Chile comienza a definir hoy su futuro en una peleada elección

Es la primera vuelta de un comicio en el que aparece como favorito el magnate opositor Sebastián Piñera. Si los sondeos aciertan, se verá en el balotaje con el democristiano oficialista Eduardo Frei. Dudas sobre el independiente Ominami.
A casi veinte años del regreso de la democracia a este país luego de la sórdida dictadura que dejó una profunda huella de muerte, exilio y miedo, los chilenos comienzan a decidir hoy con su voto si siguen apostando por el modelo político que les devolvió la respiración o si, como los sondeos señalan, entregan a la derecha la chance de hacerse cargo por los próximos cuatro años de los destinos de Chile.

Unos 8 millones de ciudadanos deben elegir al sucesor de la exitosa presidenta Michelle Bachelet y también la totalidad de los diputados y la mitad de los senadores. En Chile no existe la figura del vicepresidente. Son cuatro los candidatos que aspiran a llegar a La Moneda y tres de ellos provienen de la Concertación, el pacto entre partidos liderado desde 1986 por democristianos y socialistas, que en esta elección ha mostrado su rostro más crítico, con un candidato poco sólido y provocando una sangría que derivó en dos candidaturas por afuera de la estructura.

El candidato que hasta ahora aparece ganando en primera y en segunda vuelta es el millonario Sebastián Piñera, empresario y ex senador cuyo partido, Renovación Nacional, experimenta el escenario político hace años, en alianza con los ultraconservadores pinochetistas de la UDI.

Por el lado del oficialismo, y luego de una serie de lucha de grandes espadas, compite el senador democristiano Eduardo Frei, presidente de Chile entre 1994 y 2000, alguien que para muchos marca demasiada continuidad y nada de cambio, en momentos en que la Concertación hace agua, con sus dos principales socios durmiendo en camas separadas.

Los otros dos candidatos son ex concertacionistas desencantados. Por un lado, el representante de la izquierda tradicional, el ex funcionario de Allende y varias veces ministro Jorge Arrate, que en esta ocasión va respaldado por el Partido Comunista. Por el otro lado está la gran curiosidad de esta campaña anodina y de identidades brumosas, donde por momentos costaba reconocer los respaldos ideológicos de los candidatos. Se trata de Marco Enríquez-Ominami (ME-O), el joven diputado socialista heredero de apellidos resonantes de la política local, que decidió abrirse al no poder participar de primarias abiertas, en un gesto activo de protesta contra los acuerdos de las elites que se apoderaron de los partidos e impiden la renovación de cuadros. En palabras de Tomás Mosciatti, analista político y director de la radio independiente Bío Bío, "en Chile hoy los partidos tienen dueño: son una suerte de sociedades unipersonales".

Los sondeos marcan que esta noche el ganador será Piñera, con alrededor de un 44%, y que será Frei (32%) -peleando duro con el entusiasta Ominami-, quien pasará a segunda vuelta. El tema es por cuántos puntos ganará el dueño de Lan, Chilevisión, Colo Colo y cuánto logra sumar finalmente Ominami, a quien hasta ahora las encuestas dan entre 18 y 20%.

Los votos de Arrate (5%) irían a parar a manos de la Concertación en un balotaje, por lo cual es clave ver hacia dónde orienta ME-O a sus votantes, muchos de ellos sin identificarse con la clásica categorización de Izquierda/Derecha.

La elección de hoy presenta varias curiosidades. Con una presidenta concertacionista que roza el 80% de popularidad, por primera vez desde 1990 la Concertación no llega primera en los sondeos; también por primera vez tiene posibilidades serias de perder en segunda vuelta y hasta no llegar a ella. Además, podría darse la situación inédita de un presidente de derecha pero con legisladores comunistas, algo hasta ahora impracticable en función de la herencia de Pinochet, que cristalizó la estructura binominal del Congreso y condenó a las minorías políticas a ser los grandes desheredados.

Chile ha crecido en las últimas dos décadas al 3,5% anual y tiene los índices de desarrollo humano más espectaculares de la región, conseguidos con enfáticas políticas sociales impulsadas por los sucesivos gobiernos de la Concertación.

Sin embargo, quien llegue a la presidencia se encontrará con deudas graves, como los conflictos en el área educación, la expansión de los planes de salud y la salvaje inequidad, la mayor de Latinoamérica, en un país que redujo drásticamente la pobreza pero profundizó la brecha entre los más ricos y los más pobres, por la altísima concentración de recursos. Sintomáticamente, todos los candidatos se comprometieron a fortalecer las políticas sociales y destacaron la importancia del rol de Estado.

"Son dos formas de hacer política y de entender la sociedad; es decir, qué cosas debe hacer el Estado y cuáles debe hacer el mercado. Frente a esas dos visiones tan nítidas, la gente va a votar entendiendo lo que hemos hecho en el pasado pero en función del futuro. Un futuro en el que se debe garantizar que el crecimiento llegue a los sectores que lo necesitan". Lo dijo ex presidente Ricardo Lagos a este diario, durante un acto de Frei en un barrio popular de esta ciudad y mientras los vecinos buscaban con más excitación sacarse una foto con Lagos que con el propio candidato a presidente.

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