El clima electoral en un mundo incierto

Por Ricardo Rouvier

Analista político. Titular de Ricardo Rouvier & Asociados

En las elecciones que vendrán, la crisis estará omnipresente y el péndulo de la política oscilará, más ostensiblemente, entre un retorno conservador, y una profundización progresista

Las recientes reuniones internacionales; la de La Habana en la que se reunieron una pluralidad de economistas y organismos internacionales; y la de los gobiernos progresistas en Viña del Mar; señalaron la coincidencia en el pronóstico de la crisis aunque hubo diferencias en el origen de la misma y en las recetas a proponer. Afirmaron, que la crisis es muy profunda, de larga duración; y que las primeras medicinas aplicadas, y resistidas por el núcleo duro de la crisis, agregaron más incertidumbre.

En la reunión en Chile, la socialdemocracia, mostró su dificultad para erigirse en una alternativa, luego que líderes como Gordon Brown sostuvieran durante bastante tiempo las bondades de un mercado financiero desregulado y con flexibilidad laboral. Como es costumbre Marco Aurelio García, mostró la capacidad que lo caracteriza alejándose de la critica europea al populismo.

Ayer terminó la reunión del G20 en Londress con más dudas que certezas y es por eso que la Argentina aprovechó la reunión de Viña para, sobretodo, concertar posición con Brasil; dialogar con Gran Bretaña y con el vicepresidente norteamericano. Es imprescindible para nuestro país cerrar con nuestro socio mayor en la región, luego de los reveses de la ronda de Doha, que fue el cuarto fracaso después de Cancún, Hong Kong y Potsdam.

En Chile, Lula cumplió su parte, en un discurso fuerte en defensa de los intereses de los países emergentes; estimulado por la exposición previa de Cristina Fernández de Kirchner.

Es indudable que un fantasma recorre el mundo de los países periféricos; el proteccionismo de los países centrales; a pesar de la retórica por parte de estos, que se rasgan las vestiduras.

Lo que nadie duda hoy es sobre el protagonismo del Estado. Las diferencia está entre: el rol de salvataje, o también de guía del desarrollo económico y titular de algunas sectores estratégicos. El keynesianismo dominante, desplaza un pensamiento clásico que se retira del escenario; y por esa ancha avenida transitan liberales, progresistas y socialistas.

En medio de fuertes dudas y pruebas para que el régimen capitalista arranque de nuevo; la política se enfrenta a un desafío enorme. Convertirse en un objeto subordinado a la crisis, o salir por arriba del laberinto. Le toca la dura tarea de convencer a muchos de la irresponsabilidad de unos pocos, y de achicar los grandes abismos sociales que se abrirán.

El peso de la crisis se va sintiendo en los países en vía de desarrollo, que como el nuestro, si mantiene el superavit comercial, es debido al desplome simultáneo de ambas vías del comercio.

El gobierno argentino busca relegitimarse, y aquilatar nuevas fuerzas de las elecciones, para seguir luego de un desgastante conflicto con el campo, y cuando los efectos de la crisis avanzan como una inundación. Será necesario, entonces; un gesto plebiscitario de la sociedad para el oficialismo o la oposición. Las razones que le otorga al Gobierno la crisis internacional, no parecen acreditables: las urgencias van adquiriendo un tono marcadamente local.

A falta de estructuras orgánicas propias; el kichnerismo se batirá entre la opinión pública y el PJ. Pone en juego 69 diputados y para mantenerlos deberá ganar por una diferencia apreciable a una oposición que tiene algunos anclajes geográficos. El PRO intentará consolidar un puente sólido entre la ciudad de Buenos Aires y la Provincia de Bs.As., estando muy débil en el resto del país; y la Coalición Cívica, al excluirse Carrió, cuenta con un mal pronóstico en la elección porteña, y; por ahora, va tercera en la Prov. de Buenos Aires. Asoma una esperanza en la solicitud de Binner de abrirse a un frente con Carrió y Cobos.

Todos los actores necesitan de alianzas o pactos para poder acercarse o mantener el poder. Pero, parece que el P.J, una vez más, puede ser el árbitro de la situación.

En las elecciones que vendrán en el mundo la crisis estará omnipresente, y el péndulo de la política oscilará, más ostensiblemente, entre un retorno conservador, o una profundización progresista.

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