Sin clases por la muerte de Sofía.

Tras más de cuatro días, la niña fue hallada en un pozo de 50 metros de profundidad. La escuela del barrio cerró por duelo. Video y mapa interactivo
El lunes 2 de marzo, Sofía había empezado primer grado de la escuela César Enrique Romero, de barrio Sacchi de la ciudad de Córdoba. Le quedaba a dos cuadras, a la vuelta de su casa, en otra calle de tierra suelta que ayer, después de confirmada la noticia de su muerte, lucía más desolada que nunca.

A las 15, el portero de la escuela, Héctor Reinoso (52), terminaba de baldear la galería de la escuela, desierta, en un silencio que aturdía. Su rostro lo decía todo. "Ella fue alumna del jardín y del prejardín. La conocíamos bien a Sofía", contó.

En señal de duelo, ayer no hubo clases en la Escuela Romero.

Al mediodía, mientras la televisión mostraba el campo donde fue hallado el cuerpo de la nena, en un pozo de agua, a 50 metros de profundidad, una profesional reunió a los pequeños alumnos para hablar de lo ocurrido y, después de algunas pocas preguntas, todos se fueron tranquilos.

"Mi nena va a tercero, turno tarde, pero hoy solamente le dieron de comer y hablaron del tema. Clase no tuvo. Hubo duelo por Sofía", resumió Mónica Gigena (33), la mamá de Camila (9).

La casa de Mónica queda a metros de la que le habían prestado a Mirta Alejandra Arias (37) y sus cinco hijos. Sofía era la menor. Tenía 6 años.

La suerte de ambas quedó sellada la madrugada del lunes último, cuando la ex pareja de Mirta, Gustavo Rolando Gaitán Juncos (23), llegó a la vivienda de calle Conlara y, con algún ardid, sacó a la mujer de la casa. Luego la mató junto a las vías con un bloque de cemento.

Gaitán desapareció con la niña, lo que originó uno de los operativos de búsqueda más intensos de los últimos años.

Fueron más de cuatro días en los que cientos de policías, bomberos y efectivos de grupos especiales de rescate (además de cientos de vecinos) rastrillaron palmo a palmo la zona rural que va desde barrio Sacchi hasta la localidad de Malagueño.

El jueves se clausuró parte del misterio cuando hallaron el cuerpo de Gaitán, flotando en una laguna de las canteras de Minetti. Eso hizo suponer el peor final para Sofía. La mala noticia se confirmó ayer.

"Al final, salió todo mal", dijo en un suspiro de resignación Mónica Gigena.

Conocido el desenlace, cada vecino de barrio Sacchi tenía algo que decir. Era una forma de compartir la conmoción y de diferenciarse de algo monstruoso que había ocurrido allí.

"Mirta era una buena mujer. Era empleada doméstica en la calle Maestro Vidal. A veces íbamos juntas en el colectivo C5, y charlábamos. El patrón de ella vino acá cuando pasó todo esto. Muy buena gente", señaló Graciela Noemí Olmedo (41).

"Yo también soy madre sola –declaró–. Y le digo a mi hijo que esto tiene que enseñarle a que no se puede tratar mal a las mujeres, a las madres, porque después, cuando no las tienen, las lloran".

Entre la gente que ayer esperaba a la sombra de un olmo de la calle La Donosa que pasara la furgoneta de la morgue de la Policía Judicial, había un hombre de ojos vidriosos.

Dijo llamarse Amadeo Montenegro (61) y, tragando en seco, comentó: "Yo estuve en esa tapera el lunes a la tarde, junto con unos vecinos (los Bazán) y los policías, cuando estábamos rastrillando la zona. Es un campo donde yo supe trabajar, que era de los dueños de unos supermercados que ya no existen. Me asomé al brocal del pozo que está bajo el molino y me espantaron las abejas. Haber estado ahí me hace tan mal...".

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