A Cobos y Jaque les va la vida en los comicios.

En Mendoza, Kirchner se juega la posibilidad de contar en su haber con una provincia de clase media. Pero Jaque y Cobos se juegan mucho más. Todo.
Para Néstor Kirchner, Mendoza ya no es como en las elecciones de 2007 el distrito desde donde habría de nacer el proyecto concertador antipejotista que quedó frustrado cuando la alianza Jaque-Mazzón le ganó al pacto Cobos-Kirchner. Sin embargo no por ello la provincia ha dejado de ser importante para él.

Ayer reconoció que tiene grandes esperanzas de pelearla en Mendoza. Es que de imponerse acá, su venganza contra Julio Cobos sería terminante y terminal: vencería en su tierra de origen al único hombre que le infringió una derrota significativa en su larga carrera política, hasta ahora casi invicta.

Pero además de satisfacer sus pulsiones, Kirchner ganaría -imponiéndose el PJ en Mendoza- algo más importante: sería la única gran provincia de clase media urbana que caería a sus pies, ya que es casi seguro un fracaso estrepitoso de los suyos en Córdoba, Santa Fe y Capital Federal.

Ganando Mendoza, Kirchner podría fundar su eventual triunfo en algo más que el apoyo de los caudillos del conurbano bonaerense y de las provincias más chicas, donde predominan los estilos más feudales del peronismo más conservador.

Para Julio Cobos ganar en Mendoza no sería un "lujo" como lo es para Kirchner, una frutilla vistosa arriba de la embarrada torta conurbana. Para el Vicepresidente, se trata de una necesidad vital . Por eso arriesgó todo su capital político sin dejar ni un solo ahorro para el día después. Se gastó en Mendoza hasta el último peso acumulado a partir de su voto no positivo.

En efecto, haberse mantenido casi un año en la cima de la popularidad entre todos los políticos nacionales, se debió a un dificilísimo equilibrio por el cual se presentó a la sociedad como un no político en el mundo de la política; como víctima de un poder central y hegemónico que no tolera ni el más mínimo sesgo de autonomía y por eso lo acotó en su responsabilidad institucional de una manera por momentos vergonzosa.

El mendocino, para diferir lo más posible la resolución de la inevitable contradicción que significa ser a la vez la segunda autoridad oficial de la Nación (formalmente hablando) y a la vez la primera figura opositora del país (al menos en imagen pública), trató de despolitizarse lo más posible, borrándose de hecho de la campaña nacional de la Coalición a la cual adhiere, enfatizando con ese alejamiento su rol de defensor cuasi celestial de las instituciones agredidas.

Pero ese papel debió dejarlo de lado en Mendoza, para bajar al barro de la política terrenal porque en su tierra de origen no se trata tan sólo de mantener prestigio, sino de sumar votos, de ganar una elección como rotundo opositor, tanto del PJ provincial como del kirchnerismo, éste último el mismo con el cual se alió hace dos años.

Es que la única posibilidad que tiene Cobos de seguir alimentando por el resto del país su imagen virginal en el prostíbulo (de un no político casto y puro peleando por la gente y como la gente en las lupanares de la sucia política nacional) es perder su virginidad en Mendoza: decirle a los mendocinos que si gana en Mendoza será candidato a presidente de la Nación y poner la cara y el cuerpo para que los suyos se impongan en la provincia.

No como ocurrió en 2007 que él participó de una fórmula nacional que sacó más del 60% de los votos en Mendoza, pero su candidato local perdió ante el PJ más tradicional.

O sea, debe ser Cobos en Mendoza un político político para seguir manteniendo en la Nación la imagen de un político no político. Pero mantener ese equilibrio es más difícil aún que el otro que debe mantener, de ser un vicepresidente opositor.

El triunfo en Mendoza le permitirá a Cobos unir imagen con poder (unidad que hoy nadie sabe si es posible en él). Pero si fracasa, la imposibilidad de traducir su imagen en poder, quizá le derrumbe la imagen.

Otra vez, a pesar de su proyección nacional, el destino político de Cobos depende sólo de los mendocinos. Son ellos los que le cortarán las piernas o le darán las alas para volar.

Celso Jaque necesita volver a empezar. No son buenos los casamientos sin luna de miel porque no hay nada lindo para recordar en los momentos malos, que haga recuperar la pasión. Jaque, que fue un buen novio seductor de Mendoza, no pudo desde que logró el sí de tan difícil dama seguir enamorándola, y hoy siguen casados más por necesidad de cumplir el contrato nupcial que por algún afecto de ella hacia él.

No obstante, si el PJ gana el 28/6, todo podrá ser posible para Jaque. Porque querrá decir que el desamor de la dama hacia su caballero nunca fue tanto como parecía. O bien el Gobernador podrá pedir disculpas por las cosas que le impidieron ganarse el afecto de la bella Mendoza en los dos primeros años; disculpas que con una elección ganada la provincia aceptará.

De un modo u otro, Jaque podrá -a partir de ese momento- iniciar, diferida, su anhelada y no concretada luna de miel.

Ni qué decir de su relación con el poder político nacional, ya que con un éxito electoral, Jaque -no tanto por sí mismo sino por el valor simbólico de Mendoza- pasará a ser una pieza crucial en el futuro armado nacional kirchnerista. Tan clave como lo fue Julio Cobos unos años atrás.

Claro que en caso de perder, a Jaque no le quedará más que cumplir con la mayor formalidad posible el contrato nupcial pactado a cuatro años y luego divorciarse para siempre de una provincia que le brindó el honor de su conducción pero que jamás le entregó su pasión.

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