Los cinco mitos que derribó la crisis financiera

Hoy lo único que se opera en Wall Street es desconcierto. A continuación una lista que la pena leer y releer.
Si alguien le dice que sabe cuánto va a durar y qué profundidad tendrá la actual crisis financiera mundial usted desconfíe. Hoy lo único que se opera en Wall Street y en el mundo es desconcierto. Pero mientras transcurre el temblor vale la pena hacer algunas reflexiones, como para matar el tiempo:

1) Goodbye burbujas: No es novedad que el paradigma “Greenspan” hoy quedó devaluado. La teoría del “dale que va” y luego vemos cómo desinflamos la burbuja demostró que es falible. En este contexto, es probable que en los próximos años asistamos a una suerte de “panic attack” recurrente ante el menor indicio de sobrevaluación de activos. El mercado quedó sensibilizado y eso en la cabeza de los gerentes de inversión y portfolio managers se traduce en mayor aversión al riesgo.

La cuestión de fondo pasa por incentivos desalineados. Ni los bancos, ni los mercados, ni los organismos de control (agencias calificadoras, etc) tienen incentivos adecuados para detener la burbuja en tiempo y forma. Al fin y al cabo todos son parte del mismo circo. “Exuberancia irracional” fue la frase que acuñó el propio Greenspan para referirse a este comportamiento. Concepto luego retomado por varios otros economistas, entre ellos Robert Shiller, de la Universidad de Yale, que escribió un reciente libro sobre la “psiquis de los mercados”.

2) Keynesianos vs liberales: Tal vez esta crisis sirva para terminar con una polémica que perdura en algunos países. Casi como un Boca-River, se continúa debatiendo entre Keynesianos y liberales (o neoclásicos). Pasaron casi 80 años desde la Gran Depresión de 1929 y las crisis en el mundo siempre se resuelven igual: a lo Keynesiano. Quien crea que Wall Street traiciona su raíz de libremercado por salir a salvar el sistema financiero olvida cómo y donde se gestó la base de la Teoría Macroeconómica Moderna que nos legó John Maynard Keynes.

3) El gran enemigo: Ben Bernanke es uno de los especialistas que más estudio la crisis del 30 en el mundo. Sabe que si hay algo que evitar eso es la deflación. En varios de sus trabajos académicos postuló que la pronunciada baja de precios (producto de un política monetaria procíclica en plena depresión del 29) fue el certificado de defunción de la economía mundial por aquellos años.

En un escenario de deflación bajan los precios y caen los salarios (o en el mejor de los casos se congelan), pero las deudas (en este caso, hipotecarias) contraídas por las familias quedan intactas. Ergo, cada vez se hace más difícil saldar estos pasivos, lo que a su vez retroalimenta el circulo recesivo. Esta claro que no dudó en llevar la tasa a 0% si para ello lograr sortear la deflación. Pero la pregunta del millón es si eso alcanzará. Muchos creen que no. Postulan que EE.UU. podría haber ingresado en una “pseudo trampa de liquidez” al estilo de la que definió Keynes hace casi 70 años. El punto aquí es que un contexto donde la crisis reside en expectativas (no en niveles de tasas) más liquidez puede significar más combustible para el incendio.

4) ¿La solución?: Daniel Heymann es uno de los economistas argentinos más reconocidos mundialmente. Especialista en Macroeconomía y profesor de la UBA. En una reciente charla postuló que las crisis siempre se resuelven siempre de una de estas tres formas. 1) Defaulteando (la preferida por nuestros gobiernos) 2) Emitiendo dinero indiscriminadamente lo que termina generando inflación y licuando las deudas (otra recurrente tentación vernácula) o 3) Pasando la deuda a las generaciones futuras. Heymann sospecha que EE.UU. va a terminar resolviendo la crisis por esta tercera vía. “La historia de la mayor economía del mundo muestra que lo suelen arreglar así”, afirma.

5) Sólo sé que no sé nada: En los últimos años -y en particular desde las crisis que sufrieron varios países en los noventa- se escribieron toneladas de investigaciones sobre la importancia de una adecuada regulación y supervisión sobre bancos y mercados. Pero una vez más, la burbuja se infló y hasta estalló sin que suenen las alarmas. El problema es el de siempre: nadie quiere ser el primero en irse de la fiesta. El prestigioso periódico inglés Financial Times acaba de definir esta crisis como “la mayor falla regulatoria de la historia moderna”.

Asistimos a la primera crisis financiera mundial de la era moderna. Los ahorristas ya no se agolpan en las puertas de los bancos para reclamar su dinero. De hecho, en las calles de Nueva York reina la paz. La tensión está tras las pantallas de los altos ejecutivos. Nuevos instrumentos financieros se desarrollaron a un ritmo vertiginoso en los últimos 10 años. Palabras como “derivados de segunda generación”, “securitizacion” o “apalancamiento” son un misterio para el grueso de los mortales. Para algunos hombres de negocios, también. Hasta que explotó esta burbuja nadie sabía a ciencia cierta qué riesgo estaba tomando detrás de un producto financiero estructurado que contenía varias etapas de apalancamiento o securitizacion. Ni siquiera lo comprendían cabalmente las autoridades regulatorias.

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