China suspende lazos militares con EE.UU. y amenaza con sanciones

El detonante fue el anuncio del Pentágono sobre una venta de armas a Taiwán, la isla que siempre produjo roces entre ambos países. Washington dijo lamentar la reacción china. Se desconoce qué tipo de represalias podría tomar Beijing.
China y Estados Unidos escenificaron cómo se rompen relaciones diplomáticas en dos actos.

El caso Google y el acalorado debate entre ambas naciones por la libertad de expresión supuso días atrás la primera detonación.

La venta de armas a Taiwán aprobada el viernes por el Departamento de Estado estadounidense por un valor de US$ 6.400 millones terminó de dinamitar la débil amistad entre las dos grandes potencias mundiales. Las amables palabras que intercambiaron apenas dos meses atrás los presidentes Barack Obama y Hu Jintao en Beijing son hoy papel mojado. Pasado remoto.

China respondió ayer con furia al anuncio de EE.UU. de que proveerá a Taiwán con misiles Patriot, helicópteros Black Hawk y sofisticados sistemas de comunicación para su autodefensa.

La primera reacción de Beijing fue suspender de inmediato los intercambios militares con Washington y amenazar a las compañías implicadas: "Beijing impondrá sanciones a aquellas empresas estadounidenses que participen en la venta de armas a Taiwán", expresó el Ministerio de Asuntos Exteriores chino. Sin embargo, no nombró a las compañías ni profundizó en las represalias, aunque éstas podrían ir desde el cese de la venta de materias primas (minerales o tecnología informática) hasta la prohibición para alcanzar acuerdos con empresas chinas o con socios de la región.

Pentágono bajó el tono. "Lamentamos que China haya restringido los intercambios militares y también las acciones contra firmas estadounidenses que transfieren artículos de Defensa a Taiwán", dijo ayer el vocero del Pentágono Goeff Morrell desde Washington.

En realidad, el auténtico peligro para EE.UU. es que las sanciones vayan más allá de lo militar y afecten a la estabilidad de su tejido industrial, muy interconectado con el gigante asiático. Otro riesgo es que la sociedad china, profundamente nacionalista, inicie un boicot a los productos y a la cultura norteamericana como ya hizo en 2008 con Francia en una campaña promovida por el propio gobierno desde los foros de Internet.

"La decisión de EE.UU. constituye una violación grave de los acuerdos alcanzados por los líderes de ambas partes" y "es contraria a los principios de la declaración conjunta emitida durante la visita del presidente Barack Obama a China en noviembre pasado", expresó a su vez el vocero del Ministerio de Defensa, Huang Xueping.

Fuentes consultadas por la agencia oficial Xinhua elevaron el tono al asegurar que la cooperación mutua "se verá seriamente afectada". Lo que sutilmente significa que China podría dejar de apoyar a EE.UU. en su cruzada por evitar la proliferación nuclear de Irán y Corea del Norte, entre otros asuntos clave. Si ambos gobiernos no logran rebajar la tensión, el efecto dominó podría arrastrar intereses geoestratégicos en una especie de guerra fría del siglo XXI.

¿Por qué Beijing montó en cólera si la venta de armas a Taiwán es una constante histórica cuyo último episodio fue, sin ir más lejos, en 2008? Primero porque China ya se siente poderosa como para enfrentar a EE.UU. Segundo, porque por fin había logrado en los últimos dos años, desde la llegada a la presidencia de Taiwán del prochino Ma Ying-Jeou, acariciar el sueño de reintegrar la isla a China, separadas desde 1949 cuando el nacionalista Kuomintang y su caudillo Chiang Kai-shek, derrotados por los comunistas de Mao Tse Tung, se refugiaron en la isla.

Pero Taiwán es mucho más que un capricho. En 1979 EE.UU. inició relaciones diplomáticas con Beijing y dejó de reconocer a Taipei, pero aprobó venderle armamento para autodefensa. Bajo el argumento de que China nunca ha renunciado a la fuerza para retomar la isla (prueba de ello son los 1.300 misiles que hay apuntándola), EE.UU. la ha usado como un enclave estratégico para dominar la región Asia Pacífico, un privilegio que no piensa dejar escapar. De ahí la cólera de Beijing y la obstinación de Washington.

Comentá la nota