Cobos deja aliados en el camino para evitar tropiezos en su carrera hacia 2011

Por Walter Brown

La decisión está tomada. El vicepresidente Julio Cobos está dispuesto a negociar espacios de poder dentro del radicalismo para consolidar su proyecto presidencial y evitar, al mismo, cualquier confrontación que lo ponga en peligro, aunque ello signifique dejar aliados a un costado del camino, como el gobernador correntino Arturo Colombí.

El mendocino entendió que el resultado de la elección que se desarrollará el próximo domingo en la provincia litoraleña amenazaba con oradar las bases de un acuerdo interno que comenzó a construir tiempo atrás en el radicalismo. Frente al mandatario provincial estará su primo Ricardo Colombí, apoyado por la actual conducción de la UCR, con la que Cobos se sentará hoy a dirimir diferencias en pos de la unidad. Y los pronósticos señalan que su aliado no logrará superar el desafío. El razonamiento surgió naturalmente en los últimos días. Si los números nacionales están a favor. Si la interna partidaria parece acomodarse. Si Elisa Carrió no hace pie con su proyecto de partido único. Si Carlos Reutemann se desgasta en peleas peronistas. Si hay denuncias de corrupción que salpican al aliado correntino –su secretario privado fue detenido y acusado de enriquecimiento ilícito– y las encuestas le vaticinan una derrota en ballottage, entonces, "¿para qué arriesgar ese capital con una foto de cierre de campaña?", se preguntaron en su entorno. En Corrientes ya lo descuentan. Ayer fue la diputada electa de PRO Gabriela Michetti la que suspendió su viaje a la capital provincial para apoyar la reelección del candidato del oficialista Frente de Todos. Y mañana lo será el vicepresidente.

Desde que su voto contra la resolución que establecía las retenciones móviles lo despegaron, definitivamente, del andamiaje kirchnerista, Cobos resolvió medir cada uno de sus pasos. Sus posturas, generalmente contrarias a los deseos del matrimonio presidencial, lo establecieron como una figura referencial de la oposición. Y los resultados de los comicios del 28 de junio pasado lo ubicaron en el primer lugar de la lista de postulantes a la sucesión de Cristina Kirchner. Hoy, según datos de la consultora OPSM, encabeza la intención de voto presidencial con un 18% sin proyectar, por encima de Néstor Kirchner (14%) y Mauricio Macri (10%). Con algunas diferencias en el orden de sus seguidores, también Management & Fit lo ubica al tope de las preferencias. Exponerse a una derrota electoral en Corrientes y reactivar las peleas internas en el radicalismo podrían en riesgo esa posición de privilegio. Los casos de Reutemann y Carrió dan testimonio de ello.

El santafesino fue víctima de la ansiedad de algunos referentes del peronismo disidente, en especial Eduardo Duhalde, que olfatearon cierta debilidad kirchnerista tras los comicios legislativos y se apuraron en plantar bandera en un terreno aún fangoso para el peronismo. Su imagen dubitativa volvió a aflorar y, con ello, cayó su cotización hasta el 10% en la pizarra de presidenciables. En tanto, Carrió se trenzó en una inesperada pelea con sus socios electorales, en particular con la bonaerense Margarita Stolbizer, y tras la experiencia del ARI y la corta vida de la Coalición Cívica avanzó en la ya desgastada idea de formar una nueva fuerza que le garantice compromisos que hoy parece conseguir. También su candidatura, que solía tener un piso de 15% en los últimos desafíos presidenciales, hoy no alcanza ni siquiera al 5%.

Cobos tomó nota y decidió no correr más riesgos. Hoy tendrá que lidiar con la ortodoxia del comité nacional del radicalismo y mostrará como gesto de buena voluntad su paso al costado en la pelea correntina, para que una posible cruz en el casillero de las caídas electorales quede más borrosa. En el futuro, deberá convivir en el Senado con el jujeño Gerardo Morales como jefe de bloque, pero tendrá en la conducción partidaria a un hombre más componedor como el mendocino Ernesto Sanz. Y el 10 de diciembre lo espera un bloque de 72 diputados propios, apenas 20 menos que los que tendrá el Frente para la Victoria. Una cuota de poder que ningún otro aspirante al sillón presidencial podrá mostrar y que le garantizará mantener injerencia en la vida institucional cuando, entrado el año próximo, llegue el momento de dejar la Vicepresidencia para encarar su desafío 2011.

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