Las claves de una elección local donde la gente mostró que la propaganda mediática y los aparatos pueden ser inservibles

Ernesto Cladera le ganó a los tres mayores aparatos políticos de la Ciudad (Municipio, Coopelectric y Ceco/Pami), sin contar con ninguna estructura de similares dimensiones. Consolidó de modo contundente el voto anti-peronista.
José Eseverri pagó carísimo la doble testimonial, la imagen que se creó en los primeros seis meses de gestión y el alejamiento de la figura de su padre. El elector obvió tonelada de propaganda oficial, obras por millones y elogios del periodismo. El curismo debió sacar más votos, pero Unión Pro pagó carísimo (tres senadores) la torpe caída de las listas locales en Olavarría, Azul, 25 de Mayo y Bolívar.

El triunfo de Ernesto Cladera en las elecciones legislativas no solamente sorprendió al grupo político del oficialismo (que en la noche del domingo estaba seriamente golpeado, incluso en su estructura de cálculo y previsión de resultados), sino que dejó mal parado a casi todo el sistema de aparatos y propaganda política, que quedó relegado, muy poco influyente a la hora de definir el voto de los olavarrienses.

El resultado, que cambia el mapa local de cuajo, puede analizarse en las siguientes variables:

El voto no peronista. Cladera concentró a prácticamente todo el arco no peronista de la Ciudad, salvo los 3.000 y pico de votos que se llevó la UCR de Carlos Acosta. También es probable que haya tomado algo del voto peronista que ya no reconoce a Néstor Kirchner como uno de los suyos, y que quería castigar al virtual Presidente de la Nación en ejercicio.

José drenó mucho. Nadie esperaba en el oficialismo este resultado. Nadie. Incluso hay fuertes reclamos al asesor y encuestador oficial Luis Mosquera. El triunfo de Cladera se explica no tanto por sus méritos como por los errores del oficialismo, que no logró retener su propio caudal de 2007 y tampoco sumó nuevas adhesiones. Cladera no hizo casi nada, y tampoco demostró aún que tenga la talla que le dio esta elección: le sirvieron mucho en bandeja.

La migración del voto Helios. Es muy probable que José Eseverri no haya conseguido consolidar el voto de su padre, Helios Eseverri. Sí lo consiguió en 2007, cuando fue a elecciones apenas un mes y diez días del fallecimiento del caudillo local. Pero los drásticos cambios de estilo que impuso en el primer año de gestión lo alejaron de la opción media del voto local, que tiene un alto componente conservador. La mayor parte de ese voto drenó hacia Cladera, al menos hasta que alguien demuestre lo contrario.

El voto real de Eseverri y Tabarés quedó bajo cuestión. Es cierto que a partir de que se conocieron los primeros números adversos el oficialismo apuró una misma interpretación: dijo que no se trataba de una derrota local, sino que simplemente en Olavarría no salieron primeros porque el votante castigó a la lista K a nivel nacional. Es un argumento atendible, pero choca de bruces contra todo el anuncio de campaña a la hora de justificar las candidaturas testimoniales de José Eseverri y Alicia Tabarés, quienes solamente entraron a esos puestos ficticios para tratar de levantar con su propia imagen el contrapeso nacional. Jamás hubo otra justificación para candidaturas que nunca iban a hacerse realidad en una banca: estaban allí para someter a escrutinio sus años de carrera política y una pertenencia concreta a una gestión. Nadie recordará jamás que el candidato real era Julio Frías, el tercero, quien no tiene un solo gran afiche callejero en toda la Ciudad, y medido en las encuestas no debe pasar de un dígito de conocimiento público.

El fracaso de las grandes estructuras políticas locales. Este es el mayor mensaje de la elección. Ernesto Cladera, sin andamiaje alguno, sin publicistas y sin hacer alianza con el sello de la UCR aplastó de modo categórico a los tres aparatos políticos temibles de la Ciudad: a) el Municipio de Olavarría y todas las dependencias satelitales de la Provincia que manejan el eseverrismo y Tabarés (Ioma, los centros de documentación, el Ministerio de Trabajo, entre otros, además de los fondos de dos bancas propias); b) Coopelectric y la banca de Diputados de Mario Cura y c) la estructura del Centro de Empleados de Comercio de Miguel Santellán y el Pami de Adriana Capuano. Son poderosísimas armas de captación de recurso electoral cautivo, de influencia mediática a través de publicidades y de peso de movilización. Cladera los borró del mapa. Mejor dicho: la gente les dio soberanamente la espalda a la hora de entrar al cuarto oscuro.

La gran derrota de la propaganda paga. Nunca antes todo el aparato de promoción publicitaria y periodística quedó tan en jaque como en esta elección. Entre Eseverri/Tabarés, Santellán y el curismo deben haberse aproximado al medio millón de pesos invertidos en propaganda, encuestas, actos, publicidades, sobres a mercenarios mediáticos, favores, subsidios, comidas, fiestas, anuncios, obra anunciada, incentivos y falsas mediciones de todo tipo. La gente obvió toda esa parafernalia y votó lo que quiso.

La otra derrota: la obra pública como compra de votos. Ningún otro gobernante de Olavarría anunció y encaró antes las cloacas en San Vicente, por ejemplo. José Eseverri incluso empezó y tal vez termine obras fundamentales para Olavarría (que no solamente son construcciones de infraestructura, porque la donación del edificio para la Facultad de Medicina es igualmente trascendente) pero el tinte electoralista que se les dio a todas invalidó su impacto en la gente.

El equipo de gestión. En la cúpula del oficialismo no hay voces discordantes, ni siquiera para marcarle al Intendente en qué se equivoca. El único integrante del oficialismo que se atrevió a plantearle a José que por este camino (de adhesión al Gobierno nacional y de imagen ausente en lo local) iba al fracaso está afuera de la gestión, no pisó la sede partidaria (la ex casa de Helios Eseverri) y encima está bajo el fuego de la bancada oficialista y del jefe de Gabinete, Héctor Vitale, quien llegó a montarle una operación de prensa para involucrarlo en una supuesta irregularidad ante el Tribunal de Cuentas. Es Julio Alem, con quien el Intendente debiera empezar ya a tender puentes de plata.

Los votos del curismo y la caída de las listas Pro. Al cierre de la votación, el curismo estaba conforme con la elección local, pero tenía una duda: creían que estaba en su obligación acompañar mejor la tendencia arrasadora de Francisco De Narváez. Eso es cierto, pero debe completarse con otra verdad: Unión-Pro perdió infantilmente boletas antes del cierre: las de Liliana Schwindt, Julián Abad, Aldo Dahaer (importantísima) en Azul, otras en las Séptima. Con esas listas rompía el piso y metía a los tres senadores que se terminó llevando la Coalición y que ahora deberá discutir en la Justicia Electoral.

El voto de Miguel Santellán. En ese sufragio hay varios componentes, pero es un hecho que el PJ de Olavarría ha recuperado cierta vitalidad y por primera vez consigue dos concejales por las suyas, lo cual es un mérito propio. La segunda lectura es que en Olavarría volvió a ganar un no peronista, porque el peronismo real iba dividido en tres listas distintas.

El futuro de José Eseverri. Hacia afuera el oficialismo asegura que no hay nada local que reclamarse. Hacia adentro está analizando cambios en el Gabinete, y todo el entorno del Intendente ha quedado bajo serio cuestionamiento. José Eseverri tiene el futuro abierto, y con posibilidades de remontar el resultado del domingo. Pero es claro que el mandatario sabe que sus espaldas no alcanzan para sostener a funcionarios que a la luz pública estaban muy cuestionados, y que no quiso correr a tiempo. O que, al contrario, promocionó. En la medida en que canalice correctamente su alto grado de exposición ante un electorado muy exigente (acaso su mayor descubrimiento este domingo) habrá segunda oportunidad para José. Tiene enormes condiciones de gestión, pero si se mantiene en el aislamiento que le recomendaron sus asesores (y que lo llevó a eludir incluso a sus propios delegados municipales) está en problemas. La gente quiere verlo en directo, antes que comunicarse con él por medio de señales políticas. Para cuando éstas surten efecto (sea en una obra benevolente hacia la gente, sea en una marcha contra el Municipio) ya es tarde.

Comentá la nota