Un cóctel de crisis global e incertidumbre interna

Por: Marcelo Bonelli

La dirigencia empresarial comenzó a exponer sus preocupaciones por la caída del nivel de actividad, pero también por las sombras políticas y la falta de propuestas.

La irrupción pública de Héctor Méndez dejó al descubierto la preocupación intima de los hombres de negocios por el momento político y económico que vive la Argentina.

El flamante titular de la Unión Industrial Argentina lo hizo -como anticipó Clarín- con la intención de marcar diferencias con la anterior conducción de Juan Lascurain. Pero también para recomponer su liderazgo después de un desgastante proceso de elección interna, ya que su candidatura surgió luego de que cinco empresarios declinaran ocupar la presidencia de la UIA. Al margen de esto, sus palabras reflejaron muchas de las cosas que los hombres de negocios dicen en los debates privados en la UIA, la Asociación de Bancos Argentinos, y la Asociación Empresaria Argentina. Se trata de conclusiones reservadas, que reflejan un fuerte temor por el siguiente cuadro de situación:

La incertidumbre política genera miedos, al no saberse qué pasará con la política económica en el segundo semestre.

Las elecciones establecieron una lucha por el poder político, sin propuestas económicas.

Se teme que el dramatismo que oficialismo y oposición le imprimen al comicio complique la gobernabilidad del país.

Hay desequilibrios macroeconómicos preexistentes, que se acentuaron con la crisis internacional.

Hay una fuerte caída en el nivel de actividad. Según la UIA, marzo brindó un pequeño respiro.

Descreimiento total en el INDEC, lo cual impide medir con exactitud la magnitud de los problemas.

Ausencia de profesionalismo y pobreza en los equipos técnicos para encarar y administrar soluciones frente a los problemas. Los dardos se reparten por igual contra los funcionarios del área económica, como hacia los supuestos expertos de la oposición.

Esta realidad hace que todos los sondeos de confiabilidad tengan una caída. Ayer fue en esa dirección un trabajo de la Universidad Católica. Y esto ocurre, paradójicamente, cuando en Wall Street revisaron algunos pronósticos alarmistas contra Argentina. Un trabajo confidencial de Merrill Lynch dice lo siguiente: "A pesar de las versiones sobre un default, nuestro equipo de economistas de Latinoamérica piensa que Argentina tiene los medios y el deseo de pagar su deuda en 2009 y también en 2010." En otro informe secreto, Sergio Bister, de Credit Suisse, recomendó "la compra de bonos argentinos, ya que es atractiva porque no habrá default."

La cuestión se trató en la primera reunión de la nueva cúpula de la UIA. Se manifestaron las primeras diferencias entre los liberales que la integran y los desarrollistas y heterodoxos que ahora son minoría. Ahí se habló sobre las tratativas de Techint y la ANSeS. Una negociación entre Luis Betnaza y Julio De Vido evitó una seria ruptura. Ambos generaron la designación de Aldo Ferrer, que conformó a todos.

El Gobierno había amenazado con designar como director estatal a un duro y confrontativo sindicalista de la UOM de San Nicolás; Techint anunció que desconocería la movida, y así se habría generado un fuerte conflicto público con el holding industrial más fuerte de Argentina.

La bronca en el movimiento empresario radica en que estas designaciones contradicen el compromiso político que asumió el Gobierno cuando se estatizaron las AFJP. En octubre hubo un fuerte temor a una ola estatizadora después del anuncio y el traspaso de los paquetes accionarios al Estado. La AEA denunció que se afectaba el clima de negocios. La cuestión motivó reuniones secretas de varios ministros y del embajador Carlos Bettini -por las firmas españolas- con los CEO de los holdings líderes cuyas acciones pasaban a la ANSeS. Todos los funcionarios dieron un mensaje tranquilizador: que no se utilizarían esas acciones para ocupar lugares en los directorios y pedir información de las empresas. Amado Boudou afirmó a la prensa: "No vamos a ocupar lugares en los directorios". Ahora el acuerdo entre Techint y el Gobierno incluiría una cuestión secreta: la Casa Rosada le pediría formalmente a Hugo Chávez -en su inminente viaje a Buenos Aires- que cierre al conflicto de Sidor. El monto de la indemnización de US$ 1.800 millones está acordado, pero Venezuela no da señales de iniciar el pago.

El ministro de Planificación y el jefe del Banco Central son de los pocos funcionarios que tienen reconocimiento en el movimiento empresario. En cambio, existe un cuestionamiento hacia toda el área económica, desde Carlos Fernández y Hernán Lorenzino hasta el polémico Guillermo Moreno.

El secretario de Comercio generó una rebelión interna. Varios ministros notificaron en la Quinta de Olivos que no están dispuestos a seguir defendiendo la información del INDEC. Débora Giorgi adoptó una posición sutil: la última vez cuestionó los datos de la UIA sobre nivel de actividad, pero evitó defender los del INDEC. Sergio Massa y Florencio Randazzo hablan de todo, menos de las estadísticas de Moreno.

En el Gobierno se sorprendieron con la negativa de la Mesa de Enlace de integrar listas de la oposición. La decisión obedeció a dos cuestiones clave para los ruralistas. En el peronismo disidente y en la Coalición Cívica reconocen que los dirigentes generan prestigio, pero no traccionan muchos votos. Eduardo Buzzi, Alfredo de Angeli y Mario Llambías llegaron a otra conclusión: temen que sus figuras se licuen integrando largas nóminas políticas. Y temen algo peor: que su paso a la política abra las puertas a la interna, para aquellos dirigentes que los quieren desplazar en CRA y FAA.

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