Cinco represores detrás del blíndex

Por primera vez, familiares de las víctimas que pasaron por la Quinta de Funes y los sobrevivientes de la Fábrica Militar de Armas, enfrentaron a sus verdugos: Oscar Guerrieri, Jorge Fariña, Juan Daniel Amelong, Walter Pagano y Eduardo Costanzo.
Bulevard Oroño entre Rioja y San Luis perdió ayer su tradicional calma para convertirse en el escenario donde se desplegaron banderas y pancartas con los rostros de algunos de los más de 500 desaparecidos de Rosario, en una vigilia tensa que concluyó pasadas las 10 de la mañana cuando se dio comienzo al primer juicio por terrorismo de estado en el interior del edificio de tribunales federales. Así por primera vez los familiares de las víctimas que pasaron por la Quinta de Funes y los sobrevivientes de la Fábrica Militar de Armas, enfrentaron a sus verdugos: Oscar Guerrieri, Jorge Fariña, Juan Daniel Amelong, Walter Pagano y Eduardo Costanzo.

La mañana estuvo marcada por el reclamo de la multitud que se congregaba en las inmediaciones del tribunal porque hasta el mediodía no habían podido ingresar a la sala de audiencias todas la Madres que habían llegado hasta el edificio de Oroño 940. Poco después de las 12, Norma de Vermeulen, Elida López y Noemí de De Vincenzo pudieron ingresar a la sala de audiencias gracias a la actitud del diputado provincial del Frente para la Victoria, Gerardo Rico, quien fue a buscarlas para que pudieran presenciar la lectura de la acusación. El ingreso se produjo entre vítores y al grito de "Madres de la plaza, el pueblo las abraza". Al salir, de Vermeulen indicó: "Me afectó mucho que no dejaran entrar más que a tres Madres".

El descontento era fuerte en el cantero central de bulevar Oroño, donde militantes de organismos de Derechos Humanos, así como de agrupaciones sociales y políticas, le hacían "el aguante" a la primera jornada del primer juicio oral y público por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la zona. Ana Moro, hermana de Miriam, y una de las primeras integrantes de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, dijo: "Es una ambivalencia. Estoy contenta porque se haya llegado a juicio después de tantos años, pero triste porque no es una justicia completa, porque son muy pocos los represores que llegaron a ser juzgados".

En tanto en el interior de la sala, detrás del blíndex colocado en la habitación donde se desarrollaba el juicio, estaban el ministro de Justicia Héctor Superti, la vicegobernadora Griselda Tessio, la secretaria de Derechos Humanos Rosa Acosta, el director del Programa de Protección de Testigos Oscar Blando, el diputado socialista Eduardo Di Pollina, junto a querellantes como Eduardo Toniolli, Cecilia Nazábal y Olga Moyano, entre otros.

Para la vicegobernadora Tessio -ex coordinadora de la Fiscalía Especial destinada a estas causas- la jornada de ayer significó "haber empezado a recorrer un camino". Y también consideró que "fue muy importante la declaración de Costanzo, que involucró a los otros, y por eso debió seguir el juicio desde una sala contigua". Las revelaciones de Costanzo fueron publicadas por Rosario/12 en exclusiva, en enero de 2008. Cuando salió de la audiencia, una de las Madres abrazó a Tessio y reconoció: "Vos fuiste una de las que estuvo cuando era difícil".

La audiencia comenzó con la recusación a Gonzalo Stara, la mano derecha de la fiscal Mabel Colalongo, por haber patrocinado con anterioridad a un grupo de querellantes. La impugnación fue presentada por Mariana Grasso, defensora oficial de Guerrieri, pero se descontaba que la próxima semana iba a ser rechazada.

En segundo término la atención se la llevó Costanzo, quien tuvo un pico de presión: una unidad de emergencias dejó por escrito que "el Tucu" llegó a tener 21 de máxima y 16 de mínima, por lo cual se le habilitó una sala lindera donde siguió la audiencia por un televisor. La salud de Costanzo, que tiene arresto domiciliario, pudo seguramente verse afectada por la cercanía de dos ex compañeros de ruta con quienes mantiene un enfrentamiento abierto: Amelong y Pagano. Según Costanzo el primero quiso asesinarlo durante el encierro que compartieron en el Batallón 121, mientras el segundo "me la tiene jurada" según confió por haberlo hecho detener por su propio hijo.

Amelong llegó a la sala de audiencias con una payasesca vincha que llevaba la leyenda "legalidad" en supuesta referencia al juicio, además de una valija amarilla con un curioso cartel "entendé CF perdiste" en referencia a la presidenta Cristina Fernández. La movida, sin embargo no fue objetada por el tribunal, que toleró que a exhibiera hasta el cuarto intermedio de las 13.

Cerca de las 15 se reanudó la sesión con otros ingredientes: Pagano desafió con su mirada, sus gestos y su actitud a testigos, víctimas y familiares sentados detrás del vidrio, hasta que Toniolli reaccionó golpeando el blíndex. Fue allí que la abogada de Hijos Ana Oberlin, pidió al tribunal que llame la atención de los imputados, gesto que fue apoyado por la fiscal Colalongo. El juicio continuará hoy a partir de las 8.30 de la mañana.

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