Cobos, en un desfiladero

Por: Ricardo Kirschbaum

Julio Cobos vive una situación difícilmente parangonable en el mundo de la política. Es vicepresidente de un Gobierno con el que se propone competir en las presidenciales de 2011. Es, hoy por hoy, el principal candidato a enfrentar a Néstor Kirchner, si el ex presidente logra triunfar en la interna justicialista frente a Duhalde, Reutemann o De Narváez, si se presentan.

Esta anomalía político-institucional se ha ido consolidando desde que Cobos decidiera en julio de 2008 desempatar en contra de la resolución 125. De representar al "radicalismo yrigoyenista", como el oficialismo calificaba a la corriente de radicales que se habían aliado con Kirchner, pasó a ser un traidor sin retorno para la Casa Rosada.

Esta contradicción no es la única con la que tiene que lidiar Cobos. También su coqueteo con el kirchnerismo, porque fue Néstor el que lo puso en la fórmula con Cristina en 2007, había determinado su expulsión de la UCR, sanción que fue revertida por conveniencia política. Pero el agravio que sintieron los radicales sólo fue mitigado porque Cobos es el único candidato instalado con capacidad de llevar al partido a la victoria.

Además, después de la mala experiencia de De la Rúa, Cobos sabe que tiene que disolver la imagen de que los radicales no saben gobernar. Eso es lo que el vicepresidente quiere contrarrestar.

Simultáneamente, la pugna interna en el radicalismo sobre la conveniencia de permanecer en el cargo de vicepresidente se ha acrecentado. Hay quienes marcan esa dualidad insostenible entre su pertenencia al Gobierno y su condición de opositor. Y le piden definiciones.

En ese estrechísimo desfiladero, también Cobos deberá mostrar de qué madera política está hecho, y que no llegó hasta aquí sólo por morosa inercia o por un oportunismo "no positivo".

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