La China del sur

Por Jorge Fontevecchia.

Es difícil para los argentinos comprender qué pasó si hasta la década pasada mirábamos a Brasil como un par. Si no hace tanto jugábamos en la misma división, ¿por qué hoy Brasil está en otra liga? En los noventa nuestra economía era la mitad y hoy es diez veces menor que la brasileña.

Diez veces menor es la relación que tiene Uruguay con Argentina. Nunca antes la extensa Argentina estuvo en esa proporción con ningún otro país americano excepto con los Estados Unidos, el único que antes de nuestra decadencia fue diez veces mayor que nosotros. Hoy ese lugar lo ocupa la República dos Estados Unidos do Brasil.

En parte, nosotros cometimos errores que nos relegaron por debajo de nuestras potencialidades, más allá de los aciertos de Brasil, como lo demuestra que hace treinta años Argentina era el doble de Chile y esa diferencia se redujo hoy a la mitad. Pero pareciera que Brasil no para de acertar. La elección ayer de Río como sede de las Olimpíadas 2016 (no es casual que las últimas fueran en Beijing) sumada a que Brasil ya fue electa sede del Mundial de Fútbol de 2014, confirma que nuestro vecino es visto a los ojos del mundo como la gran potencia emergente del siglo XXI.

Esta ola comenzó hace casi una década con la creación de un neologismo económico, BRIC, que resumía con la primera letra de los cuatro países con mayor potencial –Brasil, Rusia, India y China– la zona del mundo con mayores posibilidades de progreso.

De estos cuatro países, sobresalieron sobre sus pares dos: China y Brasil, lo que llevó a quien quizá sea hoy el hombre más feliz de la Tierra, el presidente Lula, a pronosticar que Brasil va camino a ser la tercera mayor economía del planeta después de Estados Unidos y China.

No es imposible, ya hoy Fiat de Brasil es mayor que la de Italia, Telefónica de Brasil, mayor que la de España y el mayor banco brasileño, Itaú, es mayor que la célebre Unión de Bancos Suizos (UBS) y vale en la Bolsa de San Pablo más de veinte veces la suma de los cuatro mayores bancos argentinos.

El sábado pasado, la columna de Economía de PERFIL escrita en esa oportunidad por el economista de IERAL Jorge Vasconcelos comparó los índices Merval y Bovespa, que miden el desempeño de la Bolsas de Buenos Aires y San Pablo, durante los últimos quince años. Desde 1995 hasta 2002, el valor bursátil de las empresas brasileñas osciló entre ser similar al de las argentinas y el doble, pero a partir de la devaluación, año a año, la brecha se fue ampliando sin respiro, y hoy es diez veces mayor.

En los noventa, fundamentalmente en sus primeros años, antes del Tequila, Cavallo, el canciller Di Tella y Menem sostenían que nuestro país tenía que salir del Mercosur para pasar al Tratado de Libre Comercio porque a la Argentina no le convenía ser socio de Brasil, otro país pobre como ella misma, sino de uno rico como los Estados Unidos.

En los ámbitos diplomáticos y estratégicos mundiales se conoce la teoría de los tres círculos, uno integrado por países con más de 200 millones de habitantes, otro por países con más de 10 millones de kilómetros cuadrados, y el tercero por países de más de un billón de dólares de producto bruto. Sólo tres países reúnen los tres requisitos: Estados Unidos, China y Brasil. A Japón y las potencias europeas les falta el territorio y la población, a Rusia la población (que decrece año a año) y a India el territorio. Luego, no es lo mismo tener un territorio inhóspito como el de Siberia que otro soleado como el de Brasil. Ni erosionado por miles de años de cultivo como los de China e India, que joven y vastamente virgen como el de Brasil. Además, Brasil no padece los problemas de divisiones religiosas e idiomáticas de India ni los de falta de seguridad jurídica de Rusia o de seguridad política de China.

La Argentina, definitivamente instalada en el G-20, gracias a su potencial de generar varias veces más alimentos de los que produce (en un territorio igual al de India con treinta veces menos habitantes), contará con muchas oportunidades de aprovechar a un vecino como Brasil. Esperemos que no se reduzca a que los fanáticos del deporte puedan ir a un Mundial de Fútbol y a unas Olimpíadas en micro.

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