Cobos, la inesperada ayuda para el modelo

Por Joaquín Morales Solá

¿Es cierto que en la crisis institucional por el Banco Central Julio Cobos jugó más como vicepresidente que como el popular líder de la oposición que también es? Sí. ¿Cobos corre, entonces, el riesgo de perder una porción considerable del crédito social que ganó cuando provocó el rechazó del Congreso a las confiscatorias retenciones a la soja? Sí. ¿Es verdad que el vicepresidente se detuvo en consideraciones sobre la gestión de un funcionario cuando lo que le correspondía evaluar era un claro atropello institucional? Sí. ¿Es cierto que su decisión de acompañar al Gobierno en la expulsión de Martín Redrado le abrió un foso más profundo aún con el radicalismo, su viejo partido? Sí. ¿Es verdad que los Kirchner le quitaron el apoyo a Miguel Angel Pesce como jefe interino del Banco Central por el voto de Cobos, porque sospecharon que la institución monetaria quedaría bajo influencia del vicepresidente? Sí.

Si el vicepresidente se ha hecho esas preguntas y si ha llegado a las mismas respuestas, es posible que ahora esté más arrepentido que satisfecho por lo que hizo en la interminable tarde del martes. ¿Qué lo llevó a Cobos a acompañar al Gobierno cuando ni siquiera necesitaba hacerlo porque ya Redrado se había ido por su cuenta? No hay pruebas de que conserve una relación política con el vicepresidente del Banco Central, Miguel Angel Pesce, un antiguo aliado suyo. Las denuncias en ese sentido carecen de las necesarias constancias.

Quizá todo sea más simple: no soportó la crítica constante del kirchnerismo, que lo acusó impúdicamente de desestabilizador. "Pueden dominarlo con sólo atacarlo. Y el kirchnerismo descubrió esa fragilidad", señaló un dirigente radical que suele hablar con el vicepresidente.

En tal caso, Cobos esquivó la crítica ácida e insolente de los voceros kirchneristas, pero se topó ayer con un creciente malestar social contra él. Los oyentes de las radios llamaban indignados a los distintos programas para preguntarle al vicepresidente en qué lado de la vida y de la política se había colocado.

El caso de Redrado y del uso de las reservas es, incluso, más claro que la resolución sobre la soja para la salud de las instituciones. La crisis del Banco Central no tuvo, es cierto, la monumental repercusión social que provocó el manotazo a la renta agropecuaria ni provocaría la parálisis inmediata de la economía como lo hizo el conflicto con el campo. Pero las retenciones estaban dentro de una resolución que finalmente fue enviada al Congreso.

Aníbal Fernández dijo ayer, con sus habituales metáforas orilleras, que Alfonso Prat-Gay hubiera firmado con las dos manos el despido de Redrado. Sí, es cierto. Prat-Gay era el crítico más tenaz y consistente de la gestión del ahora ex presidente del Banco Central. Es, por lo tanto, doblemente elogiable que, aun en medio de tantas objeciones, el actual diputado haya decidido privilegiar la defensa de las instituciones.

Esto es: no se puede echar a un presidente del Banco Central como si fuera una secretaria indolente ni se puede disponer de las reservas nacionales como quien abre la cartera. Cobos, en cambio, se perdió en la maraña de una gestión de casi seis años para terminar respaldando aquellas extravagancias institucionales.

Lo cierto es que el vicepresidente debilitó también a Pesce, reemplazado urgentemente por Mercedes Marcó del Pont como titular del Banco Central. Otro amigo de la familia gobernante, Juan Carlos Fabrega, fue aupado al frente del Banco Nación. Fabrega habría sido el interlocutor entre los Kirchner y el juez Norberto Oyarbide cuando éste decidió archivar el caso del enriquecimiento ilícito del matrimonio presidencial.

Los caprichos le cuestan cada vez más al kirchnerismo, pero también es cierto que consigue, al fin y al cabo, darse todos los gustos. Redrado no está más en el Banco Central y Cobos se metió solo en la ratonera que le preparó el kirchnerismo. ¿No eran ellos los principales enemigos de los que gobiernan hasta hace apenas una semana?

La opinión de Cobos sobre los zafarranchos institucionales del kirchnerismo era importante no sólo por el caso de Redrado y las reservas. Cobraba mayor significación en un contexto en que la propia Justicia es acosada diariamente por el Gobierno en general y por la propia Presidenta en particular, como lo hizo ayer mismo. Alcanzaba más énfasis en días en que se renovaron las ofensivas verbales y prácticas contra los medios de prensa independientes, como lo demostraron las intensas gestiones recientes del oficialismo para lograr despojar a Papel Prensa de sus verdaderos dueños. Y era particularmente relevante cuando el Gobierno anunció que se propone cambiar la carta orgánica del Banco Central para convertirlo, seguramente, en una sucursal de los humores de Olivos.

Contraste

La actitud de Cobos contrastó con la del presidente provisional del Senado, el peronista José Pampuro, que renovó en los últimos días su condición de viejo constructor de puentes políticos. Funcionario leal al kirchnerismo (nunca votó en contra de los proyectos del gobierno), decidió, sin embargo, no sumarse al griterío oficial contra los jueces ni contra la Corte Suprema de Justicia.

Cobos ha iniciado también otra era en su relación con el radicalismo. Consultó sobre su decisión a tantos argentinos como hay en una guía telefónica, pero en el último minuto le pidió una opinión al presidente del radicalismo, Ernesto Sanz. El senador le mandó decir que debía proponer la aceptación de la renuncia de Redrado. Y punto. No era necesario que se metiera en el berenjenal que le armó el kirchnerismo.

Cobos tomó ese punto de vista como uno más entre cientos de otros puntos de vista. Lo descartó. ¿Cómo? ¿Y a qué cosa quedaba reducida la estructura del partido que le dio una gobernación importante, la de Mendoza, y a la que Cobos aspira a regresar para ser candidato presidencial? ¿Cómo cayó en el radicalismo esa fuga en solitario del vicepresidente? "Muy mal", fue la síntesis de un importante dirigente radical. La comparación con Prat-Gay es inevitable: el flamante diputado participó de un intenso debate interno en el partido que lidera Elisa Carrió y cumplió con sus conclusiones.

En rigor, a Cobos le costaba el regreso a un partido en el que su militancia no olvida que alguna vez se fue con Kirchner. La actitud del martes reabrió aún más las heridas que nunca se habían cerrado del todo. "El radicalismo tomó una decisión: no será cobosdependiente", se escuchó ayer en la cima radical, donde se anunció que la prioridad actual es la consolidación de la organización partidaria. ¿Será Cobos el candidato a presidente del radicalismo? "Sólo si es el candidato adecuado a último momento", respondieron con una mezcla de decepción y furia.

Dicen que Néstor Kirchner suele explotar con una frase de intimidación en los últimos días. Es ésta: "Puede ser que me tenga que ir, pero me los llevaré puestos a varios". Algunos adversarios están corriendo para ayudarlo a cumplir con esa obsesiva determinación, una desesperada amenaza.

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