El club de la buena onda kirchnerista

Por Sylvina Walger

La pareja presidencial está enojada. Ninguna novedad, lo está desde que llegó a la primera magistratura. Los responsables de la ira actual (porque ha habido otros) son Héctor Magnetto, Clarín y sus sufridos escribas, Julio Cobos, la Justicia y, por supuesto, Martín Redrado y cualquiera que lo defienda. Todos complotados para sacarlos a ellos del camino.

Mientras el campo, epítome de la oligarquía que anhelan desplazar, por el momento está en el freezer. Tal vez por aquello de no abrir tantos frentes a la vez. Eso no los exceptúa de participar también del grupo de malignos responsables de una conspiración "destituyente" empeñada en alejarlos del Poder.

En medio de sus afiebradas visiones, la Presidenta hizo realidad el apotegma "el que se va a Sevilla perdió su silla" y decidió no viajar a China. Una visita a la principal potencia mundial (y creo no exagerar) que al país justamente le convenía. El motivo: Cobos acabaría dejándola sin silla. El vicepresidente amagó hasta casi jurar por Dios que no le sacaría el puesto y que se portaría bien pero no hubo caso. Cristina se emperró en no moverse de aquí.

Grave equivocación, parecen no haberse enterado de las cadenas de rosarios, ruegos o promesas que circulan en invitaciones vía mail u otro tipo de correos, para que Poder Ejecutivo resista esas ganas de abandonar todo y deje de amenazar con su desaparición. La Argentina necesita a sus presidentes aunque todo sería más fácil si aceptaran una terapia tipo de pareja pero con Cobos, Redrado y Magnetto como contrincantes.

El mayor padecimiento al cual se encuentra sometido esta peculiar y aislada pareja, es darse cuenta que sus compatriotas no les reconocen todo el bien que han hecho por el país. No lo pueden entender. No se les agradece nada, ni siquiera la batalla por los derechos humanos. A esta altura pocos son los que ignoran la instrumentación política que el matrimonio ha hecho de la tragedia.

Solo así se puede comprender que hayan imaginado una emisión como 6, 7, 8 consagrada a dar a conocer sus logros y a desmentir lo que consideran infundios.

Por ejemplo, que la economía no va demasiado bien . 6, 7, 8 es un programa del que Goebbels se hubiera enorgullecido. El método no sólo es la descalificación permanente del adversario (lo de adversario es un eufemismo, ahí todos son enemigos) sino la repetición hasta el infinito (en este caso los archivos de Diego Gvirtz) de imágenes en la que otros comunicadores sostienen una visión no sólo distinta, sino más realista de lo que ocurre en el país.

Sin ir más lejos el programa del lunes por la noche abrió con las fotos de tres enemigos "clarinistas": los periodistas Marcelo Zlotogwiazda, María O´Donnell y Magdalena Ruiz Guiñazú. Esto provocó la reacción de Carlos Barragán, un guionista recién incorporado al programa, que no es periodista pero es buena gente.

El problema más grave de 6, 7, 8 es que sus integrantes son más "pseudoperiodistas" que periodistas. No leen el diario, tal vez ojeen El Argentino y se limitan a repetir lo que sus jefes les ordenan. Orlando Barone -que en su vida hizo política- fue cacheteado por la dirigente de Libres del Sur, Victoria Donda, porque el militante kirchnerista la acusó de haber votado con el campo. Había confundido proyecto Sur con Libres del Sur. Imperdonable error en un setentón al que nunca le importaron demasiado los desaparecidos.

Carla Czudnowsky es una experta en sexualidad, supuestamente puesta ahí para el toque de sentido común. Pero como le cuesta encadenar conceptos, María Julia Oliván se ve obligada sistemáticamente a cortarla. En cuando a Sandra Russo parece ser la comisaría política del Canal 7 ("canal público" según Oliván, canal K según el vulgo). Suele aplicarle sus sermones a Mirtha Legrand, a quien defenestró para siempre luego de que la escuchó decir que prefería hablar de la Argentina antes que de Honduras. Admito que estuve del lado de Legrand.

Uno de los principales frentes de batalla de esta unidad defensora -atribuyo la idea a alguna pitonisa que visite la Rosada-, es la "lucha contra el desánimo" y la falta de "buena onda". En la Argentina todo va mejor que nunca. No en vano el ex presidente Néstor Kirchner coronó la noche de su visita con un "ésta es una batalla por el amor" y, sin embargo, apenas superó los 2 puntos de rating.

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