El cierre de la compuerta demorará unas 5 horas

Cuando Cristina Fernández, desde Capital Federal, dé la orden del comienzo del llenado del dique, en la presa arrancará un arduo y febril trabajo de ingeniería que no se verá por televisión. La maniobra de “hormigonar” el ducto tiene el objeto de preservar la válvula que desde hoy regulará el caudal del río San Juan.
El cierre de la compuerta de la embocadura del dique Caracoles, que permitirá el comienzo del llenado del futuro espejo de agua de la presa, no es una operación sencilla, ya que aunque desde Buenos Aires la Presidenta dará vía satélite la orden de cerrarla, el operativo total demorará unas cinco horas en total.

El cierre de la compuerta no sólo es importante porque consiste en bajar una estructura metálica que va a impedir que el agua siga circulando por el túnel por donde el río San Juan lleva pasando cuatro años. La compuerta que cerrará la Presidenta hoy, en realidad será en el futuro una pared de hormigón que nunca más se volverá a abrir, ya que ese túnel, que en el futuro servirá de descargador de fondo de la presa, tendrá otro ducto ubicado unos metros más arriba para que el agua salga si es necesario.

Esto es así porque la idea es que si hubiera que sacarle agua del fondo al dique, que ésta no lleve arrastre de piedras y tierra, sino que el agua se tome un poco más alto que el mismísimo fondo y encima que pase por un filtro, con el objeto de que la válvula que permitirá sacar o no agua del dique, no pueda ser dañada por ese material de arrastre.

Por ese túnel, en los próximos meses pasará el agua que alimentará las usinas de Ullum I y II como se conoce a las dos centrales hidroeléctricas ubicadas aguas abajo en “La Olla”, con agua derivada del dique Punta Negra y el dique de Ullum.

También esa válvula que se debe preservar es la que se usará para regular la cantidad de agua que el próximo verano va a ser usada para el riego agrícola en la provincia, puesto que el nuevo dique Caracoles recién se terminará de llenar en unos cinco meses.

Por lo tanto, en la práctica, desde el momento en que Cristina Fernández dé la orden del cierre desde Buenos Aires, empezará en Caracoles una febril tarea metros detrás de la compuerta -que por televisión se verá cerrarse-, ya que allí habrá que volcar cientos de metros cúbicos de hormigón en aproximadamente cinco horas. Ése es el tiempo que los operarios van a tener antes de salir del lugar que quedará completamente inundado cuando el nivel del agua alcance el tubo superior.

La operación, si bien deberá realizarse con velocidad y eficiencia de parte de los obreros de la UTE Techint-Panedile que trabajan en Caracoles, no representa una carrera contra el tiempo ni una acción dramática, ya que el caudal del agua podrá ser regulado para brindarle seguridad a los operarios que estarán trabajando en la línea de fuego.

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