A Ro-Ro Cienciano

A Ro-Ro Cienciano
COPA SUDAMERICANA / SAN LORENZO 3 - CIENCIANO 0: San Lorenzo encontró la fórmula del gol en la dupla Rovira-Romeo y le pasó el trapo a un débil Cienciano. El equipo del Cholo viaja con aire a la altura de Cusco.
Hay amor. Romeo y Julieta, o Romeo Bernardo y Gonzalo Rovira. Desde esa dupla improvisada ante la falta de un tipo de experiencia para armar la dupla de ataque, Simeone encontró acaso, desde la explosión y atrevimiento del pibe, una enorme solución para el futuro inmediato. Y lo más saludable es que ese enamoramiento se trasladó hacia afuera, donde la tribuna espera respuestas y fútbol: entonces, el delirio de Boedo por ese triplete (qué pena que no hicieron más goles, porque sin dudas anoche estaba todo dado para cerrar la llave en casa) resultó el mejor final para esta novela Sudamericana.

Las ambiciones, a diferencia de lo que había sucedido ante Racing, esta vez tuvieron su rédito. Esa supuesta inclusión del Kily González como lateral izquierdo fue irreal: el Cholo plantó un 3-3-2-2, ofensivo, filoso, inquieto, atrevido y, por momentos, demasiado frenético. Pero pedirle algo más a un equipo que tuvo la posesión del balón durante el 99,9% del partido, que atacó siempre y que no sufrió ningún sofocón en su arco sería demasiado pretencioso. Que San Lorenzo haya dejado la impresión de que pudo haber hecho más goles habla por sí solo. Desde el vamos, entendió que enfrente había un rival de papel, débil, endeble y, sobre todo, ingenuo. Entonces fue absolutamente previsible que a los 11' Romeo haya abierto el partido luego de una hermosa asistencia de Rovira, el de los botines fosforescentes, bichito de luz que iluminó el ataque, que fue a todas y que apareció con oficio de goleador para meter un zurdazo terminal.

Este equipo de Simeone versión copera encontró pequeñas sociedades que fueron funcionales a las urgencias de turno: precisaba golear para tener en las estadísticas el plus de oxígeno que seguramente necesitará en los 3.400 metros de altura de Cusco. Y lo hizo desde un fondo que casi aguantó con dos (Pintos fue y fue), con un medio vertical por naturaleza con el ida y vuelta de Rivero más el despliegue del Kily (es probable que, de ahora en más, Aureliano Torres sea un inquilino de lujo del banco), con un doble enganche que se encontró en breves ocasiones, aunque suficiente para desbaratar el operativo barullo que propuso el Cienciano. Tal vez, si Seba González y el Pipi hubiesen bajado un cambio ante tanta aceleración, el primer tiempo habría sido lapidario para los peruanos.

Igual, la faena se completó otra vez desde la sociedad de punta, con una guapeada del correntino y una definición de Berni con registro de ópera, de frac. Hay amor. Los hinchas aplaudieron el toqueteo. En la cancha, el equipo durmió al monstruo del Cusco, le hizo Arrorró. A Ro-Ro.

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