Cobos: "Sólo me sacarán muerto"

Joaquín Morales Solá

Sólo muerto me sacarán de acá." A Julio Cobos le cuesta esconder el fastidio por las versiones de los últimos días que indicaban que Cristina Kirchner podría pedirle la renuncia. También existe la posibilidad constitucional del juicio político al vicepresidente de la Nación.

"El juicio político necesita causas y no hay ninguna causa para hacerme juicio político. Me tendrán que aguantar hasta 2011", razona con una leve y tensa sonrisa.

¿Qué llevó al kirchnerismo a la última embestida contra el vicepresidente? "No lo sé", dice. El despacho vicepresidencial es todo lo contrario de lo que Cobos significa ahora en la política y en las noticias. Viste siempre con camisa y corbata, pero sin saco mientras trabaja. Una serenidad de monasterio lo circunda. Cuando recibe a alguien, ningún secretario interrumpe y ningún teléfono suena. El bullicio del mundo parece terminar en las puertas de su oficina. Podría pertenecer a esa clase de hombres dispuestos a resistir siempre con la paciencia de un buda.

¿Surgió de él la idea de una consulta popular sobre su continuidad? "Es un disparate", responde. Pero agrega: "¿Qué le vamos a preguntar a la gente? ¿Acaso si tengo que cumplir con la Constitución? Dirán que tengo que hacerlo. Alguien tiene que respetar las instituciones. Es cierto, de todo modos, que hay amigos que están muy cansados del acoso y lanzan esas ideas. No son ideas mías y no dejaré que prosperen". Cobos interroga, duda, vuelve a preguntarse: "¿Quién pudo imaginar que a mí me pedirán la renuncia y que yo renunciaré resignado? No sé de dónde salió eso. Pero debo aceptar que la noticia me sorprendió", concede.

¿Tenía algún indicio previo de la nueva arremetida? Responde: "Sí, hubo hace poco una reunión de Néstor Kirchner con intendentes peronistas de Mendoza. Un diario de mi provincia publicó que Kirchner les dio la orden de hundir a Cobos y entonces dijo, por primera vez, aquella frase del reproche de Cristina por haberme colocado en la vicepresidencia. No sabía si creer o no en esa versión, hasta que el propio Kirchner repitió la frase en un acto público en Buenos Aires. Entonces me convencí de que todo era cierto".

En esa reunión de Kirchner con los intendentes peronistas mendocinos pasó algo más: el ex presidente les pidió que le enviaran una lista con todas las obras públicas que necesitan para ganar las elecciones del año próximo. "No sabía que el Partido Justicialista tiene tanta plata", desliza Cobos, socarronamente, en alusión al único cargo que ostenta Kirchner: el de presidente del partido oficial.

La confusión entre el partido y el Estado merece recorrer otro cauce del análisis. ¿Se arrepiente Cobos de su alianza con el kirchnerismo? "Pensé que iba a ser otra cosa. Creí en las promesas de institucionalidad de Cristina y en la necesidad de que los dos grandes partidos se juntaran para sacar al país de la crisis. Hice la alianza con esas convicciones. Quizá me equivoqué", subraya.

Entonces, ¿qué lo llevó a creer en un período de mayor institucionalidad? Respuesta: "Bueno, un primer dato fue que pensaron en un mendocino para la vicepresidencia. En Mendoza hay convicciones institucionales muy firmes en la sociedad. Es tal vez la provincia más institucional del país. Por ejemplo, no sólo el gobernador no puede ser reelegido; tampoco lo puede suceder ningún familiar directo, esposo, esposa e hijos. El gobernador que abandona el cargo tampoco puede ser senador nacional. Y nadie se atreve a cambiarle una coma a la Constitución, sobre todo en lo que se refiere a esos límites".

Cobos habla como si fuera un simple cronista, pero es obvio que está haciendo comparaciones con la dinastía Kirchner. El Estado, el partido, el poder personal. Lo ha sufrido en carne propia desde su famoso "voto no positivo". El gobierno de Bolivia le retiró una invitación 48 horas antes de la fecha estipulada, luego de una gestión de la cancillería argentina ante la administración de Evo Morales. Una unidad militar también le canceló un día antes la invitación para asistir a una ceremonia castrense. La orden del Ministerio de Defensa fue terminante.

También lo privaron del uso de los aviones oficiales. Cobos se ríe. "El gobernador de Mendoza no tiene avión ni casa. Estoy acostumbrado a viajar en aviones de línea o en mi auto. La gente me trata muy bien en todos lados", se ufana. ¿Los Kirchner se habrán enojado porque fue un día a la Casa Rosada durante la larga gira de la Presidenta por Estados Unidos y Africa? "Fui un solo día y ocupé el despacho del vicepresidente, no el de la Presidenta. Ese día no podía llegar a mi despacho en el Senado porque había manifestaciones de los afectados por la estatización de las AFJP. ¿Tengo que dar más explicaciones? ¿Tengo que pedir permiso?", remata, ya con un tono más serio.

¿Habrá caído mal en Olivos su reconciliación con el radicalismo? "No lo sé, pero la reconciliación de los radicales tiene que empezar en Mendoza, porque ahí estamos los más importantes. Resuelto lo de Mendoza, el resto se resolverá fácilmente. Las conversaciones con el senador Sanz no han concluido, pero van por buen camino", anuncia; alude a Ernesto Sanz, presidente del bloque radical de senadores y su viejo adversario en la común Mendoza.

Propondrá en algún momento una elección interna abierta entre todos los presidenciables de una coalición no kirchneristas para los comicios de 2011. Es evidente que Cobos ya se ha ido para siempre de la vecindad del kirchnerismo. Debería dejar un mensaje de gratitud en Olivos. Nadie ha hecho tanto como Néstor Kirchner para convertirlo en el político más popular del país. Kirchner no privó, ni se priva, del gusto de la reprimenda pública y de la venganza práctica contra el vicepresidente. Los gustos tienen siempre un precio y, en este caso, Kirchner los está pagando con la construcción de un competidor imprevisto por la simpatía social. ¿También por el poder del futuro?

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