Chiva, calenchu.

COPA LIBERTADORES / LANUS 1 - CHIVAS 1: Lanús volvió a demostrar que la Copa le cuesta horrores. Tuvo la pelota, intentó, pero recién salvó las papas en el tercer minuto extra, gracias al persistente Sand.
Otro lo hubiera festejado con la entendible exageración del minuto que ya pocos esperan. Lo hubiera gritado, lógico y desaforado, porque el 1-1 ya pagaba demasiado, porque el 1-1 hasta quizá ya ni entraba en algunas casas de apuestas. Otro equipo, otro jugador, Lanús, Sand, lo mismo da, la historia fue que todos supieron que se había empatado pero que ellos, los finos jugadores de traje bordó, no habían jugado a jugar. No es noticia, aunque usted ya la haya leído, que Lanús sólo empató: la noticia, triste, inesperada, es que el equipo de Zubeldía jugó mal. Que jamás fue sí mismo.

Sand se vengó del arquero Michel un partido (92 minutos) después. Apenas comenzada la aventura, Maxi Velázquez le había apuntado en un tiro libre a la cabeza de Pepe, que entonces le apuntó a la red. La atajada del mejor hombre de Chivas fue, además de fantástica, condenatoria, porque lo obligó a Lanús a verse en un espejo que no conocía. Ante Racing, cinco días atrás, el local festejó veloz luego del 0-1, y así le sucedió en casi todos los últimos partidos del Apertura. O sea: hacía mucho que no se encontraba corriendo, fastidioso, desde atrás, y ayer denunció que no es una situación que sepa gobernar. En los primeros minutos parecía ser el Lanús conocido, con Lagos y Blanco presionando, tirando paredes, ensanchando la defensa rival (gran jugada a los 15', con toquecito sutil de Lagos y bombazo por arriba de Blanco), pero con el tiempo llegó la imprecisión, la perdición. Valeri probó por la izquierda y por el medio, y nada. De tres pases (que siempre querían ser asistencias), no acertaba ninguno. Blanco llegó a buscar la pelota, una vez, entre Hoyos y Fritzler, porque jamás le llegaba. Y cuando le llegaba, enojado, quería gambetear y sólo chocaba, como Ramírez. Zubeldía se equivocó al quitar al Pulpo González y que fuera Salomón quien guardara la brújula. Lanús jamás tuvo el aplomo para seducir la pelota, dormitarla para dominarla, y que la paciencia lo premiara.

Y los mexicanos jugaron con la imprevisibilidad de un mexicano. Se decía que eran blandos atrás pero se pararon bien, que guarda arriba pero generaron una jugada clara de gol (atajada de Bossio ante la picada de Avila), que eran veloces en el medio pero gustaron de tocar. Y Lanús, pobre Lanús, que salió a correr como el gordo que no trota hace años y se siente bárbaro, y se dice qué fácil que era esto, pero qué bien, y termina muerto, al minuto, porque las piernas tienen memoria. Un equipo valiente, pero sorprendido. Un equipo noble, que sabe que este 1-1 no se debe gritar.

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