Una ciudad fantasma, acosada por las bombas y los tanques

Una ciudad fantasma, acosada por las bombas y los tanques
Las dificultades cotidianas en medio de los combates y los ataques.
El estruendo acompañó a primera hora de ayer el avance de los tanques israelíes hasta un barrio de la ciudad de Gaza y en la principal localidad del sur del territorio en busca de combatientes, obligando a los habitantes a huir despavoridos de sus casas. El sonido de los tanques retumbaba como un trueno mientras se elevaba un espeso humo negro sobre los barrios de Tal Al Hawa, Zeitun y Shujaiye. Con la primera luz del día, decenas de civiles aterrorizados escapaban con bebés y niños en los brazos del hospital Al-Quds de Tal Al-Hawa, al sudoeste de la ciudad de Gaza, blanco de repetidas incursiones militares israelíes la semana pasada. El fragor de los tanques, los bombardeos aéreos, la artillería y los disparos de armas automáticas se entremezclaban, aumentando la confusión a menos de 300 metros del hospital, donde arreciaban los combates.

Los milicianos de Hamas se vistieron con uniformes azules y negros. Uno de ellos abrió fuego con su Kalashnikov en una calle a cien metros del hospital, enarbolando con una mano la bandera verde de su movimiento islamista. En el hospital, los vecinos del barrio se apiñaban como podían. Las madres intentaban consolar a sus hijos y se las ingeniaban para hacerlos reír.

"Traje a los chicos al hospital porque estaban asustados en casa, pero resulta que aquí están aún más aterrorizados", contó Hossein, de 40 años, quien vino con su esposa y sus cinco niños al alba. "Ya no podemos aguantar esto. Mire a mis niños, están temblando", contó. Cerca de él Bashar Murad, médico y jefe de los servicios de ambulancia para la Media Luna Roja, esperaba en vano. "Tengo tres cadáveres a 500 metros, pero no puedo llegar hasta ellos" y "tengo muchos heridos a menos de un kilómetro de distancia, pero no puedo moverme sin autorización", se lamentaba impotente.

El periodista Adel Zaanoun debe salvar una carrera de obstáculos para "cubrir" la ofensiva israelí: su casa se ha quedado sin ventanas y electricidad y trata ante todo de proteger a sus hijos sin dejarse intimidar por las bombas.

"Cuando salgo no sé si volveré vivo. Desplazarse en Gaza se ha convertido en algo suicida", asegura. Su mujer Oula, de 28 años, es periodista como él y madre de tres niños de corta edad. Lo más difícil es transmitir la información. Las líneas telefónicas están a menudo cortadas por los bombardeos. "En cuanto vuelve la electricidad, aprovecho para dar informaciones y me las arreglo sobre todo para recargar la batería de mi notebook y de mi celular". Cruzar la franja de Gaza de norte a sur es una auténtica carrera de obstáculos, ya que los israelíes han dividido en tres el exiguo territorio de 362 km.

Adel, de 38 años, reside en Tal al Hawa, a dos pasos de las oficinas gubernamentales, de los locales de la Seguridad Preventiva y de la Universidad Islámica. Como todos ellos son blancos de los ataques israelíes, su casa sufrió ligeros destrozos y se quedó a oscuras, sin electricidad. "Tuve que alquilar un departamento", cuenta. "En total somos 9, con mis padres, sin muebles ni mantas. Como muchos, pensaba que todo pararía al cabo de un día o dos". A Zaanoun le cuesta borrar de su memoria la imagen del hospital Shifa durante la primera noche. "Vi los primeros muertos y los primeros heridos. Miembros despedazados, sangre. Al menos 50 cuerpos y jirones de carne. Una auténtica pesadilla. Niños, mujeres y también combatientes de Hamas".

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