Un círculo que se cierra tras aquel lamento de 1968.

Un círculo que se cierra tras aquel lamento de 1968.
Cabrera le dedicó el triunfo a De Vicenzo, que hace 41 años perdió el torneo por un descuido.
Amantes del drama en el deporte, los periodistas estadounidenses del Masters no dejaron de vincular esta conquista de Angel Cabrera con la fatídica tarjeta mal anotada por Tommy Aaron, y que Roberto De Vicenzo convalidó con su firma en la cita de Augusta de 1968.

Se recuerda brevemente el episodio: en el par 4 del hoyo 17 de la última vuelta, el Maestro había empleado tres golpes, pero en la tarjeta figuraba un 4 que se dio incorrectamente por bueno, y que lo privó de jugar un eventual desempate con Bob Goalby, al cabo el campeón. En la mesa de control de tarjetas saltó enseguida el error y De Vicenzo, que todavía venía con el fastidio del bogey en el hoyo final, no dudó en reconocer su impericia para chequear que los scores estuvieran bien.

"Fue mi culpa", contestó el hombre de Ranelagh de manera inmediata, y con esa autocrítica se ganó la valoración de todo el mundo del golf por su honestidad. De Vicenzo fue invitado esa misma noche a la cena de honor del ganador, distinción que jamás había ocurrido y que no volvió a suceder en la historia del Masters. En tanto, Bob Goalby recibió cientos de telegramas con insultos y padeció el abucheo cuando regresó al Augusta National en 1969.

Aunque en la columna de esta página Roberto prefiere independizar un hecho del otro, con diferencia de 41 años, es cierto que Cabrera viene a cerrar un círculo, encarna una especie de desquite nacional en un certamen tan deseado como cualquier otro de Grand Slam. Se toma como una sana venganza, lograda con heroísmo.

Tras la tercera vuelta, al ser consultado, el Pato manifestó: "Yo no tuve la oportunidad de vivir la desgracia que tuvo Roberto en 1968. Ahora estamos en 2009 e intento dar lo mejor". Y ayer, con la chaqueta verde sobre sus hombros, profundizó: "Primeramente, De Vicenzo tuvo mala suerte, sufrió un mal momento. Pero mi triunfo no va a modificar lo que le sucedió. Sí, en cambio, ayudará mucho al desarrollo de nuestro golf".

Muchos años después de la metida de pata, el Maestro tuvo un gesto muy especial con el cordobés, que contó: "El me dio un cuadro enmarcado donde tiene su mano sobre una chaqueta verde y me dijo ? Espero que esto te dé la suerte para que tengas tu propio saco . Este éxito se lo dedico al Maestro".

La última jornada a lo largo de las 7435 yardas del Augusta National fueron una locura, semejante a un hecho futbolístico. Bajo un sol pleno, como durante los tres primeros días, masas de simpatizantes siguieron el grupo de Tiger Woods y Phil Mickelson, los dos máximos ídolos, con la esperanza de que experimentaran una recuperación homérica y descontaran los 7 golpes de diferencia respecto de Cabrera y Perry. Pero, entre magnolias y azaleas, se llevaron una decepción. Más todavía: en el desempate ansiaron la victoria de alguno de sus compatriotas (Perry o Campbell), aunque el Pato terminó llevándose el tesoro.

Desde su hogar en Ranelagh, el Maestro disfrutó porque, en definitiva, su regalo surtió el efecto esperado.

Sus grandes golpes en el Tour europeo

A los 29 años, Angel Cabrera logró su primera gran victoria en el Tour europeo... en la Argentina, con el Abierto de la República, que integraba ese circuito por entonces. Luego ganó el Benson & Hedges (Inglaterra, 2002) y el BMW Championships (2005).

Un hombre que sabe de buenas tareas en los Majors

Este es el 2° major de Cabrera tras el US Open 2007. Pero en otro torneos grandes estuvo cerca. En 1999 quedó a un golpe del desempate en el Abierto Británico, y luego fue 7° en 2006; en el Masters había sido 8°, 9° y 10°, en 2001, 2002 y 2006, respectivamente.

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