Chile elige hoy presidente entre Frei y Piñera, un final parejo y vibrante

Está en juego la continuidad de la alianza oficialista o un giro a la derecha.
Aunque pasaron casi 20 años, la mayoría no olvida, aunque queda por ver el alcance de esa memoria. Unos ocho millones de chilenos (la mitad de la población) están habilitados para elegir bastante más que a un presidente en el vibrante balotaje del día de hoy, ya que está en juego la continuidad de una forma de entender la democracia desde las reglas de la llamada centroizquierda o el cambio de signo por lo que algunos gustan presentar como la "nueva derecha".

Cualquiera sea el resultado, dos décadas después del fin de una dictadura oprobiosa, Chile elige cómo sigue su camino y el resto de la región observa atentamente esta decisión.

Del lado de la Concertación -el desgastado pacto entre democristianos y socialistas que ya lleva cuatro períodos en La Moneda-, el candidato es el senador y ex presidente Eduardo Frei, quien gobernó durante la segunda parte de los 90, una figura criticada por su falta de atractivo y que llegó a esta carrera "por default", como señaló a este diario un político oficialista. Por la oposición compite Sebastián Piñera, empresario polirrubro, dueño de una fortuna de miles de millones, ex senador y representante de la derecha liberal y moderada, quien llegó hasta aquí gracias a sus socios ultraconservadores de la UDI.

La primera vuelta del 13 de diciembre terminó con una victoria aplastante de Piñera, quien se impuso sobre Frei por 15 puntos. Pero esa derrota que aparecía como segura para la Concertación, ya no es una certeza. La renovación de cuadros y voceros, una muy eficaz serie de spots de tevé y el mayor énfasis en el apoyo de la presidenta Michelle Bachelet, que se retira con 81% de popularidad, consiguieron dejar al oficialismo con la esperanza de retener el poder.

A esto hay que sumarle el apoyo de los otros dos candidatos que compitieron en diciembre, Jorge Arrate (obtuvo cerca de un 6%) y sobre todo Marco Enríquez Ominami (con un enorme 20%), ex concertacionistas devenidos independientes por falta de primarias.

Pero no fue todo mérito de la Concertación, sino que esto fue acompañado de tropiezos de la oposición. El desgaste que no consiguieron las acusaciones de primera vuelta por el evidente choque de intereses del candidato entre sus negocios y la función pública lo logró un intercambio de mails filtrado a los principales diarios, que dejaba al descubierto la intención del magnate de no incluir en un eventual gobierno a sus socios pinochetistas de la UDI. Esto derivó en dichos, desmentidas y contradicciones públicas. La tensión entre la necesidad de capturar votos de centro y mantener en buenos términos una alianza -de por sí conflictiva- con los representantes de lo más retrógrado del pensamiento social y político de este país, distrajeron la estrategia del candidato basada en un estridente llamado al cambio y al futuro, al punto que en los últimos días pareció cambiar papeles con Frei, quien pasó de la depresión al optimismo, merced a sondeos que lo dejan cabeza a cabeza.

Para tener chances, Frei precisa que vote la mayor cantidad posible de gente, y que sean votos válidos, ya que los votos blancos o nulos favorecen a la opción ganadora.

De ganar la derecha, sería la primera vez en 50 años que consigue ser gobierno por medio de los votos. Y no hay analista que no asegure que un gobierno de Piñera respetará todo aquello que tenga consenso popular -aunque no comulgue con su ideología- porque su gran objetivo es instalar esta opción política en el país por varios períodos. Si la Concertación logra la gesta y continúa gobernando, los "elefantes" que burocratizaron el sueño de millones de demócratas chilenos verán cómo se les pasa la factura, desde adentro mismo de la coalición política pero también desde la presión de los desencantados que, aunque no los votaron en primera vuelta, decidieron hacerlo ahora, optando por lo que creen un mal menor.

Con años de crecimiento constante, los mejores índices de desarrollo de América latina y acuerdos comerciales con todas las potencias, Chile tiene un sólido sistema de protección social que seguramente continuará más allá de quien gane. El nuevo presidente tendrá, sin embargo, varias tareas pendientes, entre ellas, la deuda por una nueva legislación laboral -la precarización es un sello del milagro económico chileno-, severo retraso salarial de los docentes, agujeros negros en el sistema de salud y una gran reforma política que termine con la pesada herencia legal de Pinochet.

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