Cóctel para intendentes: cuidados de Scioli, señales de Duhalde y enojo K

Por: Eduardo Aulicino

Son muchos los intendentes peronistas, sobre todo del GBA, que siguen rumiando bronca con Néstor Kirchner. Se sienten maltratados por el ex presidente, a quien responsabilizan por la derrota electoral, hasta ahora en la intimidad: nadie quiere romper nada, pero nadie se queda quieto. Daniel Scioli se dedica en estos días a hablar con todos ellos, en un tejido que debe contemplar las necesidades políticas y financieras de la Provincia, y las de sus interlocutores. Conocedor de estos equilibrios y tensiones, también Eduardo Duhalde ha enviado señales, con cautela, mirando las cartas para el armado futuro del peronismo bonaerense.

Los jefes territoriales -según la difundida definición sobre el poder en esa escala- tienen una doble preocupación sobre el ex presidente, que mandó mensajes públicos y más o menos reservados de su malestar con los intendentes, a quienes les carga en buena medida una derrota que no asimila como responsabilidad propia. Y esas inquietudes tienen que ver con el largo camino hacia el 2011: en esas elecciones estarán en juego sus propios cargos.

En el corto plazo, el punto es cómo articular la realidad política poselectoral sin que esto afecte sus gestiones, muy ligadas, en materia de obras públicas y asistencia social, a la voluntad del poder nacional. La mayoría cree que el ciclo del ex presidente está agotado, pero quedan por delante más de dos años de gestión K y por ahora nada indica que se haya modificado el esquema de relación entre los Kirchner y los jefes comunales.

Este tema está en el centro de las conversaciones que vienen manteniendo los intendentes peronistas, más de ochenta en total, con Scioli desde el día siguiente a la caída en las elecciones. El mensaje del gobernador, reiterado, es que asumirá algo así como un "papel de garante" -en palabras de sus allegados- para que no se frenen las obras con financiamiento nacional. Dicho de otra manera, afirma que intervendrá personalmente para evitar castigos políticos.

Scioli y el vicegobernador, Alberto Balestrini, están caminando juntos en este rearmado del peronismo provincial, cuya traducción sugiere la idea de una construcción que no vaya contra Kirchner, pero sí, sin Kirchner. Parece difícil, claro, que el ex presidente sea indiferente a ese esquema, más allá de sus críticas a la "vieja política" y de una imaginada recreación de la "transversalidad", habida cuenta además de que algunos de los posibles socios no hacen otra cosa que tomar distancia del kirchnerismo.

Hay gestos, además de palabras, en todo este entramado. Vale una muestra, que refiere a la designación de Julio Alak como ministro de Justicia. Alak es rival directo de Pablo Bruera, quien lo destronó en la intendencia de La Plata. En códigos de la interna, se interpretó que esa designación fue un "castigo" al intendente. Scioli, destacan los suyos, visitó a Bruera el mismo día en que Alak asumía como integrante del gabinete nacional.

En tren de dar señales, también Duhalde ha enviado las suyas a varios intendentes, de manera directa o por intermedio de dirigentes cercanos. "Se está moviendo con mucho cuidado", dicen allegados al ex presidente, aunque resulta claro que ningún gesto suyo es considerado inocente, ni en Olivos ni en La Plata.

Los "cuidados" son explicados de dos maneras. La primera dice que Duhalde no quiere generarle problemas a ningún intendente en sus ya afectadas relaciones con el Gobierno. La segunda tiene que ver con los cuidados de su propia imagen: "La gente no está para tolerar roscas internas. Las preocupaciones pasan por la economía, la inflación, la inseguridad", dicen.

De todos modos, nadie deja de pensar en el 2011. Scioli quiere estar sentado frente a la mesa que defina las candidaturas del peronismo, a pesar del golpe de la última elección. Duhalde busca su lugar en el rearmado del PJ. Y Kirchner sigue atado a su lógica de poder, cerrado sobre su propio círculo, como si el domingo 28 no demandara revisión alguna en estos días y a futuro.

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