Chile: sorpresa en la campaña

Un joven candidato amenaza con romper el dominio de dos partidos
SANTIAGO, Chile.- Cuando faltan siete meses para las elecciones presidenciales que determinarán al sucesor de Michelle Bachelet, irrumpió en Chile un explosivo y joven candidato, Marco Enríquez-Ominami, que amenaza con romper el duopolio político de oficialismo y oposición, entre la Concertación de centroizquierda, representada por el ex presidente Eduardo Frei, y la derechista Coalición por el Cambio, con el empresario Sebastián Piñera como abanderado.

De 36 años, Enríquez-Ominami es dueño de una biografía que querría tener cualquier político avezado. Hijo del fundador del Movimiento Izquierdista Revolucionario (MIR), Miguel Enríquez, quien murió en un enfrentamiento a tiros con miembros de la policía secreta de Pinochet, vivió su niñez y adolescencia en Francia, junto con su madre, casada con el senador socialista y ex ministro de Patricio Aylwin, Carlos Ominami. Su abuelo materno fue presidente de la Democracia Cristiana y su abuelo paterno, ministro de Salvador Allende.

Tras regresar a Chile e iniciar una prometedora carrera como director de cine, Enríquez-Ominami fue elegido diputado por el Partido Socialista, en el cual vive hoy un virtual destierro por desavenencias con la directiva, lo que le valió el apodo de "díscolo". Su popularidad aumentó gracias a su publicitado matrimonio con la animadora de televisión Karen Doggenweiler. Acostumbrado a las portadas de revista, sobre él se ha dicho y escrito casi de todo: desde que es el "nuevo Obama", el "mesías" que salvará a la Concertación, hasta que es un simple vendedor de ilusiones o la "Bolocco" de la política.

Para inscribir una candidatura presidencial en Chile es obligatorio ir bajo el auspicio de un partido político o recolectar 36.000 firmas de apoyo certificadas ante notario. Para esto último no escatimó en ingenio y lanzó su candidatura en un multitudinario acto para el cual contrató al grupo del momento, "La Noche", de probado éxito en el último Festival de Viña del Mar.

La última encuesta pública, de Imaginación Consultores, lo tiene con un insospechado 10,5% en las preferencias para las elecciones de diciembre, en comparación al 1,9% que marcaba en abril. En la misma, Frei obtuvo 32,4%, mientras que Piñera se encumbró con el 38,3%.

Para el ballottage, la encuesta repite la tendencia registrada en abril: un virtual empate técnico entre Piñera (44,7%) y Frei (44,3%). A comienzos de mes, otro sondeo le otorgó al novel candidato un 14% de preferencias, pese a haber sido excluido de las primarias de la Concertación.

La amenaza de Enríquez-Ominami es simple y directa: si Frei no recoge sus iniciativas (una nueva Constitución, la legalización del aborto terapéutico y la nacionalización del agua, entre ellas) su candidatura llegará hasta diciembre con todo el daño que ello pueda provocar.

"Creer que la gobernabilidad depende de una sola persona es creer en la dictadura. La política es hoy un espacio incapaz de procesar las demandas, sueños y necesidades del Chile postransición", desafió Enríquez-Ominami, quien maneja un discurso liberal de corte solidario y ambientalista.

Incluso Bachelet se refirió al joven candidato. "Creo que expresa, a través de la aprobación que ha recibido, el descontento con la política tradicional", reconoció.

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