Las cinco mentiras que oscurecieron las altas expectativas del G-20 en Londres.

Las cinco mentiras que oscurecieron las altas expectativas del G-20 en Londres.
La reunión de los países más industrializados y las naciones en desarrollo celebrada el jueves en Londres, dejó algunos interrogantes abiertos. A pesar de que varias voces habían anticipado que la crisis internacional obligaría a replantear el sistema económico mundial, lo cierto es que los organismos surgidos de Bretton Woods salieron fortalecidos. La cita británica apostó a las recetas ya conocidas, para ordenar el caos.
Cuando empezó a bajar la espuma que dejó el G-20 en Londres y quedó al descubierto la letra chica del acuerdo alcanzado, se comprobó que las expectativas que había generado la cita británica fueron desmesuradas.

1. El fin del capitalismo. Una de las primeras premisas que se escucharon desde el estallido de la crisis fue la que anticipaba el fin del mercado, por lo menos tal como lo conocíamos. Fueron muchos los que anticiparon que había llegado la hora de jubilar a "la mano invisible" de Adam Smith. Sin embargo, el libre comercio salió fortalecido de Londres. "Debemos abstenernos de levantar nuevas barreras a la inversión o al comercio de bienes y servicios y de imponer nuevas restricciones", advirtieron los líderes del G-20, que también cuestionaron "el proteccionismo financiero", especialmente "en medidas que limiten el movimiento de capitales".

2. Hacia un nuevo FMI. Desde la primera reunión del G-20 en noviembre del año pasado en Washington, el sistema de Bretton Woods parecía tener fecha de defunción. Pero el jueves se comprobó que los líderes del G-20 seguirán apostando a recetas ya conocidas para dar respuesta a la crisis: Fondo Monterio Internacional y Banco Mundial. Ocurre que el denostado FMI obtuvo un fuerte respaldo gracias a una multimillonaria inversión de 1,1 billón de dólares.

3. El ocaso de Estados Unidos. Los críticos del "imperialismo" habían interpretado esta crisis como una clara señal de que Washington empezaba a fatigarse. Pero Barack Obama advirtió que el poderío de su país estaba intacto. "Vinimos con la intención de escuchar y de aprender, pero también con el propósito de promover el liderazgo estadounidense", declaró Obama al término de la cumbre. "Yo no compro la idea de que Estados Unidos no puede seguir liderando el mundo. Pero creo que tenemos que hacerlo creando alianzas, no dictando soluciones", matizó el demócrata.

4. Es la hora de China. Esta semana, la revista Foreign Affairs se preguntó si China era la nueva Estados Unidos. Es que días antes de la cita británica, desde Beijing se llegó a exigir que el dólar deje de ser la moneda de referencia para las transacciones internacionales. Pero China no tuvo suerte: no logró su objetivo de obtener una nueva divisa y tampoco alcanzó la promesa de sus pares de reformar el FMI para alcanzar más poder en las votaciones del organismo.

5. Una nueva era comienza. "Es el final del Consenso de Washington", se entusiasmó el británico Gordon Brown, al cierre del encuentro que lo tuvo como anfitrión. Sin embargo, no está claro que vendrán tiempos muy distintos. "Nos hemos comprometido a trabajar juntos con urgencia y determinación para transformar estas palabras en hechos", sentenciaron los hombres y mujeres del G-20. También acordaron volver a reunirse "antes de fin de año", pero como un síntoma de la desorientación reinante, todavía no se sabe dónde ni cuándo volverán a verse las caras.

"Los líderes que llegaron a Londres tenían la misión de salvar al mundo. Es que estamos presenciando tiempos de inflación de roles, con presidentes que sienten que están viviendo los momentos más importantes de sus naciones –anunció The Wall Street Journal–. Pero en Londres esos líderes reconocieron que son mortales y que se necesita mucho más que una cumbre internacional para superar la crisis."

Como diría Carlos Marx, algo cambió para que nada cambie, y el orden financiero internacional no sufrió esa revolución que tantas voces habían anticipado.

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