El clientelismo K está a la orden del día.

Enviados del Ministerio de Acción Social llegan a distintas localidades del interior provincial con todo tipo de "ayuda" para sus habitantes. Las incursiones se incrementaron durante las últimas semanas. Todo vale por un voto frente a una reñida elección.
Plácido Martín titubeó frente a la boleta del Frente para la Victoria que le acercaban junto a una invitación: "Si quiere venir, esta noche tenemos el acto en el club y vamos a entregar lo que manda el Gobierno para la salita". Plácido Martín tragó saliva y contestó: "La lista se la recibo porque yo también he repartido propaganda, pero estoy en el Acuerdo Cívico y Social y soy el delegado municipal". La computadora y el lavarropas enviados por Alicia Kirchner llegaron sin escalas a la cooperadora que colabora con el pequeño centro de salud. El gambito ministerial había dejado a un costado del camino a los funcionarios comunales. Los intermediarios entre las ayudas y los beneficiarios iban a ser los concejales y candidatos de las listas K.

Ocurrió hace dos domingos en Smith, un pueblo distante 30 kilómetros de Carlos Casares. Cien hectáreas que incluyen el centro del poblado y las chacras. En esa superficie se contabilizan una comisaría; un policía que reporta a Casares; una escuela primaria; dos secundarias; una capilla; un jardín de infantes inaugurado en los años 80; una salita de primeros auxilios con cuatro camas, una médica clínica, una dentista, una ginecóloga y un podólogo; cuatro almacenes; una panadería con horno de leña que no alcanza a abastecer a los vecinos y obliga a comprar el pan en Casares y venderlo en los kioscos; la pensión de la familia Fornero, albergue de los trabajadores rurales que se acercan para las cosechas; una ferretería; dos carnicerías; un museo con viejos proyectores de cine, antiguallas del trabajo agrícola y surtidores centenarios; dos plazas, una grande, la 20 de Enero, y una más pequeña; la estación de trenes desapareció en los 60; la única vía de comunicación es la ruta 50 que empalma con la 5 y une Casares con Lincoln; un micro local sale a las 7.30 de la mañana, se adentra en los pueblitos cercanos (Moctezuma, Hirsch) y regresa a las 12 del mediodía para volver a partir a las 15.30 y reaparecer tres horas más tarde en las calles de tierra de la localidad. Smith vive del reflejo de la ganadería y de la agricultura que concentran las estancias de los alrededores: La Indufina y La Unión, propiedad de los Grobocopatel; Villa María y San Isidro, de los Pereda; la 13 de Abril y El Carmen, de los Ayerza. Mucha extensión y poca mano de obra. "Con una fábrica que ocupara 30 o 40 trabajadores solucionaríamos los problemas", dice Plácido Martín, "radical de alma".

Su afirmación parece un disparate pero no lo es, porque Smith llegó a tener 5.000 habitantes pero hoy no pasa de los 700. Y sobre esas 700 almas de adultos y niños cayó estos días una lluvia de subsidios y promesas de subsidios: 40 mil pesos para el Club Social y Deportivo Smith, 20 mil para una de las escuelas, 20 mil para la iglesia y 60 asistencias para microemprendimientos. A menos de un mes de los comicios más reñidos de la provincia de Buenos Aires en muchos años, el 10 por ciento del censo recibió artefactos, maquinarias, alimentos, bolsones de comida o, si se prefiere, el juramento de que algo de eso llegará antes, o más bien después, del 28 de junio. La teoría del derrame se hace realidad a la hora de las urnas.

Lo de Smith es la réplica en pequeña escala de lo ocurrido hace tres semanas en Carlos Casares. El largo brazo del Ministerio de Acción Social, representado por Carlos Castagnetto, secretario de Coordinación y Monitoreo Institucional, llegó hasta las instalaciones del Club España cargado de vales para herramientas, amasadoras, cocinas, heladeras, calefones. En total, dicen, 1.200.000 pesos destinados a l50 entidades, de las cuales 125 son talleres familiares. Los bomberos hicieron ulular las sirenas porque también tuvieron su parte: 75 mil pesos. El milagro electoral venía a satisfacer los sueños y pedidos recogidos por el "tren sanitario" en su paso por la zona. Esos deseos se materializaron el 8 de junio, de la mano de concejales y candidatos del PJ, modernos reyes magos que recorrieron los barrios repartiendo enseres, maquinarias y alimentos comprados con los fondos públicos. El intendente Omar Foglia no fue de la partida en ninguna de las dos ocasiones, tal vez por su condición de adherente a la fórmula Margarita Stolbizer-Ricardo Alfonsín.

En cambio su colega Aldo San Pedro, lord mayor de Bragado, sí que pudo darse el gusto de ver el rostro radiante de su feligresía ante los panes y los peces que caían desde lo más alto del viejo edificio de Obras Públicas. Más de 3 millones para instituciones, ONG, salitas, microemprendedores. Un festival de máquinas de coser, cortadoras césped, bordeadoras. El intendente de Bragado es kirchnerista de la primera hora, como los concejales y candidatos que lo ayudaron en el reparto. Y eso, lo sabe bien Aldo San Pedro, es como tener las llaves del reino.

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