Chrysler: caída y salvataje de un sueño americano

Por: Oscar Raúl Cardoso

La empresa automotriz que fuera símbolo del poderío económico de los EE.UU. sólo puede sortear su quiebra definitiva con el rescate del Gobierno y la italiana FIAT.

Es así como la realidad transforma la esencia misma de los mandatos y, esta vez, lo hizo a una velocidad imposible de apreciar. La Corporación Chrysler -que fuera el tercer productor de autos en el mundo- fue forzada a declarar la quiebra por el mismo hombre, el presidente Barack Obama, que hace unos meses la había definido como un "pilar" de la economía. Que es casi tanto como decir también de la economía global. El mundo no veía otra caída de volumen similar en la industria que la de Studebaker en 1933 -en medio de la Gran Depresión- y no le alcanza a las rodillas (¿Quién recuerda el perfil moderno del Studebaker con su luneta posterior dividida?).

Obama trabajó, narran sus asesores, toda la noche del jueves con sus asesores económicos como no sucedía, dijeron los allegados con memoria, desde 1933 en el destino de una empresa privada. En el final no pudo salvar a Chrysler de buscar refugio de sus acreedores (que es lo que garantiza el capítulo 11 del Código de Quiebras estadounidense, que fuera originalmente votado como ley durante los años 20).

La reacción fue de alivio. Los trabajadores de la corporación salieron a festejar con pancartas "Chrysler se salvó" aunque muchos economistas y analistas del proceso piensan diferente. ¿Por qué -preguntan y borran sonrisas de los otros- Obama no aceptó el proceso de quiebra hasta entrada la madrugada?

El capítulo 11 era la única respuesta para seguir adelante con su proyecto de aportar otros 11 millones de dólares y deshacer la participación en el esquema de la italiana FIAT. No pudo ser, porque la mayoría de accionistas se opuso.

Es un mecanismo que guarda cierta esperanza para el deudor asfixiado, o casi. En este caso, Chrysler zafó en el último tramo logrando enviar a la quiebra a la corporación cuyos accionistas esperaban nada menos que un rescate directo estatal. Después de todo Chrysler representa no menos de 30.000 puestos de trabajo que si se evaporaran harían befa de la gestión de Obama.

Ha reordenado su situación si vende activos para pagar a sus asesores y vuelve a vender como en los viejos buenos días. Chrysler tiene entre sus marcas a la muy prestigiosa Jeep y además fue la primera en introducir los minivan.

Tendrá a la empresa italiana Fiat como socia y proveedora de tecnología, según los términos del acuerdo. Deberá resurgir de esas cenizas debidamente acolchadas para evitar los problemas de esta intemperie.

Por lo demás, los gremios de la corporación han sido generosos. La Unión de Trabajadores aceptó la propuesta de reducir la acreencia de Chrysler y, a su vez, ser compensada por la deuda que tiene en fondos de inversión, Estos perdones cruzados hablan de la pérdida -evaporación de dinero- del sistema privado en Estados Unidos.

Es otra vez la imagen del desbarajuste de Enron y sugiere un agujero negro en el sistema capitalista; uno que succiona dinero de los más débiles, no de todos. Están quienes dicen que en agosto Chrysler estará de nuevo en pie operando a capacidad completa. No demasiado lo creen porque el capítulo 11 demanda recorrer una intensa maraña de burocracia

Así llega a esta divisoria de aguas la historia de un pez grande de la industria. Chrysler fundada en 1925 pero qué recién después ganó prestigio por su diseño y la mecánica de sus unidades.

En los años 70 orilló la crisis Lee Iacocca, un personaje que parecía salido de una historieta, se hizo cargo de Chrysler y sacó de la muerte a Chrysler a través del éxito de la línea de minivan y otros productos que salieron al mercado bajo el mando de circunstancia de Iacoca.

En 1998 Chrysler fue adquirida por la alemana Daimler Benz una propiedad que duró muy poco en esas manos. Pero los accionistas alemanes no la quisieron con la historia de conflicto y crisis. Chrysler volvió así a Estados Unidos. Para Obama es la clase de experiencia que no quiere ni bajo el sol ni bajo lluvia. Quizá no tenga suerte: los analistas señalan que el Bank of America es el próximo elefante en caer.

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