Cobos-Solá, ¿el verdadero juego de Duhalde?

Cobos-Solá, ¿el verdadero juego de Duhalde?
Po: Edi Zunino.

Eduardo Duhalde quiere ser como Julio César. ¿Un emperador autocrático capaz de terminar con la República gracias a la adoración de su pueblo?

Eduardo Duhalde quiere ser como Julio César.

¿Un emperador autocrático capaz de terminar con la República gracias a la adoración de su pueblo?

Si bien no habría que descartar la idea (de mambos por el estilo está plagada la historia nacional, aun la más reciente), mejor bajemos un cambio y aclaremos: por ahora no hablo de Cayo Julio César (100-44 a.C.), el que cautivó a Cleopatra, sino de Julio César Falcioni, el que obró el milagro de sacar campeón a su adorado Banfield.

Duhalde también lleva al Taladro en el corazón.

Y taladrar sabe. Nadie puede negarle tal habilidad.

En apariencia, Duhalde se ha lanzado de cabeza a competir por la presidencia de la Nación en 2011, un año político que comenzará este viernes, cuando todos brindemos por lo mejor para 2010.

Pero ya se sabe: nada hay más engañoso que las apariencias. Y los políticos son expertos en parecer lo que en verdad no son.

¿Por qué creer que Duhalde, el mismo Duhalde que prometió retirarse de la política electoral cuando los Kirchner volaban con viento de cola, será lo que hoy asegura que será: candidato?

Suena tan bravucona como coherente su idea de que "quien puso al loco debe sacarlo". Pero ningún político sabe como Duhalde que las cosas no suelen funcionar así.

Recuerden cuando Chacho Alvarez convenció a Fernando de la Rúa de que contratara a Domingo Felipe Cavallo como ministro para sacarnos de la convertibilidad, porque él la había inventado con Carlos Menem y eso alcanzaba para creer que era el único en condiciones de desatar el nudo.

Terminó siendo Duhalde quien lo hizo, en medio de un inolvidable despelote y bajo promesa de que quien había depositado dólares recibiría dólares. Está bien: por lo menos dejamos de recibir patacones. Y festejamos ese córner.

Lo que está haciendo Duhalde es exhibirse como el único DT con chapa para proponerle a la oposición un juego más efectivo que vistoso, sacarla del vestuario y darle un campeonato.

Duhalde acaba de proponer un equipo. Roberto Lavagna no será el "Pelado" Silva, pero parece Lionel Messi al lado de Graciela Camaño de Barrionuevo o Alfredo Atanasof, personajes con quienes nadie en sus cabales pensaría en armar un medio campo ganador.

Por ahora, Duhalde asusta más de lo que juega. La única promesa que debería tomársele literalmente es la de extirpar a Néstor Kirchner del PJ bonaerense, aparato indispensable para pelear cualquier elección. Al menos para hacérsela perder a otro. O arrinconarlo contra su arco.

Dijo bien Duhalde cuando dijo, ayer: "Acá los partidos políticos no funcionan".

Ver el match desde afuera durante un tiempo le permitió apreciar la chiquitez de cada uno, para lanzarse al ruedo a plantearles una táctica pechadora. Un dream team de "unidad nacional", donde "no importa tanto quién gane" como "ponernos de acuerdo en cinco o seis temas centrales y comprometernos a cumplirlos por un plazo largo".

Alguien a quien Duhalde conoce muy bien, el también lomense Osvaldo Mércuri, acaba de hacer punta con una idea que ronda el marote duhaldista pero aún no es oficial. Propuso que, en base a un "gran acuerdo nacional" similar al "pacto de La Moncloa argentino que plantea Duhalde", empecemos a pensar en Julio Cobos presidente, con Felipe Solá de vice y el "Colorado" De Narváez como gobernador provincial.

Es demasiado temprano para hablar de ciertas cosas. Los radicales aún no salen de su berenjenal ni los peronistas anti K de su bolsa de gatos (donde, según reza la tradición justicialista, se reproducen a los gritos).

Lo cierto es que los radicales, desesperados por no repetir la experiencia delarruista, ya ni sueñan con gobernabilidad alguna al margen de algún acuerdo sólido con algún sector del peronismo. Del otro lado del espejo, y temiendo que los Kirchner abandonen el poder con algún predicamento piquetero y sindical, ningún peronista piensa el futuro al margen de algún acuerdo sólido con la UCR oficial.

El asunto es que, en política, nadie pacta nada sin generarse antes las chances de imponerle condiciones al nuevo socio. En eso andan casi todos hoy en día. Empezando por Duhalde, que corre con ventaja.

Si esta mañana hubiera elecciones, todo indica que Cobos sería el elegido. Al vice lo aterroriza la posibilidad de lograrlo sólo apoyado por una UCR a la que no volverá Elisa Carrió ni acaso tampoco Margarita Stolbizer, con lo que quede del kirchnerismo en contra y con el PJ no kirchnerista y el centroizquierda al filo del orsái.

El lanzamiento de Duhalde se parece más a una apertura del libro de pases que a una pretemporada. Los desestabiliza a todos sacudiendo su candidatura con una mano, pero ofreciendo la otra.

Prefiere ser Falcioni.

Siente que ya vivió la puñalada de Bruto por la espalda.

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