El Cleto, un hijo no reconocido de Perón.

Por J. Fernández Rojas.

Una crónica de las actitudes del vicepresidente lo traslucen como un peronista no declarado. El vicepresidente y sus dichos íntimos lo pintan como un pragmático sentimental. Una personalidad que marca el último lustro político de Mendoza. Jugar sin red, sin temor a perder, y la capacidad de no ponerse techo en su carrera.

El adagio impuesto desde que Juan Domingo Perón comenzó su exilio político que duró 18 años dice: "No se puede gobernar sin el peronismo".

Esta certeza política que marca a la Argentina desde 1955 parece patentarse en cada elección.

En esta, la número 14 desde el regreso al sistema democrático en 1983 el peronismo ha sido quien ha dictado el compás de la política argentina.

Pero más allá de las distancias de los tiempos y salvando las dimensiones históricas, a ese fenómeno insoslayable y añoso del peronismo esta se le antepuso otro nuevo e incipiente pero con características comunes básicas propias de Perón.

El fenómeno es Julio Cobos que encontró en esta elección en triunfo indexado que se le negó hace dos años atrás.

El mismo ex gobernador y actual vicepresidente es su propia realización política y mantiene intacta su sello de jugar sin red y sin techo y eso lo hace distinto del resto de la fauna política que de tanto repetir los modelos impuestos se ha vuelto previsible.

Siendo Cobos gobernador, reconoció alguna vez mientras cenaba con algunos colaboradores, en el tradicional restaurante Belgrano Sándwich que él pretendía sólo ser "el Pancho Gabrielli radical y después me vuelvo a mi casa tranquilo".

Pasó el tiempo y Cobos superó ese sueño a fuerza de hacr buenas migas con otro que juega fuerte en la política, Néstor Kirchner. Así llegó a la vicepresidencia gracias a esa misma actitud de jugar sin red y sin techo, aunque tuvo que masticar la derrota en manos de Jaque en la gobernación.

Recompuesto de aquella afrenta que aún la recuerda, el Cleto -como lo llaman sus compañeros maratonistas-tuvo su oportunidad de revancha el año pasado.

El día del cumpleaños de su hija Virginia el 21 de junio de 2008, en su módica casa de la Sexta Sección me dijo que ya había pasado mucho tiempo quieto y que extrañaba la función ejecutiva.

Para ese momento ya había redactado y publicado su carta abierta proponiendo una salida al conflicto entre el Gobierno y el campo por las retenciones señalando que debía ser el Congreso la salida institucional al enfrentamiento.

En el living de su casa esa fría tarde junto a su perra Bianca ensayó su argumento que luego lo repitió en el despacho del Senado y resonó en el país aunque nadie lo tomó como lo que era: una advertencia cobista.

"El error es que se están buscando votos en las cámaras legislativas, cuando lo que hay que buscar son consensos. Por que allí andan los diputados caminando de arriba para abajo pensando qué van hacer", dijo el Cleto con su tono medio.

Menos de un mes después le tocó a él hacer lo que le costó madurar en esa carrera desenfrenada que desembocó en la madrugada del 18 de julio con el voto no positivo.

Esta crónica añeja es sólo el ejemplo del pragmatismo de Cobos, este hijo de un peronista auténtico y devenido en afiliado radical en 1991.

El pragmatismo en el cual se vería identificado el mismo Perón. El mismo pragmatismo que le permitió ganarle a dos de sus actuales aliados peronistas.

A Guillermo Amstutz lo derrotó en 2003 por la gobernación y a Enrique Thomas lo derrotó en las legislativas de 2005. Hoy ambos peronistas accederán a una banca provincial y nacional respectivamente gracias a quien antes tuvieron que sufrir como adversario político.

Hoy estos legisladores sienten gratitud con Cobos y trabajan para él. Eso le ha permitido tener contactos intrínsicos con el bonaerense y triunfante Felipe Solá.

Porque, por intuición más que por sabiduría, Cobos entiende el adagio: "No se puede gobernar sin el peronismo". Él reconoce esta veta discretamente cuando recuerda a su padre.

"Aprendí a admirar a Perón a través de mi padre. Todavía recuerdo la muerte de Perón, nunca lo vi sufrir tanto a mi viejo, eso me marcó", sabe contar cuando entra en confianza. Debe ser por eso que Perón bien podría reconocerse en este radical que tiene actitudes peronistas y que ya ha blanqueado su intención de ser presidente, como Perón -mal les pese a los justicialistas que hasta ayer gobernaron con alguna comodidad esta provincia-.

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