Los ciegos y la pobreza

Por: Roberto Lavagna.

Una de las acepciones de "ciego" en el diccionario de la Real Academia Española es "ofuscado, alucinado" o, metafóricamente, "obstruido, tapiado".

Así me parece que vive buena parte de la dirigencia argentina política, empresarial, sindical, intelectual, de medios de comunicación. La visión de corto, cortísimo plazo, pasa erróneamente por encima de cualquier reflexión prospectiva, de futuro, estratégica. El mañana no es más que una acumulación inorgánica de los presentes. Lo dicho tiene que ver con la discusión sobre la pobreza. Sí señores: hay pobreza y creciente. No menos de uno de cada tres argentinos es pobre. Pero esto que hoy todos parecen ver, que obligó al Papa y a los obispos argentinos a tener una dura expresión y al Gobierno a anunciar un "no plan" para disimular, empezó en 2006. Por supuesto, los efectos acumulados –si no se los diagnostica a tiempo y se los corrige– son cada vez más evidentes. Gobernar es precisamente ver las cosas a tiempo, para corregir, para cambiar el rumbo, para atacar la enfermedad grave cuando recién se manifiesta.

◆ Si la inversión sufre una desaceleración fuerte esto impacta rápidamente en forma negativa en el empleo, las horas trabajadas e, indirectamente, en el salario.

◆ Si hay salida de capitales es indicio de desconfianza y de menores recursos para la producción y el empleo.

◆ Si las cuentas públicas comienzan a desordenarse, baja la productividad de la economía por mala asignación de los recursos y hay presiones hacia la suba de precios y costos.

◆ Si reaparece la inflación, los salarios, las jubilaciones, en general los ingresos de las empresas medianas y pequeñas pierden parte de su poder adquisitivo.

◆ Si se reimplantan los superpoderes para manejar el presupuesto y se concentra el poder en lo que hace a designaciones y remoción en la Justicia (Consejo de la Magistratura) se genera falta de confiabilidad y, por ende, menor decisión de apostar a la producción y al empleo creciente.

◆ Si las relaciones exteriores cambian a favor de vínculos con líderes contestatarios y populistas, deteriorando las relaciones con nuestros vecinos y socios estratégicos, los efectos de desconfianza suben.

Y bien. "Todas y cada una" de estas cosas ocurrieron… ¿cuándo? en el año 2006. Menos empleo, menos horas trabajadas, inflación que se come "los salarios, menor inversión, fuga de capitales, desorden presupuestario, etc. son las cosas que cambiaron desde 2006 y que la dirigencia, en su enorme mayoría, prefirió ignorar. En consecuencia, hacia fines del año 2006 dejó de reducirse la pobreza y la indigencia que venía reduciéndose (2002-2006) fuertemente desde el nivel de espanto (54%) que había alcanzado luego del derrumbe de la convertibilidad (2001). Ese 2006 fue el momento en que se "quebró" la tendencia favorable, declinante, de la pobreza y ésta empezó a subir. Tres años más tarde, los efectos acumulados nos llevan a que nuevamente vivamos con niveles horrendos: no menos de doce millones de argentinos pobres, incluyendo no menos de cuatro millones de pobres extremos, indigentes. Por eso cuando hoy todos hablan, quiero recordar expresamente, palabra por palabra (www.consejouna.com.ar, abrir Programa 2006), el desafío a favor de una "Cruzada contra la pobreza" –como parte integral de un programa de gobierno de mediano y largo plazo– que formulé el 18 de octubre de 2006, en una reunión ante unos mil profesionales y jóvenes líderes:

"No creo que ninguno de nosotros ignore cuán valiosa es la justicia social en términos éticos, sociales, políticos y económicos.

"Hoy todavía (estamos hablando en ese momento de octubre de 2006) es un bien escaso, pues casi 7.500.000 compatriotas no llegan a cubrir las necesidades básicas, dentro de los cuales más de 2.500.000 están en la indigencia absoluta. De ellos, más de 1.100.000 son niños menores de 14 años.

"Ustedes los saben igual que yo. Padres pobres traen al mundo niños pobres, los que como padres generan, veinte años después, hijos pobres, los que en otra generación serán una vez más padres pobres. Se habrán ido así cuarenta años en la vida de seres humanos y en la de la sociedad en la que viven. Por no atenderlos durante los primeros años de vida, incluso los primeros 24 meses de vida, los habremos condenado y nos habremos condenado como sociedad.

"Por eso es necesario quebrar este ciclo vergonzoso e inhumano de la pobreza extrema. No podemos conformarnos con el mundo tal cual es, sino trabajar para que sea como puede y como debe ser. Por eso quiero hacer un llamado expreso, más allá de este recinto, a favor de una cruzada nacional por la justicia para los pobres y por la erradicación de la pobreza.

"Debemos asumir no un compromiso blando e indefinido sino provocar un verdadero shock en toda la sociedad a favor de esta cruzada.

"En cinco años, los argentinos, todos, todos juntos, unidos detrás de esta causa nacional debemos hacer desaparecer la pobreza extrema o indigencia y debemos recortar decisivamente a la pobreza.

"Esto es mucho más que la multiplicidad infinita de planes que consumen en mera administración recursos importantes. Es mucho más que disciplinar ‘piqueteros’ repartiendo recursos que privilegien a ‘clientes’ de la pobreza en lugar de crear ciudadanos. Es mucho más que hacer actos en los que bolsitas plásticas de supermercado sirven para recoger los pedidos angustiados de los más pobres.

"Si dimos exitosamente una batalla contra la hiperinflación y el hiperdesempleo. Si dimos y ganamos una batalla contra los acreedores y los organismos multilaterales de crédito, me pregunto ¿cómo no podemos dar batalla para derrotar a la indigencia?

"Los mayores recursos monetarios, los mejores recursos humanos deben estar

–con el jefe de Estado a la cabeza, a partir de diciembre de 2007– plenamente comprometidos con esta ‘cruzada’."

No hubo respuesta. Hoy, al menos, finalmente, se acepta la realidad. ¿Seremos, como sociedad, capaces de cambiarla?

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