Chile, tan cerca y tan lejos

Por: Ricardo Roa

¿A qué no se parece la elección chilena? Apenas se perfiló el resultado final, el candidato oficialista aceptó la derrota y llamó a Piñera para felicitarlo. Al rato hizo lo mismo la propia presidenta Bachelet. Y eso que en la votación había tan sólo tres puntos de diferencia y el poder pasaría, después de 20 años, de una alianza de centro izquierda a otra de derecha.

Nadie dejó que Frei cargase en solitario con el fracaso. Al contrario, esa noche del domingo lo acompañaron los ex presidentes de la Concertación Aylwyn y Lagos. Y Lagos dijo: "yo asumo mi responsabilidad en esta derrota. Tenemos que saber escuchar al pueblo chileno". Ninguno esquivó el bulto ni se victimizó. ¿A qué no se parece esto?

La campaña fue dura como cualquier otra. Pero al gobierno socialista no se le ocurrió decir que si perdía vendría el caos. Ni pronosticó catástrofes ni riesgos con la estabilidad democrática. Piñera y Frei discutieron por las ideas que los diferencian. Nada distinto de lo que debe ser la vida política, que está justamente para debatir las diferencias, convivir con ellas y someterse al voto de la gente.

Acá pasó todo lo que se sabe. Trampearon candidaturas con el eufemismo de que eran testimoniales, la noche de la elección un vocero oficial anunció una victoria donde había una derrota y después dijeron que habían perdido por muy poco o que quizá no habían perdido. Al fin, el principal responsable culpó a los intendentes.

A Piñera lo apoyó el pinochetismo y Bachelet es hija de un general que fue torturado y murió en la cárcel de la dictadura. Ella acaba de inaugurar el Museo de la Memoria. Pero bajo el lema de "No podemos cambiar nuestro pasado. Sólo nos queda aprender de lo vivido". Cuesta encontrar algún parecido aquí con lo que ocurre del otro lado de la Cordillera.

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