Cobos y Jaque le piden perdón a Mendoza.

El ex gobernador, que perdió Mendoza en 2007, y el actual mandatario, que la ganó en igual fecha pero a costa de sufrir un desgaste prematuro en lo que va de su gestión, ahora van por la revancha en estos comicios donde son protagonistas casi exclusivos. ¿A cuál de los dos perdonará Mendoza?.
A pocos días de las elecciones, en Mendoza, ningún candidato de los grandes partidos nacionales está logrando imponer un solo tema de agenda, alguna idea que merezca ser debatida, aunque más no sea una mínima razón que impulse a votarlos por sí mismos, no únicamente por las estructuras que expresan o por las figuras políticas que los apadrinan.

Los fantasmas que inmovilizan a los candidatos. La campaña de los candidatos peronistas consiste en hablar un poco de todo sin decir nada importante de ninguna cosa, evitando mencionar al gobernador Jaque o a los presidentes Kirchner.

La campaña de los candidatos radicales consiste en hablar un poco de todo sin decir nada importante de ninguna cosa, tratando por todos los medios -y como único medio- que el prestigio en imagen de Julio Cobos se traslade en votos hacia ellos. Tan es así que la primera parte de su campaña fue nada más que pedir el apoyo para la "Gente de Cobos", y ahora, por si eso no alcanza, el voto se pide directamente para que Cobos pueda llegar a ser presidente.

Tan ocupados están unos en no mostrar a quienes no figuran en sus boletas y tan ocupados están los otros por mostrar a quien no figura en sus boletas, que han despersonalizado la campaña al máximo, entregándosela por entero a los fantasmas que buscan exorcizar o convocar. Así, los candidatos reales devienen meros afiches sin contenido, de árboles o spots televisivos.

Dos buscando el perdón que Mendoza le dará a uno solo. No obstante, de estas campañas y estos candidatos descafeínados depende el destino de los dos hombres políticamente más importantes de la provincia: Jaque y Cobos. Y la respuesta que darán las urnas será clave no solo para sellar el futuro de ambos, sino también para verificar a quién de los dos perdonará Mendoza.

En efecto, el combate mayor de estas elecciones no acontece en el ring donde pesos livianos libran protocolarmente su deslucida lid, sino en otros espacios: en las relaciones de Cobos y Jaque con la Rosada, en sus almuerzos con Mirtha, en los chispazos mutuos con que se replican por los medios, etc, etc.

Es que Cobos, un gobernador que durante cuatro años mantuvo una imagen positiva en cuanto tal ante los mendocinos, fue castigado por el voto de los mismos cuando osó avanzar en su alianza con los Kirchner más allá de lo que a Mendoza le hubiera gustado.

Mientras que Jaque, el hombre que fue elegido por los mendocinos para castigar lo que no les gustó de Cobos, devino un gobernador que en cuanto tal hasta ahora no pudo construir su imagen positiva. Es que Mendoza vio una contradicción demasiado grande entre el contagiante entusiasmo que el candidato Jaque mostró para pedir el voto, en comparación con la módica traducción que el gobernador Jaque hizo de ese entusiasmo cuando asumió su cargo.

Ahora bien, a casi dos años vista, tanto el ex gobernador querido pero no votado como el gobernador malquerido pero aún con medio mandato en su haber, se presentan otra vez ante los mendocinos sin presentarse, para ver quién de los dos es perdonado luego de haber sufrido uno el castigo de perder y el otro el de no ser querido.

Prospectivas. Si triunfa Cobos se convertirá en el hijo pródigo que vuelve a su tierra de origen para pedir indulgencia a sus comprovincianos luego de haberlos abandonado por una insustancial vicepresidencia... y resulta perdonado.

Pero hete aquí que los mendocinos suelen recibir con singular bonhomía a todo el que viene de afuera hacia aquí, pero suelen ser particularmente crueles con los que se van de aquí hacia afuera.

Cobos es el extraño caso de un hombre que vuelve a Mendoza para pedirle a los mendocinos que le permitan seguir yéndose. Pero claro, no vuelve como el deslucido vicepresidente que se fue sino como el político de mejor imagen del país.

Por su parte, si triunfa Jaque dejará de ser lo que pareció ser hasta hoy: la excepción que justifica la regla. Vale decir, un gobernador que no tuvo luna de miel pese a que los mendocinos suelen valorar la institución en sí misma muy por encima de las personas que la ocupan. Por eso, en esta provincia cada gobernador es sumamente estimado en tanto lo es, aunque luego de serlo suele ser tan fácilmente olvidado como estimado fue cuando ejerció su función.

El caso de Jaque parece ser diferente, como que por esta vez los mendocinos no le hubieran otorgado a Jaque gobernador el beneficio de la imagen positiva que da la investidura gubernamental en Mendoza por el solo hecho de vestirla.

No obstante, si el PJ se impone en el comicio, esta presunción sobre la excepción jaquista se dará de bruces contra el suelo y el gobernador recuperará de modo pleno el prestigio otorgado por la investidura, o incluso más: hasta podrá decir que nunca lo perdió, pese a lo que por dos años sostuvieron todas las encuestas de opinión.

En síntesis, quizá lo más apasionante de esta desapasionada elección provincial, más allá de la suerte particular de los hombres que se juegan su destino político, será ver la respuesta cultural de Mendoza y los mendocinos frente a los que vienen a solicitarles su perdón.

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