La clave está en la esquizofrenia del MPN

El carácter corporativo, y el desarrollista, son dos hemisferios de un mismo cerebro en pulsión permanente. De allí nacen las contradicciones del gobierno, que son por otra parte históricas en el partido provincial.
Hay una pulsión evidente en el seno del gobierno neuquino entre dos líneas políticas, que conviven porque evidentemente el mismo Jorge Sapag lo permite, e incluso –a juzgar por su persistencia- las alienta.

Una, corporativa, negociadora, confía en que manteniendo las grandes representaciones sindicales y empresarias amigas del Estado –aunque a veces salga caro- se asegura la gobernabilidad y la maniobrabilidad suficiente como para imponer al mismo tiempo otras estrategias.

La otra, desarrollista, fanática de la subvención, confía en que lo único que salvará al MPN es el crecimiento de la actividad económica productiva y privada, y que en ese camino hay que achicar la estructura omnipresente del Estado, haciéndolo más eficiente y ágil.

Esta pulsión, encarnada hoy por dos ministros referentes de cada una de esas líneas –Jorge Tobares y Leandro Bertoya- no le pertenece al actual gobierno, sino al MPN, que con mayor o menor intensidad la ha recreado desde la "nueva" democracia argentina, que es lo mismo que decir desde que el país comenzó su tránsito hacia una sociedad más civilizada, con instituciones un poco más firmes.

Entender este aspecto de la realidad política es fundamental. Porque forma parte de lo que se vive asiduamente como contradicciones, o peleas internas, cuando lo cierto es que forman parte de un mismo ser, indivisible, complejo. Un ser ciertamente monstruoso, construido por el devenir social y económico de esta provincia joven. Un ser que es ni más ni menos que el Estado neuquino.

El MPN en Neuquén es el Estado, a tal punto que lo seguiría siendo, al menos por un tiempo, si perdiera el gobierno. No debería ser así, pero temo que así es.

Esta imposición, resultado posiblemente de una larga hegemonía política legítima, toda vez que se ha refrendado en elecciones, explica muchas cuestiones. Explica por ejemplo este momento singular de una provincia que por un lado dice que no tiene dinero en el Tesoro, y por el otro lo derrama en una sangría interna apropiada para satisfacer una demanda surgida del propio y monstruoso ser que es el Estado.

Esto es ni más ni menos lo que ha sucedido. Jorge Tobares, expresión cabal de uno de los hemisferios cerebrales emepenista, ha firmado un acuerdo con ATEN que implica más de 70 millones de pesos de gasto salarial que se suman a los 1.600 millones que ya gasta por año Neuquén en ese rubro. Lo hizo para satisfacer "la voracidad de los empleados públicos por apropiarse de la renta del Estado", según ha definido quien es parte del otro hemisferio cerebral gubernamental, es decir, Leandro Bertoya.

Obviamente, ningún conflicto se ha resuelto. Al contrario, es posible que este tipo de acuerdo los potencie, en todos los sentidos: el apetito voraz seguirá más voraz que nunca, extendiéndose a los demás gremios, y al resto de las corporaciones que viven prendidas de la gigantesca teta estatal; y al mismo tiempo, la pulsión entre los dos hemisferios se potenciará, porque lo que uno gasta el otro lo sufre como recorte.

Algunos entienden que la peor pelea será en el ámbito de la Salud, porque es allí donde se resiente de peor manera el servicio público que el Estado debería garantizar. "Hace años que el sistema de Salud se ha deteriorado, y esto no se arregla con un aumento de sueldos", dicen. Es una opinión en todo caso parcial, y en alguna medida, torpe. ¿O acaso en el sistema educativo no pasa lo mismo, y tampoco se arregla nada con un aumento de sueldos?

En realidad, lo que pasa de malo, pasa tanto en Salud, como en Educación, como en Seguridad. Las tres patas indelegables de la responsabilidad estatal, se dice una y otra vez. Pero da la sensación que el árbol no deja ver el bosque: no es un problema del hospital, de la escuela o de la comisaría, sino muy posiblemente un problema atribuible a una concepción global, que implica gastar mucho para conseguir poco, cuando habría que gastar poco para producir mucho.

En este contexto del análisis se da el actual debate político en la provincia. Al menos, es en este contexto que se mueven los referentes realmente importantes. Son quienes se preparan para gobernar, y saben diferenciar entre fuegos artificiales e incendios verdaderos.

Porque la solución no saldrá de ningún otro lado que no sea el camino de las instituciones, es decir, el camino de los partidos políticos, incluyendo en este proceso al propio partido gobernante, sumido en esta época en una dura, impiadosa, pero necesaria introspección.

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