Cierre con declaración light sobre Honduras

Como muestra del desacuerdo, la declaración final la firmó sólo el presidente de Portugal en su carácter de anfitrión. Allí los presidentes de la Cumbre reclamaron también que se permita completar su mandato a Manuel Zelaya.
Las previsiones se confirmaron apenas comenzó a hablar el primer ministro de Portugal, José Sócrates. Al momento del cierre, Sócrates dijo que todos los países participantes habían acordado que el tema más conflictivo del debate –qué posición tomar ante las autoridades electas el último domingo en Honduras– quedara contenido en una declaración especial firmada sólo por la presidencia de la cumbre. Ese rol le correspondía al presidente de Portugal, Aníbal Cavaco Silva, el anfitrión. Esa fórmula suele usarse en la diplomacia cada vez que un encuentro internacional se topa con diferencias irreconciliables. Antes de hacer la última consulta a los presidentes, Sócrates planteó lo que pareció ser una posición intermedia entre las dos posturas que dividían a la cumbre. "Condenamos el golpe de Estado, pero también creemos que hay que promover el diálogo nacional hondureño", dijo. Luego informó que se había incorporado una modificación al texto de la declaración. "El presidente Zelaya fue electo constitucionalmente y por lo tanto debe completar su mandato constitucional", era el párrafo que se pretendía incorporar al documento. La propuesta fue aceptada sin objeciones. Incluso la aceptó la canciller de Manuel Zelaya, Patricia Rodas.

La solución elegante que encontraron los organizadores de la cumbre no disimuló las divergencias que atraviesan el continente. Esos desacuerdos hasta parecen estar profundizándose con los resultados de algunas elecciones. Un caso muy citado en estos días fue el del presidente electo de Panamá, Ricardo Martinelli, quien llegó a comparar el proceso eleccionario convocado por el mandatario de facto de Honduras, Roberto Micheletti, con el llamado a las urnas que se realizó en su país luego de que las tropas estadounidenses derrocaran a Manuel Noriega. El panameño también pidió que el reclamo internacional para que Zelaya complete su mandato esté acompañado por una aclaración que precise el plazo en el que ese pedido perdería su razón de ser: la fecha en que terminaba originalmente el mandato del hondureño.

La comparación que hizo Martinelli buscaba justificar la validez de unas elecciones convocadas tras un golpe de Estado o una incursión militar extranjera. La posición del mandatario panameño, representante de la centroderecha latinoamericana, encontró su reverso en Luiz Inácio Lula Da Silva. Contundente, Lula dijo que Micheletti no tenía ninguna legitimidad para avanzar en un proceso de convocatoria a elecciones. Como en política también valen los gestos, el brasileño se encargó de dejar en claro el peso específico que ha venido ganando su país en el tablero internacional: llegó a la cumbre un día después de la apertura y se fue 24 horas antes de que terminara. Tenía programada una gira por Ucrania y Alemania.

Otra posición que no pasó desapercibida fue la del costarricense Oscar Arias. En línea con la posición de la mayor parte de los países de Centroamérica, Arias defendió las elecciones del domingo en Honduras como una alternativa de normalización y estabilización del país que tiene la mayor base militar estadounidense de la región, la del Comando Sur en Palmerola. "Lo que deseamos los hondureños es dejar de ser la plataforma de la agresión regional", había dicho Rodas durante el acto de cierre. Para responder los cuestionamientos a la legitimidad de los comicios hondureños, Arias usó un argumento que sonó a chicana dirigida particularmente a los países del ALBA que mantienen buenas relaciones con el jefe de Estado iraní Mahmud Ahmadinejad: el venezolano Hugo Chávez y el boliviano Evo Morales. El costarricense dijo que las elecciones en Irán también habían sido puestas bajo sospecha por una parte de la comunidad internacional.

En el marco de un debate que había sido impetuoso, la presidenta Cristina Fernández asumió un protagonismo importante desde el primer momento. Favorecida por la lista de oradores de la cumbre, que le otorgó a la Argentina la primera intervención tras los discursos de los anfitriones y del secretario general iberoamericano, la jefa de Estado fue la primera participante que introdujo en la cumbre la discusión sobre Honduras. Su rol también se vio potenciado por la más acotada participación de Brasil, el gran socio en estos debates latinoamericanos. En cierta medida esos roles suelen estar acordados.

Pero CFK no sólo fue la primera presidenta en lanzar sobre la mesa el tema Honduras. Ayer, en su discurso como anfitriona de la próxima cumbre, volvió a hacer una advertencia sobre el antecedente que podría significar la actualidad de Honduras. "Quiero decirle a todos, a los que piensan de una manera u de otra, que cuando se habla de tecnología y educación, si esto no se da en un ámbito de legalidad democrática, eso se transforma en discursos vacíos, sin contenido. Por eso, no existe un poco de democracia o grados de democracia. Es como estar embarazada. O se está embarazada o no se está", planteó la Presidenta. Su metáfora provocó sonrisas en la canciller Rodas y en el secretario general iberoamericano, el uruguayo Enrique Iglesias.

El discurso de Cristina Kirchner incluyó también mensajes a varias bandas. Sobre todo cuando recordó que en los últimos años en varios países de América latina hubo iniciativas que impulsaron la reforma de la Constitución con la intención de habilitar la reelección del presidente en ejercicio. En la delegación argentina recordaban el antecedente del venezolano Hugo Chávez y su fallido referéndum, pero sobre todo la intención del colombiano Alvaro Uribe de ir por una nueva reelección. La Presidenta pareció aludir a estos precedentes. "En este punto no tenemos que sostener un doble standard dependiendo de la posición ideológica. A veces pareciera que el derecho es más observable si la orientación de un candidato está un poco más para la centroizquierda, y si está en la centroderecha parece que se aceptara una mayor flexibilidad en el cumplimiento de las normas. El respeto a la legalidad democrática no es una cuestión de izquierda y derecha", aseguró

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