Cobos, Macri y Reutemann, los presidenciables que dejó la elección

Por: Julio Blanck

Reutemann, Macri y Cobos, aún las dudas que despiertan, son emergentes de una sociedad que se cansó y busca otro camino

El voto de los argentinos diseñó un país político diferente. Hay un cambio que emerge de esta elección. Se aleja sin retorno la hegemonía kirchnerista, pero asoma el equilibrio necesario para garantizar la gobernabilidad de los próximos dos años. Ni el Gobierno sufrió la licuación terminal de su poder, a pesar de la derrota durísima en casi todo el país, ni la oposición es depositaria de un mandato popular para rectificar dramáticamente el rumbo del país sin más demora. Lo que ganó es la voluntad de cambio, el rechazo social a una forma de conducir los asuntos públicos de manera cerrada y conspirativa, y de entender la política como la exasperación constante y el aniquilamiento del adversario, convertido en enemigo por una lógica que aborrece de los matices y desconoce la tolerancia. Mantener vigoroso el funcionamiento de las instituciones, empezando por el Poder Ejecutivo, depende ahora de la racionalidad de los actores políticos.

El voto popular les definió un escenario de compromiso mutuo que sobre todo debe verificarse en el Congreso, necesitado a partir de esta renovación legislativa de un sistema de acuerdos mínimos que le permita funcionar. Allí, ni el oficialismo tendrá número para imponer su voluntad, ni la oposición podrá simplemente oponerse a todo porque de aquí en más será necesario su voto para que las leyes se aprueben. Nunca había sucedido algo así en los años del poder de Kirchner. Tampoco había sucedido, que se recuerde en mucho tiempo, la consagración de una vacancia virtual en el liderazgo peronista. Por definición genética el peronismo necesita un líder. Fue Juan Perón en vida, y después fugazmente Lorenzo Miguel a la salida de la dictadura.

Fue Antonio Cafiero en la renovación que buscó reparar la derrota histórica de 1983, hasta que lo sucedió Carlos Menem. Llegó luego el tiempo de Eduardo Duhalde y más tarde, hasta anoche, el de Néstor Kirchner. La gran paradoja política de hoy es que el peronismo, en ejercicio del poder y con dominio electoral en buena parte del país, está a la búsqueda de un nuevo jefe. Esto se explica, sobre todo, por la extraordinaria serie de errores y torpezas que Kirchner cometió en los últimos dos años, quizás a partir del momento en que decidió, sin consultar a nadie, que su esposa lo sucedería en el poder. Carlos Reutemann lograba sostener una estrechísima ventaja en Santa Fe sobre los socialistas. Reutemann, presidenciable por derecho propio, es un eje -si no el único, al menos el principal- alrededor del cual el peronismo buscará reorganizar su poder. Y quizás ese reordenamiento adquiera una manera más asociativa entre sus jefes territoriales de lo que jamás se haya conocido. El golpe electoral que la sociedad le propinó a Kirchner en la Provincia, en los grandes distritos y en muchos otros puntos del país, fue brutal.

El peronismo requiere ahora de una sanación rápida, eficaz y prolija, que le permita mantener su espacio de poder frente al derrumbe de su último líder. Esa caída de Kirchner arrastró a quiénes le fueron fieles hasta el último día, como el gobernador Daniel Scioli, que ahora tendrá la ímproba tarea de recomponer su proyecto personal. Además del diseño de equilibrio institucional que decidieron los votantes, serruchando desde la base el dominio kirchnerista, la elección de ayer permite perfilar la proyección de otros líderes políticos de cara a la renovación presidencial. Y permite hacerlo aún con la nitidez precaria que siempre contienen los primeros resultados. De ese puñado de hombres que quizás contengan el futuro, los que se favorecieron con más claridad fueron los que jugaron sin jugar, los que armaron de atrás, sostuvieron, contuvieron e impulsaron, pero no pusieron su nombre en la boleta.

En esa lista exigua, Mauricio Macri es el que asoma con mayor claridad. Forzó la candidatura de Gabriela Michetti en la Capital. Y en febrero convocó a Francisco De Narváez y Felipe Solá a un frente común contra el kirchnerismo. Jugó dos apuestas que fueron ganadoras. Y anoche contó con la generosidad de De Narváez -la estrella del domingo electoral- quien, en el discurso del triunfo, le concedió el reconocimiento como primera figura de un espacio que ahora va por más. El fuerte de Macri no son los discursos. Pero sus palabras de anoche fueron las de un hombre que inicia un camino por el que pretende llegar a la Presidencia. Con algunas difusas invocaciones a Perón, un llamado genérico al diálogo con los gobernadores y hasta algún elogio a rivales de otras escuderías. Aunque la sobrevida política de Reutemann, que habilita su lanzamiento nacional y la expectativa de un peronismo reunido, le puede estropear a Macri el intento de reunir a una gruesa franja de peronistas disidentes. Otro ganador de la elección, en esta perspectiva, fue Julio Cobos.

De regreso en el radicalismo, con un candidato muy sólido en Mendoza como el senador Ernesto Sanz, se puso al frente de una elección contundente que le permitió duplicar al peronismo gobernante en su provincia. Los radicales también celebraron elo notable desempeño en Córdoba, que puso a Ramón Mestre (h) en el Senado relegando al candidato del peronismo gobernante. Pero más que nada destacaron el triunfo de Cobos como la consagración de un candidato presidencial. Cobos hizo lo que tenía que hacer. Y los demás hicieron lo que él necesitaba. El tropiezo feo de Elisa Carrió en la Capital -también ella fue generosa en una noche difícil- y la caída del socialismo de Hermes Binner en el duelo con Reutemann, dejaron al vicepresidente en posición privilegiada para representar en 2011 a este espacio de vigor renovado, que será la segunda fuerza parlamentaria. Los liderazgos en construcción que encarnan Reutemann, Macri y Cobos, aún las dudas que despiertan, sus titubeos y sus definiciones imprecisas, son emergentes de una sociedad que ayer dijo que se cansó y busca otro camino.

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