"La clave es el entrenamiento invisible".

BOCA: Sebastián, corazón de este Boca, revela secretos de la sucia tarea de correr y quitar y cuenta lo que no se ve, cómo se cuida en su vida cotidiana. Y dice: "Ahora quiero pasar a Guille".
Tirale un caño, Sebastián.

-No, papá, no me gusta hacer eso.

-Pero metele un cañito, hijo, porque te salen a buscar. Si vos podés...

-Ya te dije que no.

No jugaba en Colón ni en Unión. Era el número 5 y capitán de la categoría 80 de Ciclón-Racing, un club humilde de su barrio en Santa Fe. El mejor del equipo. Por eso, para tratar de anularlo, le ponían un rival encima. Si hasta había sido goleador de un torneo que su equipo había jugado en Rancagua, Chile. Su papá le pedía a su hijo que reaccionara y buscara el caño desmoralizador. Pero Sebastián Alejandro Battaglia (28 años), a pesar de tener la técnica necesaria, era tan serio y responsable como hoy. Líder silencioso que contagia por sacrificio, temperamento y actitud, no a fuerza de gritos.

A Boca llegó con toda esa seriedad el 22 de enero de 1996 para jugar de 5 y dos años y medio le alcanzaron para aparecer en Primera, con García Cambón como técnico. Tuvo que esperar diez años para recuperar el viejo puesto y, casualidad o no, coincidió con su mejor momento, reconocido por compañeros y rivales, y mejor Promedio Olé del torneo pasado

-Tuviste un gran año e hiciste la pretemporada completa, ¿es la vez que mejor llegás al inicio?

-En realidad, ya el año pasado hice la pretemporada completa y, después de las lesiones de 2005 y 2006, me ayudó muchísimo. El trabajo que hicimos es muy importante para bancar la doble competencia. Dos o tres turnos de entrenamiento, fuerza, resistencia, carreras de recorrido. La salud deportiva y la continuidad ayudan al mejor rendimiento. Creo que desde que empezó el año hasta que terminó me sentí muy bien adentro de la cancha y disfruté de cada partido porque me sentía entero físicamente, pude jugar tranquilo sin problemas, sin pensar en algo que te duele. Y también tuve el apoyo del DT. Es la clave de todo. Lo disfruté mucho.

-Con Basile también habías alcanzado un muy buen nivel...

-Con Basile jugué y me sentí muy bien. Después tuve pubialgia. Con La Volpe no pude estar. Y Russo pensaba que yo no tenía que jugar. Vino Ischia, me dio esa confianza y saqué una buena versión de mí.

-¿Es tu mejor versión?

-Puede ser. Uno busca mejorar más, pero sin dudas fue un año muy bueno. Y una versión en la que estoy más grande y maduro. Si bien hubo otros momentos en los que me sentí muy bien, éste fue uno de los grandes momentos que viví en el club.

-Y coincidió con la vuelta a tu puesto original.

-Sí, puede ser una cosa extra. Este año me tocó jugar en una posición en la que hice todas las Inferiores. Después, cuando llegué a Primera, por una cosa u otra terminaba por derecha, izquierda o de doble 5. El año pasado me tocó ahí y ése es mi lugar.

-¿Cuál es el secreto de ese lugar en la cancha?

-Más que nada lo que trato de hacer es darles respaldo a los volante. Siempre uno tiene que estar respaldándolos, dar equilibrio, recuperar pelotas. Es clave mantener siempre ordenado al equipo.

-¿Qué preferís? ¿Diez quites o un gol?

-Y, uno quiere ganar, ¿no? Pero obviamente que mi función es tratar de robar más pelotas que hacer un gol. Yo tengo que hacer más mi trabajo. Pero pude hacer algún gol y es lindo. Si recupero diez y el equipo gana, me voy feliz.

-De chico, ¿qué jugador te gustaba?

-En realidad no tenía uno, trataba de seguir la forma de jugar de varios. Sí me gustaba mucho Edgar Davids porque era muy polifuncional, no se paraba en mitad de la cancha, tenía gran recorrido y estaba por todos lados. Y después, de Serna a Redondo.

-¿Creeés que tenés algo de Davids?

-No sé, en realidad uno intenta hacerse su imagen.

-¿Tus compañeros dicen: "Cómo corre éste" o "Pará de correr"?

-A veces siento los comentarios de algunos en el vestuario, je. Es una posición en la que tengo que correr y hacer un gran desgaste, por eso hay que prepararse tanto. Me tiran como chiste "pará de correr".

-¿Y cómo te cuidás?

-El entrenamiento es lo más importante. Como entrenás, vas a jugar. Y trato de entrenar lo mejor posible para tener el mejor rendimiento. Y después, como le llaman algunos, es clave el entrenamiento invisible, lo que uno se cuida en su vida cotidiana. Yo soy un tipo tranquilo y trato de estar así en casa. Me cuido en ese sentido, de no hacer cosas raras. Porque una lesión te aleja mucho. Yo sufrí también de la rodilla y es complicado. Eso me llevó a cuidarme aún más, ir temprano, hacer ejercicios de cuádriceps antes de los entrenamientos para seguir estando en alto nivel.

-¿Seguís entrenándote antes de las prácticas?

-Por ahí uno que no está operado no tiene que hacer lo mismo que el que sí. Por lo general, hago un poco de cuádriceps para mantener firme la rodilla. Uno se acostumbra a eso y después lo mantiene. Me ayuda muchísimo.

-¿Y después del entrenamiento en el club?

-Soy tranquilo, no soy de andar por la calle pero uno tiene su vida. Disfruto de mis hijas, voy a buscarlas al colegio a la tarde. No mucho más que eso.

-¿Qué meta te fijaste en lo inmediato? ¿Otra Copa Libertadores?

-Sí, por lo que pasó en la última. Fue injusta la manera en que quedamos afuera. El objetivo es la Copa, volver a ganarla. Y en lo personal me sumaría el título que me permitiría pasar a Guille y estar como el más ganador en la historia del club. Y no es poca cosa. Es un objetivo para mí, trataré de hacerlo lo posible con la Copa y también con el torneo. Vamos por los dos.

-Guille te dijo algo sobre que lo podés pasar...

-No, él es un ídolo impresionante, pero dejó el club y a mí me quedan unos cuantos años más para superar los 16. Y ojalá pueda seguir ganando más títulos.

-Parece imposible que alguien de afuera de este grupo pueda pasarte.

-El Pato volvió y creo que tiene 14, anda por ahí. Pero si estamos los dos y ganamos, sumamos los dos. No hay problema...

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