Cobos se refugia en sus íntimos y analiza cuál será el próximo golpe

Eligió el bajo perfil y, junto a sus allegados, se puso a contar cuántos decretos firmó para refutar los argumentos kirchneristas.
En Mendoza, Julio Cobos ha mantenido diversas reuniones con sus íntimos: en su casa e incluso en concurridas confiterías céntricas, donde no se ha escondido de la gente a pesar de que su ánimo no es el mejor por estos días.

Lejos de quedarse quieto está, junto con sus colaboradores más estrechos, dedicado a evaluar sus opciones en profundidad, en medio del más fuerte embate que -desde el Gobierno nacional- han emprendido contra su persona. Dicen que la situación no es la que él hubiera esperado vivir pero que está "entero" y "convencido" de lo que está haciendo.

"A pesar de haber empezado como técnico, hace rato que es un político por sobre todas las cosas", afirman sus amigos. Por eso, en compañía de sus hombres de confianza, el Vicepresidente se puso a contar -con los decretos oficiales en mano- cuántos días ha estado al frente de la Presidencia y cuáles fueron sus acciones durante ese tiempo.

La postergación del viaje a China por parte de la presidenta Cristina Fernández, para evitar que él se quedara en el Gobierno, pegó duro en el entorno de Cobos y lo obligó a buscar pruebas para refutar las acusaciones y salir lo menos golpeado posible del ataque.

"En estos dos años, se ha quedado a cargo del país durante 100 días. En ninguna oportunidad tomó una decisión administrativa contraria a los mandatos de la señora de Kirchner", apuntó un allegado al mismo tiempo que agregó que -para los actos concretos de gestión- eso es lo que verdaderamente cuenta. De hecho, los días de Cobos en la Casa Rosada sólo pasaron por firmar cuestiones que ya estaban "cocinadas".

Por otra parte -y a pesar de que ayer el ministro Aníbal Fernández dijo que no iban a propiciar un juicio político contra el Vice- el mendocino ha puesto a su gente a evaluar los "vericuetos jurídicos" por donde los Kirchner podrían intentar atacarlo de nuevo.

"No está contento con esta situación", repiten desde su entorno ya que saben que no es lo mismo que los ataques vengan de parte de la Presidenta o que provengan -como hasta hace poco- de Luis D'Elía o Carlos Kunkel. Por eso, Cobos sigue esperando que Martín Redrado renuncie y que los ánimos se calmen un poco.

Mientras trata de recuperar fuerzas, apoyos y pruebas a su favor, el Vicepresidente sabe que su "convicción de diálogo" entre el oficialismo y la oposición no tendrá buenos frutos ahora ni nunca.

Sin embargo, no piensa moverse -al menos hasta dentro de un año- del lugar que ocupa. Sus allegados avalan la decisión, en parte, porque saben que mantener en la vidriera nacional a un posible presidenciable es una de las formas de fortalecer a la UCR, más allá de la situación compleja que vive el partido.

Además, las encuestas que ellos manejan dan que los argentinos ven en el ex gobernador mendocino el contrapeso ideal al poder del matrimonio oficial y -sobre todo- una especie de freno simbólico.

"Hasta la gente que no lo votó le pide que se quede", explicitó Juan Carlos Jaliff, presidente de Confe y ex vicegobernador de Cobos. Sin embargo, radicales y cobistas no ignoran el hecho de que -en la discusión formal- puede aparecer una especie de contradicción entre el rol de Vicepresidente y su postura contraria a los actos de Gobierno.

"Eso no afecta su imagen negativamente y, a pesar de las dificultades, es mejor que él se quede", dicen sus íntimos. Para completar el concepto, agregan que es más fuerte "el gesto de institucionalidad" que las lecturas confusas que se puedan dar al respecto. "Los cargos del Vice y de la Presidenta tienen la misma legalidad y legitimidad dadas por el voto popular", sostienen. Por lo pronto, Cobos decidió bajar su perfil y evitar apariciones mediáticas.

"Él fue convocado como radical a participar de un espacio amplio de gobierno y no fuimos nosotros los que rompimos las reglas del juego", refutó al oficialismo Alfredo Cornejo, intendente de Godoy Cruz.

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