Choque con EE.UU. por la seguridad jurídica en el país

Un enviado de Obama dijo que hay preocupación en el empresariado y le respondieron tres ministros
Un inesperado cortocircuito diplomático con Estados Unidos se produjo anoche después de que Arturo Valenzuela, nuevo jefe de la diplomacia norteamericana para América latina, dijo al terminar su visita de presentación en Buenos Aires que hay inquietud entre muchos empresarios por la falta de seguridad jurídica en el país.

"Escuché preocupación por la inseguridad jurídica y el manejo económico. Y preocupaciones acerca de que, a menos que haya algunos cambios, no podrán realizarse las inversiones que ellos [los empresarios] planean", dijo Valenzuela en un encuentro con periodistas en la embajada de Estados Unidos.

La respuesta del Gobierno fue en tres episodios: el Ministerio del Interior, luego la Cancillería y finalmente el Ministerio de Justicia emitieron duros comunicados de condena a las palabras del enviado de Barack Obama.

"La Argentina vive una etapa de plena garantía institucional y jurídica y ha dejado atrás la etapa en la que venía un funcionario de otro país a decir lo que había que hacer", manifestó el ministro del Interior, Florencio Randazzo.

Valenzuela estuvo dos días en la Argentina. No fue recibido por la presidenta Cristina Kirchner, pero desplegó una amplia agenda de reuniones. Ayer estuvo con el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, y al vicepresidente Julio Cobos. "Me llevo un buen insumo de las preocupaciones de la política argentina, los empresarios y otros sectores", afirmó, consultado por LA NACION acerca de las impresiones que le dejaron los interlocutores con los que se reunió en su visita.

Días atrás se había reunido con el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y con el diputado opositor Francisco de Narváez. Además, conversó con el grueso del empresariado norteamericano con intereses en el país, en una reunión organizada por la junta directiva de la Cámara de Comercio Argentino-Estadounidense.

En la Argentina existen unas 500 compañías de capitales norteamericanos, que dan empleo a 155.000 personas. En rigor, no es la primera vez que la administración norteamericana hace saber su preocupación por las operaciones de sus empresarios en la Argentina.

La embajadora estadounidense en Buenos Aires, Vilma Socorro Martínez, estrenó sus días como representante de Washington en el país con una exhortación al Gobierno para alcanzar una "solución duradera" para la alimentaria Kraft, asediada por un conflicto sindical. Además, días atrás, la diplomática expresó que los empresarios de su país "hablan de la necesidad de tener previsibilidad y reglas claras", en una entrevista que concedió en Córdoba.

El viaje de Valenzuela -de origen chileno, pero radicado en Estados Unidos desde hace décadas- fue concebido por la diplomacia norteamericana con el propósito de componer un panorama del estado de situación del país y de su proyección en el escenario regional.

De esos objetivos surgió la necesidad de desarrollar una agenda que incluyera voces que, reconoció el diplomático, excedieran el discurso oficial. "Escuché en mi visita distintos puntos de vista", dijo, consultado sobre las impresiones que le quedaban luego de haber consultado a interlocutores tan divergentes como Aníbal Fernández, Cobos y Macri.

Inquietud por Cristina

El diplomático evitó responder de manera directa si le hubiera gustado ser recibido por la presidenta Kirchner. Pero se valió de las sutilezas de su profesión para expresar su inquietud ante la decisión presidencial.

"Pude ver a una autoridad tan alta como el vicepresidente, a otras instancias oficiales y a otros sectores", dijo, en clara ponderación de la figura de Cobos, enfrentado con la Casa Rosada.

Más allá de los vaivenes en sus contactos con el gobierno de Cristina Kirchner, Valenzuela habló de la necesidad de profundizar la relación bilateral y minimizó los roces. "Cualquier relación tiene sus bemoles. Yo vine a escuchar, no a dar cátedra ni mucho menos", dijo.

El diplomático exhibió la nueva cara de Washington para la región. Lo expresó desde las ideas, al describir los lineamientos de una política de autonomía y cooperación que, dijo, el Departamento de Estado ha concebido para instrumentar con América latina. Y también lo transmitió con una gestualidad y expresividad lejanas de la frialdad y equidistancia que acostumbra la diplomacia norteamericana.

"Los Estados Unidos no tienen las soluciones para América latina. Las soluciones vienen de los propios países. Lo que sí queremos es ser socios confiables para superar los problemas", dijo, para transmitir el nuevo modelo de relación que promueve la administración Obama.

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