Codicia y necesidad política

Por: Ricardo Kirschbaum.

Entre la codicia y la historia, siempre triunfa la codicia salvo que ahora ésta es funcional a la necesidad política oficial.

La historia negra de la imprevisibilidad argentina con el mundo financiero, construida con verdades y mentiras, pero con un telón de fondo irrefutable como lo fue la crisis casi terminal del 2001-2002, es un antecedente en el prontuario nacional cada vez que se habla de crédito exterior.

El derrumbe internacional fue pedagógico para enseñar, sin grandes esfuerzos, que quienes dictaban las reglas, ponían condiciones y se quedaban con la parte del león, no eran criaturas sorprendidas en su buena fe, sino filibusteros que inventaban instrumentos financieros para aumentar al infinito la cuota de ganancia.

Simultáneamente, la irreductibilidad del gobierno argentino para atender a los hold outs se fue morigerando a medida de que las necesidades fiscales fueron aumentando. El impacto de la crisis, los problemas irresueltos con el campo, el incremento del gasto público a un ritmo acelerado, obligaron a este replanteo.

Esa urgencia se conectó con otra: Kirchner intentará fórmulas para seducir a una porción de la sociedad que se fue desencantando hasta llegar a la decepción más profunda.

Se ha propuesto, entonces, avanzar en cuestiones que hasta hace poco eran tabú: reestablecer una relación con el FMI y arreglar con el Club de París.

Arreglar con los bonistas es, entonces, un paso imprescindible para esa normalización.

El plan fue armado por tres bancos -Citibank, Deutsche Bank y Barclay- y el Gobierno lo aceptó.

¿Insistirá ahora Kirchner con el proyecto para gravar las actividades financieras o lo dejará congelado por un tiempo largo?

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