Cinco pautas sobre su estilo de gobierno

WASHINGTON. Más allá de su obvio simbolismo, la designación de Hillary Clinton, una ex rival, como secretaria de Estado y la confirmación de Robert Gates, el secretario de Defensa de George W. Bush, aportan evidencias muy reveladoras sobre el secreto mejor guardado de los últimos dos años: ¿cómo gobernará Barack Obama en estos tiempos tan complicados?
Ahora que se terminó el juego de quién se queda con qué cargo, las designaciones de Obama nos dicen lo siguiente acerca del próximo presidente de Estados Unidos:

* Obama es un intelectual a quien impresionan más los títulos académicos y la experiencia que la familiaridad y la lealtad.

El columnista de The New York Times David Brooks dio en el clavo al calificar el gabinete en ciernes como un "cuadro de honor": un equipo integrado por graduados con honores de las mejores universidades. Brooks lo dijo como un elogio, y no es el único que piensa así: son pocos los republicanos que no expresan su admiración (al menos en privado) por el equipo.

Muy pocos entre los elegidos pueden ser considerados fieles a Obama. Hillary Clinton pensaba que sería relegada a la última frontera del mundo de Obama. De pronto, es secretaria de Estado. Robert Gates pensaba que iba camino de jubilarse. Ahora, estará al frente de la política bélica de un presidente que se opone a la guerra. El vencedor ha demostrado por sobre todo que no es vengativo.

* Obama está dispuesto a correr grandes riesgos.

Su equipo está abarrotado de grandes personalidades que se ven a sí mismos como arquitectos. Las posibilidades de que en momentos difíciles se produzcan encontronazos son muy altas, como también las posibilidades de que se obtengan grandes resultados.

Hillary puede llegar a ser una extraordinaria diplomática de clase mundial. Pero también puede ser un desastre si la tendencia familiar de los Clinton al drama y los conflictos personales se convierte en una distracción. Gates puede ser el hombre perfecto para terminar la guerra en Irak: un funcionario de Bush con vínculos con los altos estamentos del Partido Republicano. Pero también podría chocar con las nuevas y encumbradas figuras que lo rodearán.

El manejo de los egos también será un tema crucial en el equipo económico. Durante la presidencia de Clinton, el futuro asesor económico de la Casa Blanca Lawrence Summers lanzaba críticas tan duras hacia sus colegas que el propio presidente debió pedirle que se expresara con más respeto.

* Tiene su atención puesta en gobernar y prefiere la persuasión al uso de la fuerza.

Obama recibe como herencia el sueño de todo presidente: un Congreso controlado por su partido y con amplia mayoría. A diferencia de Bush, parece importarle realmente lo que opinan los legisladores.

Rahm Emanuel, el futuro jefe de gabinete, es un especialista en estrategia legislativa. Desde hace semanas, está abocado a discutir la crisis con los líderes del Capitolio y el poder que maneja ha sido muy reconfortante para los veteranos del Congreso: se ha reunido incluso con senadores republicanos. Además, la designación del ex senador Tom Daschle como secretario de Salud es una clara señal de que Obama quiere que el tema del cuidado de la salud pueda sortear su principal obstáculo: el Senado.

* Al final, no desdeña tanto a los insiders de Washington.

Muchos medios de comunicación han subrayado que Obama se ha rodeado de "rivales" o "moderados". Pero lo más sorprendente es que hubo tan pocas sorpresas: se trata de una lista del establishment demócrata.

Ahora queda claro que el "cambio" que Obama piensa implementar tendrá que ver con su propio estilo y sus valores y no con el elenco que lo rodee. Básicamente, Obama eligió a un equipo que se empezó a armar durante la presidencia de Clinton, afiló sus ideas en lugares como el Centro para el Progreso Norteamericano y participó prácticamente de todos los debates políticos desde entonces.

* Está dispuesto a desentenderse de sus promesas de campaña para acomodarse al escenario político.

Todos los presidentes lo hacen, pero Obama está rompiendo un puñado de promesas electorales incluso antes de asumir. Sus colaboradores han hecho correr la voz de que no piensa lanzar de inmediato su plan de subir los impuestos a los ricos. Muchos demócratas creen que pondrá freno a la medida para facilitar la sindicalización forzosa en los lugares de trabajo, un reclamo de la mayoría de sus partidarios más leales que podría quedar en el olvido. ¿Recuerdan su ataque contra los lobbies? Eso también se ha calmado.

Todo indica que Obama se ubicará política e ideológicamente en el centro. Y si intenta moverse hacia la izquierda, lo hará de manera muy lenta y cautelosa.

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