El clima financiero mejora, pero el aumento del empleo está lejos

Por: Daniel Fernández Canedo

Boudou retrocedió un poco ayer respecto de lo que fue su acuerdo para que el FMI venga a revisar la marcha de la economía argentina.

"Primero -dijo al volver de Estambul y reunirse con la Presidenta- no está decidido si va a haber revisión" Y, segundo, cómo sería.

El ministro de Economía debía estar esperando la bendición de Néstor Kirchner sobre su actuación en la reunión del Fondo Monetario y eso lo llevó a abonar de prudencia el terreno.

El Gobierno necesita plata y produce un giro político frente al Fondo que pone al descubierto una estrategia de perro que se muerde la cola.

Va al FMI con el supuesto objetivo de conseguir un visto bueno que le permita refinanciar cerca de US$ 7.000 millones con el Club de París. Todo para, después, poder acceder a créditos de largo plazo que, a su vez, favorezcan un aumento de las inversiones.

En lo esencial el Gobierno normalizaría la relación con el Fondo para intentar recobrar la confianza financiera que perdió en los últimos dos años.

El resultado de esa desconfianza fue la salida de 40.000 millones de dólares del país. Esto, como dice un informe de Mardio Damill de la Iniciativa para la Transparencia Financiera, equivale "a 6 puntos del PBI y representa 1,3 veces, aproximadamente, el stock de total de crédito interno otorgado por los bancos privados".

En otras palabras, la Argentina tiene plata, pero la incertidumbre determinó que buena parte de ella emigrara.

La fijación de una agenda que contemple acuerdos con el Fondo, con el Club de París y con los bonistas que se quedaron fuera del canje de 2005 tuvo su correlato en la marcha de los mercados.

Entraron capitales, subieron mucho los precios de los bonos argentinos y, por consiguiente, bajó el riesgo país.

En promedio, la renta de los bonos argentinos bajó de 30% a 12% en seis meses y eso significa una mejora muy importante.

Fue una verdadera fiesta financiera que se completó con un dólar quieto, en un contexto en el cual desapareció de la superficie la posibilidad de una devaluación brusca.

Desde agosto el Banco Central lleva comprados casi US$ 1.500 millones. Y en las últimas semanas se hizo más sólido el crecimiento de los depósitos en pesos en los bancos.

La crisis comenzó por lo financiero con la caída de los precios de bonos y acciones. Después vino la recesión y la caída del empleo.

La salida de la crisis plantea el camino inverso con la recuperación financiera.

Suba de bonos, regreso de depósitos a los bancos y, se espera, una baja de las tasas de interés.

Ese resultado debería "derramar" sobre la actividad económica, permitiendo un aumento del consumo y la inversión que, a su vez, se refleje en una mejora del empleo.

Pero para la Argentina este proceso se presenta complicado, especialmente en lo que se refiere a un aumento de los puestos de trabajo.

En el último año se perdieron 226.000 empleos de trabajadores que estaban en blanco. Y las encuestas indican que los empresarios no prevén tomar personal.

Economistas como Jorge Vasconcelos del IEERAL calculan que sólo si la economía crece más de 3% el año próximo, se puede esperar una mejora del empleo.

Y otro consultor, Miguel Bein, cree que si bien el año que viene la economía crecerá 4,2%, más de dos puntos de ese crecimiento será por el aumento de la cosecha. Y por esa vía no se puede esperar una suba de la oferta de trabajo.

Varias ramas industriales tienen una alta capacidad instalada ociosa. Sólo una recuperación franca llevaría a aumentar la nómina de personal.

Parafraseando nuevamente a Bein, la principal medida económica de los últimos tiempos fue que... llovió. Eso es lo que perfila una mejora importante de la cosecha respecto del año anterior.

Entre el aumento del área sembrada con soja y la lluvia se podría explicar dos puntos de crecimiento para la economía, pero eso no alcanza para garantizar un aumento del empleo.

El INDEC calcula la desocupación en 8,8%, con lo cual habría 1.800.000 desocupados. Los privados la ubican unos dos puntos arriba.

Sin crecimiento del consumo y la inversión es imposible imaginar una baja del desempleo.

Y para que eso se produzca, hay un punto a favor. El dólar quieto incentiva el consumo.

Pero para alentar la inversión se necesita mucho más. Y un ingrediente fundamental es la confianza, algo que en la Argentina escasea y con intensidad.

Tanto es así que se puede caer en la cuenta de que se necesita plata, cuando en realidad la plata está. Pero guardada y a la espera de que vuelva una situación de normalidad en la que se pueda confiar.

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