Chirridos en la mesa

Las expectativas con las que llegarán las entidades a la reunión del martes no son las mismas. Necesidades de pequeños productores y especulaciones electorales.
La reunión reservada que, en la noche del viernes, mantuvieron la presidenta de la Nación y la ministra de la Producción, justo después del acto homenaje al Día de la Mujer en la Casa Rosada, podría convertirse en un hito en la resolución del prolongado –y por momentos incomprensible–- conflicto agrario. Allí se definió el anuncio que Cristina Fernández de Kirchner haría horas después frente a miles de mendocinos, respecto de la rebaja en un 50 por ciento a las exportaciones vitivinícolas. Para satisfacción de los bodegueros, pero también para toda una provincia que tiene a la actividad como columna vertebral de su economía, el Gobierno empezó a cumplir con la expectativa que generó el acuerdo con la Mesa de Enlace de atender, entre otros puntos, a las economías regionales y a su proyección exportadora. Justo cuando el bloque más duro de los confederados se reúne en torno del megaevento de negocios Expoagro para fotografiarse con los exponentes de la “nueva” derecha –Solá, Macri, De Narváez–, la línea de definiciones que empieza a recorrer el Gobierno podría dividir aguas: los defensores de la concentración de negocios y propiedades en el campo, con la soja como bandera, y los que siguen defendiendo una agricultura de agricultores, con familias productoras y cultivos más relacionados con las necesidades alimentarias. Dentro y entre las entidades, ya se vive esta tensión, con clima de ruptura.

La Mesa de Enlace no salió indemne de los tropiezos y torpezas que cometió en el verano. Primero, fueron las negociaciones secretas de Hugo Biolcati con Julio De Vido. Después fue la solicitada, publicada el sábado último, repudiando la “estatización” del comercio exterior, término con el que los lobbistas del negocio de los granos intentaron demonizar toda forma de intervención oficial en su área. El tercer hecho “desgraciado” fue la ocurrencia de Alfredo De Angeli de ocupar un banco en defensa de un puñado de deudores. Cada uno de estos hechos dejó su lastre, sobre todo después de una semana en la que el Gobierno logró alcanzar un acuerdo con las entidades en torno de rubros fundamentales: leche, carnes y trigo.

El acuerdo no tuvo una lectura única dentro de la Mesa de Enlace. Mientras unos consideraron que, por fin, se lograba dar un paso adelante en firme, otros no disimulaban su desencanto por no haber terminado con el Gobierno de rodillas. El disgusto de Mario Llambías, al anunciar el acuerdo en conferencia de prensa, era elocuente. Biolcati dejó rápidamente el escenario del acuerdo para posar para otro cuarteto, el que componen los referentes de la derecha conservadora. Uno y otro empiezan a ver que el juego de desgaste al Gobierno que intentaron durante un año desde el frente rural ahora quizás deba pasar al terreno político partidario de las alianzas de oposición.

En realidad, este cambio de táctica no es distinto de lo que los líderes de Confederaciones Rurales Argentinas y de la Sociedad Rural deben haber imaginado desde un principio, aunque quizás esperaban llevarse algún rédito mayor que haber quebrado al bloque oficialista con unos cuantos pases “cantados”: Carlos Reutemann, Felipe Solá, Juan Carlos Romero y hasta Roberto Urquía (aceitero exportador, titular de AGD) estaban desde el vamos en el conteo como potenciales opositores, cuando de la defensa de intereses se tratara.

La situación de Eduardo Buzzi, presidente de Federación Agraria, es diferente. A lo largo del conflicto, se había convertido en el vocero de la protesta y de la propia Mesa de Enlace, pero la última fue una semana, por demás, movida. El lunes recibió a una delegación de directores de todo el país, que le cuestionaron la desafortunada firma estampada en la solicitada que repudiaba la “estatización”, junto a acopiadores, corredores de cereales y dueños de puertos privados, entre otros. En esa reunión se planteó que ir junto a la Sociedad Rural y la CRA en la pelea, sumando los reclamos de pequeños productores y grandes propietarios de tierras, había sido una decisión táctica y respondiendo a una particular coyuntura, pero ello no podía de ninguna manera comprometer la postura histórica de FAA, y menos dejarla pegada a la filosofía antiestatal y conservadora de la Sociedad Rural y la CRA. Ese día, la víspera de la reunión en la que se sellaría el primer acuerdo de la Mesa con el Gobierno, se definió que Federación Agraria mantendría bien altas las banderas de los productores familiares, en particular de las economías regionales, que no iba a rifar la probabilidad de obtener beneficios hacia éstos detrás de una disputa centrada en la eliminación de las retenciones a la soja.

Entre ese puñado de dirigentes del interior no estaba De Angeli. El día siguiente, el martes, se obtuvo un acuerdo parcial pero satisfactorio con el Gobierno. Todavía faltaba discutir la implementación de medidas clave, como los beneficios para las economías regionales, pero quedaba como promesa para el próximo encuentro, del martes siguiente. Cuando, desde Gualeguaychú, De Angeli cuestionó el acuerdo señalando que si él hubiera estado no habría firmado, la reacción de Buzzi fue visceral, aunque a partir de una acumulación de sensaciones y experiencias a lo largo de un año largo e intensivo de lucha. “Me tiene un poco hinchado las bolas”, dijo públicamente. Las primeras repercusiones, con una enorme difusión pública del hecho, fueron primero preocupación en el entorno más íntimo del dirigente santafesino. Pero después empezaron a llegar las felicitaciones de varios de los mismos dirigentes que lo habían emplazado el lunes: era necesario “marcarle la cancha” al entrerriano, muy proclive a la inorganicidad y últimamente muy funcional al juego que, en relación con la Mesa de Enlace y con los vínculos con el bloque opositor conservador, viene desarrollando Carbap, principal organización regional de CRA. El renovado mandato para Buzzi fue prepararse, para el próximo capítulo de la negociación, para presionar y obtener resultados concretos para viñateros de Mendoza, productores de girasol de Chaco, productores frutihortícolas de San Juan y de otros cultivos regionales de Salta, Jujuy y demás regiones impactadas por mercados en baja y costos en alza. Sin importar lo que hagan las otras entidades.

Buzzi empieza a dejar el traje de “talibán de la soja” que tuvo calzado durante demasiados meses. Ya no enarbolará la consigna de “eliminar las retenciones a la soja”, que tardíamente recogió el gobernador de su misma provincia, Hermes Binner. En Federación Agraria no ignoran que buena parte de sus asociados se beneficiaron con el cultivo de la mágica oleaginosa, pero volverán sobre un argumento que intentaron esgrimir el año pasado sin despertar el mínimo entusiasmo entre sus aliados de la Mesa: la segmentación de las retenciones, con tasas crecientes en proporción al volumen de producción por agricultor.

Pero el eje estará puesto en las economías regionales. Por eso la importancia del anuncio de ayer de la Presidenta: si se suceden los anuncios de rebajas de las retenciones a los cultivos regionales, como ayer se hizo con la vitivinicultura, los rostros adustos de agricultores de afuera de la Pampa Húmeda podrán mutar, si no a sonrisas, por lo menos a gestos de alivio. Los intereses entre quienes utilizan el conflicto agrario como puntal de la campaña anti K y los que viven de “su” trabajo en el campo pueden, en ese punto, dejar de ser compatibles. Los chirridos de la Mesa podrían convertirse en quiebre.

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