Un científico mendocino regresó por repatriación de cerebros de Argentina

Un científico mendocino regresó por repatriación de cerebros de Argentina
Se trata del físico de partículas Leandro da Rold, quien estudió en la Universidad Nacional de Cuyo y, por falta de trabajo, tuvo que partir al exterior. Ahora, regresará a trabajar en el Instituto Balseiro y allana el camino para otros investigadores que quieren volver a su patria.
Leandro da Rold (33) es un joven científico mendocino a quien la crisis de principios de siglo obligó a emigrar al exterior.

Sin trabajo ni perspectivas favorables en el área en la que se desempeña, este joven cerebro mendocino tomó la difícil decisión de marcharse al exterior junto a su familia.

Así, Leandro vivió cinco años en Barcelona, España, y 2 años y medio en Brasil, incluso, participó de la inauguración del Colisionador de Hadrones, más conocido la \\\"Máquina de Dios\\\" en el límite entre Francia y Suiza.

Pero lo destacable de este investigador, que hoy se codea con los más respetados científicos a nivel mundial, es que ha decidido volver a su tierra y encabezar un programa del Centro Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) que tiene por objetivo repatriar a investigadores argentinos que, al igual que él, debieron irse casi obligados al exterior.regresar a casa. Los ojos le brillan a Leandro cuando recuerda el momento en el que decidió marcharse y, junto a su familia, probar suerte en otro país.

¿Por qué te fuiste?

Eran días difíciles para el país, yo había estudiado dos años de la carrera de Ingeniería Industrial en la UNCuyo y, verdaderamente, Argentina no contaba con un lineamiento claro en materia de investigación científica. En el 2000, me recibí en el Balseiro y no había plata para becas de especialización ni doctorados, tampoco tenía trabajo y las expectativas no eran favorables, así que, con mi esposa Natalia (33) y mí hija Victoria (9), que tenía un año en ese entonces, decidimos probar suerte en otro lugar. Primero estuve en Bariloche, hice algunos contactos en el Instituto Balseiro, de ahí me fui a Barcelona, donde viví 5 años y, después, estuve 2 años y medio en Brasil. Lo que me pasó le paso a mucha gente, viviendo en el exterior conocí a muchos argentinos a los que les había pasado lo mismo y muchos de ellos son los que hoy quieren volver a su patria, a su hogar, con su gente.

¿Por qué querés volver al país?

Uno siempre que se va piensa en volver, por un montón de motivos, por tu familia, porque es tu tierra, sentís la pertenencia y te identificas con ciertas pautas culturales, de alguna manera esta es tu casa. Si bien profesionalmente la experiencia que adquirís afuera es importantísima, porque algunos países le prestan mucha atención al ámbito científico, la adaptación no es fácil, te cuesta, extrañás y pensás en lo bueno que sería que las cosas fueran distintas en tu país.

¿Creés que Argentina le esta dando más importancia al área científica?

Yo no tengo filiación política, pero, en honor a la verdad, tengo que decir que desde hace unos cinco años a la fecha, el gobierno de los Kirchner viene apostando fuerte a la órbita científica y de investigación. Por primera vez en muchos años se está poniendo plata para las investigaciones. De continuar esto así, Argentina puede convertirse en un polo de atracción importante para los investigadores del mundo. Hasta hace un tiempo era impensado un proyecto como, por ejemplo, el observatorio de Rayos Cósmicos Pierre Auger y hoy lo tenemos y estas cosas son muy importantes.

¿Qué expectativas te genera el regreso?

Todos los científicos que hemos estado afuera en algún momento hemos aprendido a valorar cosas que quizás antes no valorábamos, a mirar todo con la cabeza más abierta. Yo siempre les aconsejo a mis amigos que es bueno irse, aunque sea por unos años. Cuando te vas, perdés algunos vicios de trabajo que, cuando estás acá, no los notás.

Pero, en general, todos sentimos la necesidad de aportar algo al país, creo que todos queremos participar en la formación de la sociedad de Argentina, todos nos identificamos con una realidad latinoamericana que se palpita y que, desde el lugar que te toca, podés ayudar a que esa realidad sea mejor.

Te fuiste porque no tenías trabajo, ¿qué recordás de esos días?

En esta profesión no tenés rédito económico, casi no existe retribución por tu trabajo, eso es algo a lo que te vas acostumbrando, pero lo que más me dolió fueron algunas actitudes, porque si bien cuando enviaba alguna solicitud de empleo muchos me respondían inmediatamente, como ocurrió en el Balseiro antes de irme, que me dijeron que no tenían vacantes; otras instituciones ni siquiera se tomaron la molestia de contestarme, eso te molesta, porque no estas pidiendo que te regalen nada.

Cuando se habla de científicos inmediatamente se piensa en genios o cerebros especiales, ¿esto es tan así?

No creo que sea necesario ser un genio o un cerebro para ser científico, me parece que eso es más un mito que otra cosa. A mí entender, cualquiera al que le guste puede ser científico, lo que ocurre es que no todos se animan a participar en programas de ciencia y cosas por el estilo. Es una necesidad imperiosa que los jóvenes se interesen por la ciencia, porque nos hace falta gente para trabajar.

¿Qué se le dice a un pequeño que quizás sueña con ser científico?

Es obligación de los investigadores incentivar a los más pequeños a acercarse a la ciencia. Yo les diría que nunca dejen de preguntarse cosas, que se animen a pensar, que nunca dejen de cuestionarlo todo y que no tengan miedo de buscar respuestas y encontrarlas por sus propios medios. Para los papás, lo más útil es que conozcan que hay olimpiadas de ciencia, planetarios móviles, jornadas abiertas en colegios y universidades para que lleven a los más pequeños y estos se interesen. Pero creo que lo vital es la formación desde la casa, es que la familia incentive al niño a leer libros y revistas de ciencia, que los acompañen en el proceso de formación, los chicos a veces te hacen planteos que exceden a los mayores y eso es algo que debe aprovecharse.

¿Trabajaste en la Máquina de Dios?

Sí, mi tesis doctoral está basada en el Gran Colisionador de Hadrones, en inglés, Large Hadron Collider o LHC, siglas por las que es generalmente conocido (ver aparte).

¿Para qué sirve un experimento de esas dimensiones?

Las motivaciones tienen que ver con el conocimiento en sí mismo, el objetivo de cualquier científico es conocer. En nuestro caso es saber cómo funciona la naturaleza, descubrir el origen de todo. Sabemos que todo está formado por partículas, sabemos que las partículas tienen masa, lo que queremos saber es cuál es el origen de las masas. Para responder está pregunta es necesario descubrir una partícula específica, la partícula Higgs o partícula de Dios, que, se cree, es tan pequeña como un electrón. Para observar esta partícula es que se creó la máquina, porque se estima que esta partícula es muy pesada, unas 200 veces más pesada que un protón y, para medirla, hace falta mucha energía. En este caso, la teoría precedió al experimento, como ocurrió con Einstein y la división del átomo. Es como estudiar a un alien, sobre la base de la teoría que está antes que el experimento, se predice que esta partícula puede existir, y luego se crean los mecanismos para encontrarla. Es decir, lo que estamos buscando son datos experimentales, si no llegamos a encontrar la partícula Higgs, estamos seguros de que algo nuevo va a surgir, algo se descubrirá sí o sí.

Mucha gente tiene miedo con estos experimentos porque dudan de la intencionalidad con que se usen, pueden ser fines bélicos, como ocurrió con la bomba atómica que, sin saberlo Einstein, creó...

El ansia de un científico es aprender, yo creo que nadie puede responsabilizar a los investigadores por el uso que luego se le da a su descubrimiento. Cuando algo se descubre, deja de ser tuyo y se convierte en patrimonio de la humanidad. Aparte nadie trabaja solo, todas las investigaciones se hacen con el acompañamiento de una comunidad científica que hace que los descubrimientos puedan ser perfectibles y mejorados. El riesgo bélico existe y va a seguir existiendo, negarlo no sirve de nada. Incluso, hay científicos que se dedican al área armamentista, que trabajan para ello, pero, repito, me parece que escapa a la intencionalidad de los investigadores. Incluso, Einstein hizo campañas antibelicistas en su época, debe analizarse el contexto de aquellos años, me imaginó que Einstein sabía lo que podía ocurrir con el uso de su teoría, pero no creo que podamos culparlo por lo que ocurrió. En mí caso, por ejemplo, cuando me recibí y tuve que jurar, porque mi título en algo se relaciona con lo nuclear, lo hice por defender la paz y no desarrollar tecnología belicista o de destrucción. La investigación científica siempre tiene efectos colaterales, incluso, internet fue un efecto colateral de una investigación más grande. Siempre que se emprenden grandes proyectos científicos se generan herramientas a largo y corto plazo, herramientas que, además, después pueden ser usadas por la comunidad toda.

¿Volvés a trabajar en el Instituto Balseiro en Bariloche?

Sí, voy a trabajar en el Instituto Balseiro, específicamente en el Centro Atómico de Bariloche, en el grupo de partículas y, además, voy a trabajar en el programa Raíces, que tiene como objetivo allanarle el camino a los investigadores que quieran volver a trabajar en el país. Básicamente, lo que vamos a hacer es tender los contactos para volver a radicarlos acá en su tierra, para eso vamos a buscar a los investigadores que lleven más de dos años en el exterior, para que puedan participar en concursos por cargos a distancia y sin respetar los tiempos. Antes esto demoraba más de 4 años, ahora lo queremos hacer más ágil.

¿Hay gente interesada en volver?

Sí, muchos más de los que la gente cree, ya en el programa tenemos a unos 20 científicos de diversas especialidades que están ansiosos por volver.

¿Qué crees que tiene que cambiar en Argentina con respecto a la ciencia?

Primero, los gobiernos tienen que financiar la investigación, eso es vital. Después, desde el ámbito educativo se tiene que incentivar a los chicos a acercarse a la rama científica y, por último, los concursos para cubrir vacantes deben ser transparentes, deben ser por capacidad, no por amiguismo. Debe llegar el que tiene conocimientos suficientes y no el que tiene buenos contactos. Si eso ocurre, creo que Argentina tiene el potencial suficiente para ser mirada por el mundo entero.

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