos y europeos pagarían a los 141.000 empleados de sus oficinas de inversión un total de 77.000 millones de dólares -alrededor de 543.000 dólares por empleado, no muy lejos del pico registrado en 2007-, incluso si se introdujeran cambios menores en la regulación.

Para impedir una reedición de la crisis del año pasado, quienes invierten en instituciones financieras deben creer que si los bancos quiebran ellos perderán dinero, opinó Sheila C. Bair, directora de la Federal Deposit Insurance Corporation. "Hay que enviar una señal clara y fuerte para imponer disciplina a los mercados", dijo Blair.

Traducción de Jaime Arrambide

Más derechos para los detenidos

* WASHINGTON (AP).? Mientras el gobierno de Barack Obama revisa la política de detención de George W. Bush, The New York Times y The Washington Post revelaron ayer que el Pentágono inició un nuevo programa para que los centenares de detenidos en prisiones militares de Afganistán tengan, por primera vez, la oportunidad de cuestionar su encarcelamiento. Según las nuevas normas, a los presos en la base militar de Bagram se les asignarán militares de EE.UU. que se encargarán de reunir evidencias, a fin de tener la posibilidad de presentarse ante una Junta de Revisión de Detenidos para que estudie sus casos.

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