Un cóctel explosivo que acecha a Cristina

Por Martín Dinatale

No hay peor cóctel para un gobernante que el apremio electoral y los problemas de caja. Es lo que padece hoy Cristina Kirchner: las protestas del campo son apenas la punta de lanza de un fuerte malestar social que crece al compás de la crisis económica y de la cercanía de las elecciones.

Néstor Kirchner sigue negando esta realidad y la minimiza. Pensó que los blandos anuncios para el campo iban a calmar los ánimos. No pudo. Con la sequía a cuestas, los ruralistas esperaban una baja de retenciones o la liberación de exportaciones de trigo y carne.

Hasta sus soldados se le escapan a Kirchner. El gobernador bonaerense Daniel Scioli, que sometió su gestión a una suerte de "conurbanización" ya que casi no puede ir al interior provincial, ayer dio el salto que no se animó a dar el año pasado. Molesto por la presión de la Casa Rosada, que no lo deja declarar la emergencia agropecuaria por la sequía, como sí lo hicieron otras provincias, dijo que "esta vez el campo tiene la razón".

Al parecer, el ministro de Asuntos Agrarios, Emilio Monzó, un ex militante de la Ucedé con buena llegada a las asociaciones del campo, tuvo mucha influencia en el giro de Scioli. Además, hay 19 municipios con emergencia agropecuaria y a muchos no le llegan suficientes fondos de la Nación.

Pero las palabras de Scioli esconden mucho más: son la cristalización de que algo se empezó a resquebrajar en el PJ y que marcará tendencia en las urnas. El quiebre está acompañado por figuras relacionadas con el campo que tienen un alto potencial electoral como Reutemann y Solá en el PJ, o De Angeli y Buzzi, afuera del peronismo.

Una ministra y un destacado funcionario le acercaron a Kirchner una propuesta de negociación con el campo. Son dos personas que tienen buen diálogo con el presidente de CRA, Mario Llambías. Kirchner escuchó, pero no dio las garantías de sostener una mesa de diálogo más racional y certera que la que proponen Moreno o De Vido.

La inflexibilidad del Gobierno con el campo ya no parece un capricho ideológico. Detrás se enconde un problema de caja: la necesidad de tener dinero seguro para afrontar los pagos de la deuda pendientes para este año.

Pero el Gobierno teme que a la protesta del campo se sume el ciudadano común molesto por el aumento de tarifas o los bajos salarios. Algo de esto se vio ayer: los obreros de la UOM cortaron la ruta en Villa Constitución con el apoyo de ruralistas y empezaron a mostrar una parte de este temible cóctel.

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