Un clima de preocupación domina al empresariado

Las autoridades debieron explicar ante España y dirigentes locales que no existe ningún plan expropiador. Se le pide al Gobierno el respeto de las reglas de juego de la economía.

Por: Marcelo Bonelli

Cristina envió esta semana un mensaje a la comunidad de negocios: que no existe ningún plan expropiador, ni de nacionalizaciones empresarias masivas después de la estatización de las AFJP. Lo hizo en varias reuniones reservadas con empresarios, y el miércoles se lo trasmitió a Antoni Brufau, el influyente titular de Repsol-YPF. Así se lo dijo: "No vamos a nacionalizar ninguna empresa. Quiero que se lo trasmita así a sus colegas, porque levantaron fantasmas infundados de expropiación al capital privado."

El ex presidente Néstor Kirchner también lo repitió en reuniones del equipo económico. Frente a Carlos Fernández, y Martín Redrado afirmó: "No hay nada de eso."

La acción conjunta de los funcionarios obedece a que existe preocupación del movimiento empresario por los próximos pasos del kircherismo. Este temor se reflejó en cuatro declaraciones de calificadas entidades empresarias. Primero fue la Unión Industrial. Pero luego, y en forma casi conjunta, se manifestaron la poderosa Asociación Empresaria Argentina, la Asociación Cristina de Empresas y el Coloquio de IDEA.

En las cuatro declaraciones contundentes, los máximos hombres de negocios expresaron esa inquietud. Exigieron preservar el derecho a la propiedad privada y el respeto a las reglas de juego de la economía.

Lo hicieron por una cuestión: existen dudas de que el compromiso presidencial sea cumplido en el futuro.

La cuestión obligó a la Presidenta a aclarar y explicar sus planes en el exterior. Lo debió hacer con el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero. También, en los encuentros previos para participar de la reunión crucial del Grupo de los 20 que convocó Estado Unidos.

Cristina Kirchner estará en una semana en esa cumbre mundial para evaluar una salida a la crisis económica.

Ese encuentro es crucial para el país. Primero porque pondrá a la Presidenta en un lugar de privilegio, que le permitiría recuperar algo del amplio terreno perdido por la Argentina a nivel internacional. Y, segundo, porque en el encuentro se tratarán mecanismos de ayuda internacionales, algo clave para una Argentina necesitada de financiación internacional barata.

Los pasos de la Presidenta deben ser meditados y medidos. Argentina enfrenta en Washington una ofensiva que busca excluirla del remozado Grupo de los 20. La iniciativa la encaran aquellos que propician un "escarmiento" político contra Buenos Aires.

Robert Zoellick, titular del Banco Mundial, lidera un grupo de financistas que impulsa una reducción del G-20 a sólo 14 naciones. En ese plan quedaría excluida la Argentina.

Señales negativas para la Argentina abundaron en las últimas semanas. Una, las declaraciones de Dominique Strauss-Khan, quien ya eliminó a la Argentina de cualquier ayuda excepcional futura. Según el Palacio de Hacienda, el titular del FMI pactó esa pregunta en una conferencia de prensa para referirse duramente contra Argentina.

El ex secretario del Tesoro John Snow decidió excluir a Roberto Lavagna de una reunión del ex ministros del G-20 para analizar los motivos de la crisis. Fue un encuentro realizado en Estados Unidos.

Ahora prepara otro idéntico Antonio Palocci en Brasil, y tampoco habrá delegados de la Argentina. La actitud es un reflejo del trato político distante de Argentina hacia Washington. Y de la falta de cumplimiento de normas básicas.

Pero también se debe a la escasa pericia del Palacio de Hacienda y de la Secretaría de Finanzas para atender y contener a los funcionarios de los organismos financieros internacionales.

Mañana en San Pablo habrá una cumbre preparatoria del G-20, de la que participarán ministros y titulares de bancos centrales. La delegación de Argentina viaja con una posición muy crítica hacia el FMI.

Está contenida en un "paper" de cuatro carillas, titulado "Hacia una nueva arquitectura financiera internacional." En su redacción se utilizan muchos párrafos contra el Fondo Monetario y existe sólo un puñado de propuestas.

Así lo dice: "La actual crisis demuestra que las instituciones de Bretton Woods, en particular el FMI, han sido incapaces de cumplir su mandato." Un diagnóstico ya conocido.

Brasil pretende que Argentina acompañe su posición. La Presidenta a eso se comprometió con Lula.

El operador internacional es el ministro brasileño Guido Mantenga. La propuesta de máxima es la siguiente: reformular al FMI y permitir que su conducción sea abierta a dirigentes de naciones emergentes. Brasil aspira a la vicepresidencia.

Lula trabaja con la dupla Nicolas Sarkozy -Gordon Brown, quienes son los verdaderos impulsores del replanteo. Tienen un fuerte apoyo intelectual de Mario Draghi, titular del Banco Central de Italia.

La propuesta incluye, entre otros, estos aspectos:

Revitalizar al FMI, para que dé asistencia financiera sin condiciones a países con problemas de liquidez. Esto ya lo pidió Argentina.

Creación de un sistema de "alerta rápida" para detectar problemas en la economía mundial.

Colegios de supervisores que controlen a los bancos multinacionales en todos los países que operan.

Supervisión estricta a las "calificadoras de riesgo" que, como Standard & Poor's, Fitch y Moody's, tuvieron un papel deplorable en la crisis internacional.

Para este proyecto, tendrían un aval de los equipos técnicos de Barack Obama. Entre los demócratas que lo asesoran --Robert Rubin y, entre otros, Larry Summer-- existe un convencimiento: la necesidad de modificar y relanzar al FMI.

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