Clima extraño y de fantasía

Por Joaquín Morales Solá

Cristina Kirchner y Hugo Moyano se autoincriminaron cuando denunciaron un clima de desestabilización. ¿Quién, más que ellos, ha contribuido, por acción u omisión, a la creación de un clima ciertamente extraño, en el que claras minorías sociales toman diariamente de rehén a una enorme mayoría de argentinos? ¿Quién, si no el Ministerio de Trabajo, debió resolver hace rato la pelea entre camarillas sindicales que deja habitualmente sin subterráneos a los ciudadanos de la

Capital?

¿Quién, si no el gobierno nacional, creó nuevos planes sociales para desempleados y los entregó a los intendentes y punteros kirchneristas? ¿No fue esto, precisamente, lo que provocó el forcejeo inmediato de los piqueteros antikirchneristas?

Las comisiones internas de los subterráneos están gobernadas por hombres que pertenecen a la ultraizquierda. No quieren estar en la UTA, el gremio de los transportistas que integra la CGT; quieren crear su propio gremio y sumarse con él a la CTA, la otra central de trabajadores con ideas más de izquierda que la tradicional central de trabajadores. Hasta ahí es un problema de sensibilidades políticas y de encuadramientos gremiales. Cualquier opinión política es legítima. El problema surge cuando esas opiniones se convierten en caprichos y los caprichos se transforman en salvajes huelgas que paralizan un transporte público esencial.

No es cierto que el Gobierno nunca hace nada. En la semana anterior, camiones hidrantes de la Policía Federal disolvieron, sin herir a nadie, un piquete de trabajadores en huelga de la central Atucha, que había cortado totalmente la ruta Panamericana. Anteayer, la policía reprimió, disolvió y detuvo a manifestantes que se paseaban desnudos por la Plaza de Mayo en protesta por el desalojo de un edificio ferroviario. El Gobierno hace cosas cuando no tropieza enmarañado en su propia red de alianzas, muchas veces contradictorias.

La trampa aparece cuando están en el medio los intereses de Hugo Moyano o de Hugo Yasky, el líder de la CTA, que es también uno de los dirigentes gremiales que más coincidencias tienen con el gobierno de los Kirchner. Moyano y Yasky se detestan, porque ambos compiten por la representación nacional de los trabajadores. Sin embargo, los Kirchner les han hecho concesiones a los dos y los dos se sienten comprometidos con el matrimonio presidencial.

El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, opinó que la huelga de los subterráneos es una "extorsión", que amarga la vida de un millón de usuarios cada día. Tiene razón, pero el deber del ministro no es opinar, sino resolver los problemas que ocurren en el ámbito sindical. ¿Puede hacerlo? ¿Cómo, cuando los dirigentes de los subtes quieren abandonar los brazos de Moyano para caer en los de Yasky?

El Gobierno no encontró mejor diagonal hacia una resolución del conflicto que presionar con métodos buenos y malos (más malos que buenos, en verdad) a la empresa Metrovías, concesionaria de los subterráneos, para que ponga en marcha el paralizado y esencial servicio. ¿Cómo lo haría? ¿Podría, por ejemplo, despedir sin consecuencias a los delegados gremiales que llaman a huelgas respaldadas sólo en las euforias de sus ombligos, sin que medie ningún problema laboral? Adiós a los subterráneos, entonces.

El paro de los subtes ?y el vasto sufrimiento social? podría continuar hoy, pero resulta que para hoy está convocada también otra ordalía de piquetes. Algunos líderes moderados proponen que en lugar de piquetes se realicen movilizaciones hacia el Ministerio de Desarrollo Social. Por momentos triunfan los duros; por momentos ganan los blandos. Sea como sea, piquete o movilización, lo cierto es que el centro de la ciudad volverá a ser tierra de nadie (o, en todo caso, de unos pocos revoltosos).

La razón de ese suplicio social será la protesta por la distribución arbitraria y sesgada de los subsidios para las llamadas cooperativas de trabajo para desocupados. Líderes socialistas han maldecido el mal uso que se le está dando al término "cooperativa" y a su sistema histórico. Cooperativas de trabajo no es, en rigor, un método de cooptación clientelar de adictos a una persona o a una franja política. El regateo a veces violento entre grupos piqueteros, opositores contra oficialistas, no es por poca cosa: la Presidenta anunció que se invertirán unos 10.000 millones de pesos en esos subsidios, aunque todavía no sabe de dónde los sacará.

"Clima provocado"

Cristina Kirchner ha dicho que el clima de desestabilización está siendo "provocado" y "amplificado". Vemos que nadie provoca más que el propio Gobierno y sus aliados el raro clima que, en efecto, cualquier argentino percibe. La denuncia sobre la amplificación es un misil directo hacia los medios periodísticos. ¿Deberían éstos callar cuando un millón de personas son privadas diariamente del crucial servicio de subterráneos? ¿Deberían mirar para otro lado cuando miles de argentinos chocan contra cortes piqueteros en la cardinal avenida 9 de Julio o en la no menos primordial ruta Panamericana? La Presidenta reclama una prensa que, simplemente, haya olvidado su razón de existir.

Moyano corre siempre detrás de Kirchner. La CGT convocó a una manifestación en Plaza de Mayo para el 20 de noviembre en apoyo al Gobierno, supuestamente "desestabilizado". Nadie hizo más que Moyano para profundizar el descrédito internacional de los Kirchner cuando boicoteó la libre distribución de los diarios en los mismos días en que deliberaba en Buenos Aires la Asamblea Anual de la SIP con delegados de todo el continente. Nadie "desestabiliza" más a un gobierno que un sindicato que usa los camiones y las fuerzas de choque propias para taponar las puertas de expendio de empresas de cualquier categoría. Ese es un método que sólo se usa, ante la mirada pasiva del Gobierno, en las orillas del mundo.

Aquel clima extraño convive con un vaho de fantasía. Todo parece una fantasía. Lo es la desestabilización del Gobierno como lo es el reclamo de una prensa ciega, sorda y muda. ¿No es fantasía pura que Moyano y Daniel Scioli hayan corrido para rechazarle a Kirchner una renuncia a la presidencia del justicialismo, que el ex mandatario presentó el 29 de junio pasado? Entonces dijo que esa renuncia era indeclinable y confesó que dimitía porque había escuchado la voz de la derrota del día anterior. Ahora volverá como si hubiera mediado una victoria que no ocurrió. ¿No es eso la definición misma de una fantasía?

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